TEXTOS | 07-2011 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
↑ 08-2011

10-07-2011

Pensar la forma y el color

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Una obra capital para pensar las relaciones entre la forma y el color en la pintura. Kandinsky elabora en ella una novedosa teoría de los colores, basada en el contraste. Todos los colores se organizarían en pares de opuestos, sobre la base de la relación entre el amarillo - y el azul. El primero apunta hacia lo externo y el segundo hacia lo interno.

La segunda relación la establece entre lo el blanco eterno y el negro apagado, mortal. El rojo vibrante hace juego con la quietud del verde. El naranja contrasta con el violeta. Los colores tienen una vibración relativa al conjunto en que se insertan y en ese contexto se apagan o se descatan.

De igual manera, la forma crea consonancias o asonancias, se basa en una relación de sencillez o de complejidad, apunta hacia lo externo o hacia lo interno.

La mayor aportación de Kandinsky es el descubrimiento de que el arte contemporáneo se va apartando de lo externo y va abriéndose hacia una zona interior, donde ya no depende de sus relaciones con las cosas, sino con la objetividad del pensamiento.

Lo espiritual en el arte es eterno e intemporal, aunque esté filtrado por la personalidad del artísta o por el estilo de la época, lo intemporal se adueña de lo temporal y lo subsume, fijando en la obra la intemporalidad que no caduca y que redime la obra de cualquier dependencia espacio-temporal. Por eso obras artísticas de culturas y creadores muy distantes nos siguen revelando un valor más allá de las circunstancias en que surgieron.

Lo que no es objetivo e intemporal en el arte es puramente decorativo, caduco, deleznable, porque no roza el componente espiritual de la creatividad genial. Entonces se queda en lo anecdótico o en lo puramente circunstancial. 

Sorprende esta capacidad teórica sobre el arte y la estética en uno de los pintores más innovadores de su tiempo, que condujo el arte figurativo hacia la abstracción, en una serie de movimientos sucesivos en los que iba descubriendo que el arte no es tributario de un modelo, sino de una resonancia interior.

Y ello pudo conseguirlo por la intución y la minuciosa observación de cada detalle de una obra, dándose cuenta de hasta qué punto el ajuste fino y preciso de cada detalle modifica el conjunto.

09-07-2011

Biografía inédita

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Esta amena y sincera biografía de Albert Bensoussan, hispanista francés nacido en Argelia, de familia judia, se ha publicado en Francia por primera vez en 2010.

No es una obra de investigación, sino una biografía propiamente dicha en la que se profundiza en la personalidad de Federico García Lorca y su obra, desde las claves de su genialidad, las contradicciones con su medio, el descubrimiento de su sexualidad, los avatares más llamativos de su vida, y sus raíces ancestrales gitanas, judías y artísticas.

Es la obra de un lector apasionado de su obra, de un admirador de su personalidad artística y de un gran conocedor de las circunstancias de su vida, en el contexto de la España que le tocó vivir.

Complace leer una biografía de Federico desde otra lengua y ota cultura, interpretado para un público de lengua francesa, a quien se quiere acercar su figura y su capacidad creadora, inscrita en conflictos históricos y personales.

Ninguna noticia valiosa se le escapa al biógrafo, ninguna cita oportuna de su obra, que continuamente aparece referida y desglosada en múltiples textos.

08-07-2011

Semiótica de los mitos contemporáneos

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Todavía sigue siendo útil leer esta obra que inauguró la semiología de los mitos de la vida moderna, en la entonces incipiente sociedad de consumo de los años cincuenta.

Nos siguen sirviendo los análisis concretos de productos, ideas, personajes, mensajes publicitarios de los medios de comunicación, al fin y al cabo estos artículos se insertaban en una revista cada mes.

Pero lo más valioso de la obra está al final, en la segunda parte, cuando elabora una semiología del mito de la sociedad de consumo, un mensaje sin historia ni contradicciones, que afirma su identidad por encima de todo y cuya verdad se impone por sí misma, sin necesidad de argumentarse.

Muchos de estos mitos tienen que ver con los objetos mismos de la sociedad industrial, su carácter uniforme, seriado, impoluto, que se ofrecen como objetos de deseo al consumidor.

Las desmitificación del consumismo ha venido más tarde por vías no discursivas, sino basadas en las repercusiones que un crecimiento ilimitado tiene en el medio ambiente, la banalización de la sociedad y la trivialización de las relaciones, en las que ya no es de recibo plantear problemas trascendentes, y se nos obliga a hablar del objeto que se piensa comprar o del servicio al que se aspira obtener. Todo lo demás parece indecente, una broma de mal gusto.

Por eso Barthes anota las características de esta mitología: la vaciedad, la privación de historia, la identificación con el objeto, la tautología, la doble negación (ni esto ni lo otro), la cuantificación de la cualidad y la constatación universalista.

Esta mitología explota prodecimientos de la retórica y de la poética, pero con otros fines no encaminados a la creación verbal, sino a la imposición de un orden que no se pone nunca en cuestión, que oculta el origen de su evidencia. Al mismo tiempo, el pop-art ensalzaba y alababa esta alienación.  

04-07-2011

La mirada reprostectiva de dos jóvenes maestros

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Son muy abundantes los autorretratos que nos ha dejado Rembrandt, de las distintas etapas de su vida. Pocos pintores han sido tan aficionados a retratarse a sí mismos como el genio holandés de la pintura de retratos ambientados en densos y oscuros interiores.

También Degás, gustó retratarse en diversas posturas y actitudes, que recuerdan algunas de ellas a uno de los maestros de su aprendizaje de pintor, lo cual se atestigua a través de las copias conservadas de algunos dibujos de sus cuadros.

El Rijksmuseum de Ámsterdam celebra una exposición (Rembrandt y Degas, dos artistas jóvenes) en la que los autorretratos juveniles de ambos artistas entran en un diálogo de miradas mutuas. La de Rembrandt, como pintor barroco, anunciando corrientes que triunfaron a finales del siglo XIX por su frescura y espontaneidad, libres de los cánones académicos.

Los retratos juveniles de Degas porque miran retrospectivamente a su maestro del que no necesitan ocultar la deuda debida a un genio tan sin par.

En esos retratos de sí mismo, ambos pintores miran fuera del cuadro, muchas veces de forma lateral o frontal, en realidad se están contemplando en un espejo del cual toman las referencias para un retrato tratado como si fuera el de un modelo ajeno y objetivo.

Llama la atención la mirada intensa, escrutadora que intimida un poco al espectador, pues este se sabe observado de una forma sagaz y precisa, un poco desnudo ante el espejo desde el que es examinado.    

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