TEXTOS | 03-2011 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
↑ 04-2011

29-03-2011

La historia como descubrimiento

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Escribir es una forma de conocimiento, escribiendo el autor descubre la historia que trata de contar, o tal vez la historia se va generando a sí misma desde el núcleo de su narratividad o desde el discurso que la instituye.

Muchos escritores, como Vila-Matas y Javier Marías, han acabado confesando que no tienen una historia antes de ponerse a escribir -en todo caso parten de una nebulosa de incertidumbres-, y la historia va surgiéndose, se va haciendo a sí misma a medida en que practican la escritura.

Así el autor se pone al servicio de la génesis de su obra, hasta convertir este genotexto inaugural en el fenotexto final que se atreven a entregar al público. Y lo hacen a veces como una liberación, como el que se libra de un peso y ha conseguido evitar que la historia acabe devorándolos.

Con esta obra Vila-Matas emprende el relato del viaje sin retorno, al que se entrega el personaje, un septuagenario que huye de la vida que ha llevado, pero tampoco tiene un lugar o destino al que acudir. Y así la vida es un equilibrio entre la supervivencia y el suicidio, que andando por el filo de la navaja permite vivir con toda la intensidad que la rutina de su existencia le había impedido gozar.

El personaje aprende ahora a vivir, como si fuera un joven, la vida que no ha sabido o no ha podido llevar, y al menos descubre con lucidez los mitos en que ha vivido y que le han impedido reconocerse.

El viaje vertical es el viaje hacia sí mismo, el retorno interior, la apuesta por dejar atrás todas las mentiras. Ese viaje lo vive el personaje como el hundimiento hacia el fondo del mar, como se hundió la Atlántida, buscando el "país donde las cosas no tienen nombre y donde no hay dioses, no hay hombres, no hay mundo, sólo el abismo del fondo".    

22-03-2011

Paisaje animado

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Francisco Calabuig, Paisaje con cerezos, Galería de Arte la Zubia, 28 de marzo de 2011 

El paisaje como género pictórico nace en el Renacimiento, al principio es un fondo que anima la presencia de la figura en primer plano. Este paisaje renancentista es ideal, idílico, pues corresponde a la visión de la naturaleza como armonía universal.

En el Manierismo y en el Barroco el paisaje va adquiriendo autonomía propia como motivo plástico, aunque muchas veces se acompaña de figuras integradas en el panorama o de esculturas figuradas que le dan majestuosidad y apuestan por la integración del orden natural y el orden social.

La actual exposición del Gran Palais, "Paysage et idéal", muestra este origen del paisaje como un antagonismo entre la naturaleza y el ideal. El arte va a aprendiendo a ver la naturaleza en sí misma, desligada de su concepción naturalista idealizada. En el siglo XVIII el paisaje sigue siendo preciosista, exquisito. Más tarde el Romanticismo nos enseña un paisaje alterado, furibundo o tétrico. El paisaje realista nos decepciona por su simplicidad o el paisaje naturalista es el campo como espacio de trabajo y sacrifico para el hombre.

Tendremos que esperar al Impresionismo para que los pintores salgan a pintar a la naturaleza, a captar la luz y el color que aparecen y se desvanecen a cada instante, en cada hora y lugar, demostrándonos que nunca el mismo paisaje es idéntico y que todo es una pura captación sensorial.

A partir de entonces no es fácil que ningún pintor pueda sustraerse a la experiencia impresionista, aunque seguir sus principios no dejaría de ser una reproducción.

Por esos los paisajistas contemporáneos, que no quieren caer en el paisaje abstracto del color y la forma puros, desligados de cualquier referencia externa, tienen que hacer un esfuerzo personal para descubrir en lenguaje diferente en la invención del paisaje.

En este sentido se aprecia el valor de la obra de Francisco Calabuig en la que podemos contemplar la sencillez idílica de la vida rural, los cielos animados de presencias invisibles, el campo esplendoroso de belleza y las flores ridentes y cantarinas. Esa explosión de vida, luz y color, animados por el paso de las nubes y la brisa ligera le dan un encanto especial e irrepetible a cada una de sus obras.

Es la demostración de que a pesar de la tan larga trayectoria del genéro este no está agotado ni puede agotarse, porque el paisaje no es copia, sino invención, creación, más que recreación. Y que, como descubriera Balthus en sus paisajes postimpresionistas tan inspirados en Claudio de Lorraine y en Poussin, el paisaje es pensado, amado, sentido, proyectado y vivido en el espacio imaginario del cuadro. La experiencia del paisaje es una experiencia de interiorización, de sueño, de fantasía.

Y así los sueños y fantasias de Francisco Calabuig son risueños, alegres, cantarinos, amables, halagüeños. La fidelidad no está tanto con el natural como con un estado de ánimo interior.         

La des-ilusión radical

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Jean Baudrillard, El crimen perfecto, Barcelona, Anagrama, 2009

Si la perfección es imposible, el mito del crimen perfecto demuestra su inutilidad, ningún crimen puede ser perfecto, ante todo por ser lo que es. Si la perfección del crimen es su absoluto encubrimiento, entonces tampoco puede llegar a cumplir su promesa, pues todo es ilusorio e inestable, y al final acaba siendo reabsorbido.

Para Baudrillar la ilusión del mundo proviene de su imperfección radical. “Si todo hubiera sido perfecto, el mundo se limitaría a no existir”. La pregunta filosófica más radical es ¿Por qué existe el mundo en lugar de nada? A la que se podría dar la vuelta: ¿Por qué existe la nada en lugar de algo?

El  mundo es una ilusión radical, como pone en evidencia la física cuántica. A las ilusiones metafísicas, ideológicas, religiosas se suman en nuestro tiempo las mediáticas. La tecnología virtual simula un mundo, y nos enseña que el mundo es también un simulacro. El hiperrealismo y la alta definición colaboran en fomentar la ilusión de lo real como representación. Al descubrir lo ilusorio de la realidad nos sentimos expulsados del mundo, apelados por la nada. El espacio-tiempo se mantiene como ilusión mediante unas constantes relativistas, que si fallaran harían que se desvaneciera el tejido en el que está instalado. Ello nos puede llevar a la idea de un vacío original, amorfo e inerte, el caos primigenio de los mitos cosmogónicos. 

Estas reflexiones de Jean Baudrillard asumen la física, la metafísica, el arte de vanguardia, lo mediático y estético, la teoría platónica del arte como imitación y degradación del original, la idea de lo virtual como suplantación y modelo de la realidad. El pensamiento al reflexionar sobre todos estos conceptos se diluye en la nada por su incapacidad para dar cuenta del mundo, del sujeto y del objeto, reducidos todos ellos a ilusión, a la ilusión de perpetrar un crimen perfecto.

Los espejos reproducen esta ilusión con fidelidad matemática, pero a la vez imperfecta. Como en el cuento de Borges podría llegar un día en que las imágenes de los espejos rompieran la sumisión a la que han sido sometidas y empezaran a ser cada vez menos imitativas hasta romper las barreras de cristal y metal que las separan de la realidad, entonces darían la batalla de ser ellas mismas, no un reflejo.

21-03-2011

Biografía del ensayo

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Esta es la última biografía que escribió Stefan Zweig estando ya en Brasil para huir de una Europa que se desgarraba entre fanatismos y brutalidad. Entre la vida de ambos hay en común un empeño de seguir viviendo en medio de un mundo convulso. Una biografía que no llegó a concluir, porque antes se quitó la vida. 

En ella aparece delineada la vida de un humanista partidario del libre albedrío y de la libertad para vivir y elegir sus valores, una inteligencia lúcida que advierte sus limitaciones, pero que ante todo intenta preservar su intimidad.

Se conoce a Montaigne como el creador de un género literario, el ensayo, pues así denominó a sus obras, fragmentos de reflexiones sobre los temas más variados, presididos todos ellos por la presencia del yo personal que observa, analiza, contrasta y concluye en una breve extensión textual, donde la certeza se da la mano con la duda.

No es una prosa doctrinal y sabia, son los pensamientos del que  se cuestiona, plantea otros puntos de vista, una mente lúcida y descreída, que nunca cae en la diatriba o en la polémica del que se sabe poseedor de la verdad.

Como dice Zweig Montaigne se retiró, a los 38 años, de los asuntos públicos a su torre, acompañado de su biblioteca y así pasó diez años de su vida, dándose cuenta de que esta era más larga de lo que esperaba y que al fin y al cabo la defensa de su independencia personal lo había llevado a un cierto ostracismo.

Por eso decide hacer un largo viaje por Suiza e Italia, llevado por la curiosidad de lo diferente, en toda clase de ideas y costumbres, sin echar de menos las propias, respetando y admirando la sabiduría de todas. Un espíritu avierto a todo lo nuevo, que solo desprecia el engreimiento.

Después tuvo que asumir, a su pesar, ser nombrado alcalde de Burdeos, por petición popular e imposicion real, y desempeñó su cargo con todas las dudas de carecer de dotes para él, pero al mismo tiempo con la máxima honradez y respeto por los demás. Tuvo que ser consejero de reyes y ejercer todos los oficios públicos para los que se había ofrecido en su juventud, pero que nadie supo apreciar en aquel momento.

Michel de Montaigne representa la figura de un hombre moderno, libre, que se fía de sí mismo, de sus limitadas posibilidades y que cree en una persona que sea capaz de conocer sus limitaciones y al mismo tiempo que busque y defienda lo que es capaz de conocer, aunque nunca en último término. La tolerancia, la aceptación de todo, y sobre todo el deseo de ser libre y no verse sometido a poderes arbitrarios o despóticos es su valor supremo.

Montaigne sigue enseñándonos a dudar, a buscar la libertad, a entender que nada podremos conocer de verdad si no nos conocemos a nosotros mismos. Es un maestro del desapego y la lucidez, una referencia permanente.

17-03-2011

Universo de papel

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Novela breve, portátil ella misma, que construye la historia de un movimiento literario imaginario e imaginado dentro del mundo posible que instaura, el de las vanguardias iconoclastas y radicales de los años 20.

Con ella Vila-Matas, en la trayectoria de Borges, pero con menos pretensiones de falsa erudición, crea un relato metaliterario, curioso, anecdótico, pleno de referencias culturales y que descubre al lector un abanico de lecturas muy amplio.

También instituye un movimiento, el de los shandys, vanguardistas inquietantes y snobistas al ultranza. Pero bajo las rúbricas de una intransigencia creadora, late el misterio indescifrable, la certeza del desconocimiento y la intensidad de una búsqueda que no descarta ningún derrotero, habiendo constatado la inutilidad de los procedimientos ya entrenados.

Al final de todo ello lo que queda es el libro, abreviado, el texto de la cita, el pasaje de la escritura, un espacio abierto e infinito por el que pasear y levantar la mirada para reescribir la lectura.

Una obra que cree en el regocijo creador, que es a la vez humorístico y serio, desenfadado y triste, abismal y lleno de incertidumbres.

13-03-2011

La lectura denegada

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El lector de esta novela, El lector, se siente exorcizado del mal que ha provocado la ruina a Hanna, la mujer de oscuro pasado que por vergüenza a reconocer su analfabetismo acaba sufriendo toda clase de afrentas, hasta que liberada de su mal por el lector al que inició en las relaciones amorosas, y narrador de la historia que escribe, para librarse de sus fantasmas, logra acceder al código de la escritura y superar esa maldición que marcó su vida, aunque no puede perdonarse los errores que ha cometido y acaba suicidándose abrumada por la culpa.

Toda la trama de la obra la genera su incapacidad de acceder al texto de la lectura, y ello da pie a una historia contada por una narrador deficiente que, en primera persona, va descubriendo la novelesca vida de la mujer que lo inició en los secretos del amor y que marcó profundamente su vida.  

El acceso al texto, el quedar fuera del texto, la textualidad misma son los privilegios dados o denegados que desencadenan toda la historia, de hecho toda historia, que acaba siendo tejido de sentido elaborado literariamente y textualmente.

El ser es palabra restituida en texto, su ausencia denegación vergonzante que se oculta incluso infringiendo el deseo de vivir.

12-03-2011

Literatura insular

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Lanzarote es en esta novela homónima de Michel Houellebecq la isla volcánica, primitiva y natural, en donde es posible plantearse de forma radical la existencia humana.

Y así lo hacen los personajes que se dan cita en esta obra, su narrador protagonista es más un observador crítico y coparticipe interesado que un hombre en crísis. Esta está representada sobre todo por Rudi, que se ve envuelto en un proceso judicial por llevar a cabo de forma radical sus ideas.

Al mismo tiempo la novela nos introduce en los paisajes extraños y silenciosos de la isla, en donde es posible ver las cosas de otra manera y tomar decisiones difinitivas.   

Para Houellebecq, nacido en la isla de la Reunión, la literatura insular está asociada a un microcosmos representativo de todas las masas continentales de lo literariro.

10-03-2011

El texto como amigo

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La historia de un librero cuyos únicos amigos son los libros, de hecho vive absorto en su mundo libresco, del cual conoce todas las obras, gracias a su prodigiosa memoria, y se enorgullece de lucirla cada vez que alguien le hace una consulta.

Ajeno al mundo en que vive, a sus orígenes, este judio habita en un café de Viena, a donde va todos los días, durante treinta años, y allí recibe y asesora a su clientes. Pero la fatalidad hará que sea víctima de la policia y acabe en un campo de concentración del que vuelve hundido. Es expulsado poco después del café donde ha vivido durante casi toda su vida, por el nuedo dueño que no respeta la singularidad de su persona, y se desvanece a la puerta del café Gluck.

Esta última parte de la historia la cuenta la criada del café al narrador, quien entra al mismo y acaba reconociéndolo, muchos años después y rememorando la historia de Jakob Mendel, el de los libros.

La singurlarida del personaje está en su capacidad de absorción en el mundo libresco, y su desconexión del medio en que vive. El libro y su mundo es un continente hipnótico, para muchos, y en este caso acaba subsumiendo el universo entero, que queda al margen como mera referencia. Una absorción parecida se da hoy entre algunos jóvenes, que se enredan en los mundos virtuales, en la pantalla del ordenador, y la realidad electrónica acaba suplantando el mundo circundante, considerado como un mero apéndice de ella.

En el fondo es la misma fábula, el representamen acaba anulando al referente en una mente seducida por la potencia enunciativa de un medio discursivo. El mundo virtual aparece más ordenado, habitable y confortable que la realidad propiamente dicha. Que tal vez no sea mas que una Matrix de un desconocido y posible mundo auténtico.     

09-03-2011

Las re-vueltas del texto

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Julia Kristeva, El porvenir de una revuelta, Barcelona, Seix Barral, 2000 

       Este volumen recoge una serie de ensayos que contribuyeron a la reflexión sobre el 30 aniversario de mayo francés. Julia Kristeva, una exiliada búlgara que llegó a París en 1965 cuando tenía 24 años y que trajo a Francia las aportaciones de Bajtín, un formalista ruso casi desconocido, tiene la capacidad de apreciar los acontecimientos desde su dentro y desde fuera, como extranjera que después recibió la nacionalidad francesa y adoptó su cultura como propia. Sus herramientas de conocimiento son la semiótica y el psicoanálisis, aplicado también, como hizo Freud, a los acontecimientos sociales. 

       El espíritu de la revuelta lo analiza desde la psicología, como la necesidad de sacar a la luz los fantasmas del subconsciente y reconstruir el aparato psíquico y social, a pesar de todas las resistencias del yo, del sistema. Las re-vueltas tienen una lógica paradójica, como tantas elecciones y rechazos, pero son crisis necesarias en el discurrir personal y social, en las que se puede aprender mucho. Todo proceso de maduración implica un re-memorar, un re-volverse, una tras-mutación.  

       El sujeto desea vivir en libertad, y sin embargo su libertad tiene muchos límites, unos aceptados y otros impuestos. Hay una libertad moral, pero también está la libertad de pensar y decir, en cualquier caso son ensayos, tentativas de liberación de constricciones que se imponen. 

       La lengua forma parte de lo que somos, la lengua materna constituye una parte de nosotros, de nuestro sensible. La otra lengua que nos acoge o a la que tenemos que acogernos nos ve como alguien que tiene que traducir sus pensamientos, como un traductor. En realidad, nos hace falta siempre conocer otra lengua para salir del circuito de lo materno, aunque esta nos extrañe y nos reduzca a borrar una parte de lo que nos ha constituido, que nunca se pierde, que se puede recuperar de otra manera, traduciendo, escribiendo, siendo de otro modo. Por eso el pensamiento, el lenguaje, la escritura, lo son en tanto que uno se vuelve extranjero y traductor de su experiencia a otro lenguaje.

08-03-2011

La iniciación literaria

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Este volumen recoge las primeras cinco novelas de Enrique Vila-Matas, son obras de aprendizaje lierario, de tanteo y búsqueda de un novelista que empezó queriendo ser director de cine y luego poeta para desembocar finalmente en la ficción en prosa, el relato breve, la novela corta y finalmente la novela, entendida en un sentido muy amplio.

Ha sido una iniciativa feliz la publicación de estas obras, ya agotadas y dispersas, y ponerlas al abasto de los lectores interesados en la trayectoria literaria de un autor que provoca adhesiones incondicionales y desdenes.

El extenso prólogo da explicaciones y toda clase de pistas de cómo se gestaron estas obras, en un aprendizaje lleno de empeño y dudas, de vacilaciones y dilaciones. Un aprendizaje que duró 11 años, antes de la publicación de la que el autor considera su primera obra lograda y el descubrimiento de una voz propia Historia abreviada de la literatura portatil (1985).

Pero Vila-Matas, el creador que interesa a sus lectores, está ya presente todo él desde la primera línea de cada una de sus obras: "Elige tu mejor aspecto que la noche está nublada...". Es decir la narrativa de la incertidumbre, en cuyo espacio cabe todo.

07-03-2011

El amor como azar en el tiempo

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Pedro López Ávila, El azar de los días, Salobreña, Alhulia, 2011

      El tercer poemario de Pedro López Ávila nace de una profunda conciencia existencial, en la que la duda queda redimida por la imaginación y el sentido de estar siendo en cada instante un sujeto abierto al amor. 

      Es una obra sentida y pensada en sólidas lecturas filosóficas (Heráclito, Heidegger) y poéticas (Rilke, Garcilaso, Quevedo, Lorca) que dejan en ella huella de intertextualidad. En esta consciencia  de la fugacidad y perennidad del instante, está advertido del valor o de la necesidad del silencio, pues “la palabra auténtica / encuentra su sentido en el silencio”.  Pedro López que ha descubierto “la gramática del silencio”, sabe hacer brotar de ella todas las “palabras imposibles” que acallan una certidumbre no deseada, o emprende el reto de lo inefable, en su “intento de nombrar/ emociones sin nombre”.   

      Para López Ávila, la poesía es una resistencia y una rebeldía que desgarra ese silencio para decir sobre el amor y el tiempo. El amor es un azar que sucede en el tiempo, que ocurre en un presente que es inmutable (“A veces, presentía un presente/ inmutable...”) ya que en la experiencia de la vida siempre estamos en presente. Pero ese presente es también fugaz, sujeto a las “horas del azar”, con que se expresa la consciencia de que “el tiempo me presta la vida”, y que el amor puede ser un instante eterno: “Mira el momento que nos mira, /hazlo eterno”. 

      El tiempo del goce ingenuo no conoce límites ni barreras, hasta que no llega la mudanza de los días y las horas, y el amor queda atrás como un trazo, en el “cruce de una pregunta y una respuesta”. Así el tiempo que era presencia sin segundo, se escinde en ayer para ubicar la memoria del amor, dejando un sentimiento de orfandad y desolación. Y el tiempo se aprende a medir “con los números del reloj” y se agradece el aplazamiento de las horas. 

      Entonces aparece la duda, ante la pérdida de la plenitud, del ideal, y esta se hace duda metafísica “Tal vez todo no sea nada”. Solo la imaginación puede redimirnos de la duda, en un intento amoroso de desplazar el tiempo. Puede ser en una fantasía nocturna, soñada, en la que la plenitud amorosa se recupera con fugacidad. 

      Este querer desandar el tiempo se expresa vivamente en el poema “Furtivos secretos”, en el que se quieren desatar “los nudos del azar” con la entrega a otro cuerpo, en donde se amortigua el amor bajo “la coraza sin llave de la severa metáfora del caracol”.  

      Esa consciencia existencial del ser para la muerte aparece frecuentemente en esta obra. Se acoge, por ejemplo en el poema “El funeral”, como una crítica de la actitud superficial y evasiva con que se ve la muerte, en donde se instala la idea, consoladora pero falsa, de que “solo se mueren los otros”.  

      La palabra poética es, para Heidegger, “la casa del ser”, pero esta palabra puede tener peso (“Pesaban las palabras”): “Buscaban su plenitud/ en el horario del agua,/ como una gacela joven/ una tierra acariciada”. Y es que la palabra puede “beber en el tiempo” para grabar los besos y revelarlos. Entonces la palabra se arriesga a ser tachada de locura, pero se desahoga “en el camino de lo perdido,/ en la última línea del destiempo”. 

      Así la existencia del ser humano aparece como un continuo estar abrazado a lo inútil “a los fusiles plateados del tiempo”. Queda una consciencia pesimista de desprendimiento de afanes perdidos: “somos todas las cosas que se quiebran”. Y se asienta la consciencia de la fantasía y la ilusión: “Tal vez nada en la carne”. 

Obra en curso

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La última obra, inacabada, de Vladimir Nabokov la podemos contemplar, en esta edición, en su original manuscrito en fichas numeradas, que finalmente su hijo Dimitri Nabokov decidió publicar, a pesar de que la voluntad de su padre había sido que la obra fuera quemada.

Es una novela esbozada solamente en algunos de sus capítulos, en donde se define el personaje de Laura, mujer joven, caprichosa y voluble, personaje libérrimo en sus gustos y actitudes, que enmarca la figura del deseo femenino.

El proceso de la enfermedad que minaba la salud de su autor aparece reflejado en la obra, inacabada precisamente como consecuencia de ella.

Un manuscrito reproducido en su integridad que, en el caso de otro creador desconocido nunca hubiera sido publicado, nos llega así mostrando la obra in fieri, en un estado embrionario que como un cuadro esbozado presupone un desarrollo en varios sentidos, algunos de ellos previsibles.

Esta contemplación de la obra literaria en curso tiene un especial interés y nos ofrece una visión distinta de la misma, pues casi siempre la obra se nos muestra como un sólido edificio acabado, sin dejarnos ver los planos, las pruebas y tanteos que han llevado al resultado final, y en esos balbuceos podrían adivinarse solucicones descartadas pero que no eran menos interesantes o curiosas. ¿No es acaso la literatura un continuo proyecto de sentido? 

Una obra en curso invita a una mayor cooperación de los lectores, a imaginar algunos de los desarrollos previsibles, a completar lo no dicho, confluyendo en ella las dos intenciones creativas convergentes, sin ningún resultado final. Obra esta abierta como pocas.   

04-03-2011

La mirada del viajero

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Esta obra es el último premio Planeta (2010), concedido esta vez a Eduardo Mendoza. Parece que hay una connivencia entre los clásicos vivos de nuestra literatura y los promotores del premio, en beneficio mutuo. Pero claro, el premio tiene unas exigencias: unas concesiones a un público lector muy amplio, que exige una literatura comercial cercana al best seller.

Y la novela contiene todos los requisitos en este sentido, es divertida, absorbe la atención del lector por su trama novelesca, las anécdotas son abundantes, los personajes cercanos y reconocibles, el marco de la acción muy familiar.

La obra está concebida como una narración clásica, de narrador omnisciente y desarrollo lineal, se concentra en unos pocos días de marzo de 1936, en plena efervescencia política y conspiratoria contra la república. El autor ha tenido el acierto de crear un personaje extranjero, Anthony, un inglés crítico de arte, que es llamado a este escenario para certificar un Velázquez desconocido. Y este personaje está en el centro de todos los remolinos novelescos, de hecho sirve de guía para mostrarnos la España de entonces, vista por un extraño, y la España de siempre, figurada en la vida y la obra del pintor, del que se dan muchas noticias, aspecto este que pretende ilustrar a los lectores y los invita a contemplar sus cuadros.

Sin embargo, Eduardo Mendoza acomete algunos aspectos arriesgados, que sabe resolver con tino, como es reconstruir la personalidad y la acción de José Antonio Primo de Rivera y sus correligionarios. Sabe reconstruir un personaje al que saca del marco estereotipado con que es conocido, alabado y denostado, y nos los acerca en sus dimensiones más humanas y accesibles.

Por otra parte, la novela nos sitúa con mucho acierto y tonos caricaturescos en las intrigas políticas de entonces. Pero a estos elementos le faltarían contenidos amorosos, para que la obra sea del gusto de amplios sectores de lectores y lectoras. Y ahí no escatima medios, ya que una de las debilidades del inglés son sus devaneos amorosos, es soltero pero acaba de dejar a su amante inglesa, y se relaciona con las hijas de un aristócrata español al que de una manera muy íntima, rivalizando con el propio Jose Antonio, a riesgo de su propia vida. Así la novela va derivando hacia la trama del folletín que halaga al público.

El resultado de todo esto es una obra divertida, amena de leer, que absorberá a muchos lectores, pero que dejará un poco perplejo a un lector que exija innovaciones formales o retos literarios. Podemos disculpar de ello a Mendoza, por su amabilidad y el saber hacer literario y por haberse plegado a un horizonte convencional, al fin y al cabo la obra tiene su trabajo y demuestra maestría en el oficio, propia de una obra de encargo o que él mismo se ha encargado para acceder a un premio sustancioso. Pero la vida, como los personajes muestran muchas veces, tiene algo de alegre, de trágico y de cínico, y hasta los grandes genios, como Velázquez, tuvieron debilidades e hicieron concesiones a su tiempo. Se le puede agradecer haber escrito una obra entretenida para hacerno pasar buenos ratos en unas vacaciones, donde importe ante todo la evasión.

Investigación de la memoria

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Esta novela trata de la recuperación de la memoria de la vida de Amelia Garayoa, aquejada de Alzheimer. Su bisnieto, Guillermo, recibe el encargo remunerado de investigar su oscuro pasado, de la que había sido la preterida y olvidada "oveja negra" de la familia. Para el lector este relato consiste también en la recuperación de los momentos más significativos de la historia del siglo XX, desde la guerra civil española hasta la guerra fría.

Sorprende el procedimiento narrativo elegido para contar la fábula, hay dos niveles narrativos, el del narrador investigador, un narrador de primer nivel, deficiente e intradigético, cuyas peripecias casi policíacas para everiguar los hechos entretienen a los lectores. Y dentro de esta historia enmarcada aparecen una serie de narradores de segundo nivel, testigos presenciales y amigos en vida de la bisabuela, Amelia Garayoa. Una mujer valiente que rompe los moldes de la época y que elige el amor y el compromiso político, frente a los valores de la tradición familiar. Así no le importa abandonar a su marido y a su hijo para seguir a Pierre Comte, un comunista, al servicio de Moscú, que acaba siendo víctima del estalinismo.

La obra está divida en cinco partes, cada una lleva el nombre de las personas que se relacionaron con Amelia, partiendo de Guillermo, que llega a conocerla y a la que, una vez escrita la entrega su propia historia, borrada de la memoria personal por la enfermedad. Los demás capítulos se titulan con el nombre de los hombres más representativos de la vida de Amelia, todos ellos extranjeros y empujados como ella por al servicio de un ideal político: Pierre, Albert, Max y Friedrick. Un Epílogo final compensa al atrevido lector de estas más de mil páginas cuando comprende el sentido de toda esta investigación: restituir la memoria a quien la había perdido.

El procedimiento que emplea el relato es propio de una novela fenoménica, que tiene que justificar en cada momento quién cuenta y cómo sabe lo que conoce. Eso hace la narración lenta y morosa, se concede poco espacio a la elipsis, nunca se hace problema de los hechos ni se reflexiona sobre inquietudes que se salgan del marco de la historia propiamente dicha. Todo fluye como una serie de conversaciones y relatos orales recibidos y anotados por el infatigable narrador de primer nivel.

Por otra parte, los personajes resultan bastante lineales, tanto los aventureros como los conservadores. Se atienen al esquema que los constituye y no modifican su rol. Este tal vez sea el aspecto más endeble de la obra, todo cambia a su alrededor, pero los personajes se mantienen inmutables. En realidad dan la impresión de que son un pretexto para rememorar acontecimientos muy conocidos de la historia política del siglo XX, contados a un lector al que se supone poco informado. Guillermo, el narrador principal, periodista sin empleo, es la transfiguración de la propia autora, también periodista.

03-03-2011

Interpretaciones y desencuentros

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Estas dos historias lo son de desencuentros. La interpretación pretende un encuentro del sentido del texto, pero frecuentemente acaba naufragando en la desaparición de un presunto sentido único, se desvanece la unicidad del texto. Y así toda interpretación es el desencuentro de lo que se buscaba y el encuentro de la multiplicidad, de la plurivalencia.

El gato que se escapa y acaba siendo restituido al final del cuento de Hemingway, comentado en la clase, representa la realización del deseo, y por tanto la mayor decepción.

Y de otro lado, cuando el texto remite al autor como factótum y se produce un encandilamiento hacia su potencial creativo, leerlo puede ser tan complacinete como decepcionante, si al final encontramos aquello que ya sabíamos que íbamos a encontrar.

Así, Vila-Matas es un mal lector de sus autores favoritos, a los que abandona e medias, urgido por la compulsión de su propia escritura. Y esto es lo mejor que puede agradecer a su admirado Paul Auster, el cual estimula su creatividad hasta tal punto que le impide ser un lector complaciente y complacido.

Lo mismo podríamos decir de muchos de los textos de Vila-Matas, en los que nos invita a abandonarlo y buscar en el autor citado, no la comprobación de la fidelidad de lo que de él se dice, sino la sugestión de lo que se expresa acerca de su obra. Vila-Matas nos descubre textos, obras, anécdotas, cuadros, situaciones, invitándonos a serle infiel, como él mismo lo es a su propia obra.    

↓ 02-2011