TEXTOS | 11-2004 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
↑ 12-2004

26-11-2004

Ritmos

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Este cuadro de Mondrian "Gray lines" (1918) representa una composición de un ritmo angular, en la que observamos una disposición en mosaico de cuadrados y rectángulos que son casi todos ellos de diferentes tamaños y disposiciones, de tal manera que, dentro de la uniformidad, no hay ninguno igual a otro. Además los colores se distribuyen de forma regular, formando combinaciones cromáticas variadas que crean ritmos alternantes.

El ritmo es uno de los efectos más llamativos de un sistema de significación, de un texto estático. La poesía elabora el mensaje somentióndolo a constantes rítmicas tanto en el plano del significante como en el del significado. El ritmo envolvente del poema, en sus efectos acústicos y semánticos, le proporciona una cierta magia a la expresión de la idea.

La magia del ritmo la observamos también en la música y en la canción, y opera como un fractal que disemina una melodía, la distribuye, la recupera y la repite, operando una especie de encantamiento hipnótico. Nos dejamos sugestionar por el ritmo, pues en nuestra mente va asociado a la propia estructura del universo, esencialmente rítmica, en la que se reiteran determinadas constantes y se crean pautas de actuación.

No obstante, el ritmo, esencialmente repetitivo, es necesario combinarlo con la novedad, para que no resulte monótono el mensaje. El ritmo no está reñido con la creatividad, pues cada repetición es una variante nueva e inédita de un esquema formativo. Y así uniformidad y variedad son los elementos que podemos definir en toda obra de arte, como en este cuadro de Mondrian, en el que nos sorprende tanto la sistemática cuadrangular como el hecho de que este esquema geométrico se disemine de forma que no se repita el tamaño de casi ninguna de las piezas del puzle que forma.

25-11-2004

Relato autoconsciente

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La última entrega literaria de Javier Marías Tu rostro Mañana. Baile y sueño continúa con su proyecto de escritura basada en dar cuenta más que de las anécdotas de una historia, en referir el proceso mismo de vivir, reflexionar y contar los momentos de la vida cotidiana en los que la existencia discurre, es recordada, narrada o pensada en ese instante o mucho después, filtrada por la nostalgia o el recuerdo.

Con ello, el autor está explorando una región textual que desborda los límites del género, incluso en el sentido más proustiano de la narración interior morosa. Se trata de algo diferente, que ha ido apareciendo en obras anteriores y que en esta continúa una trayectoria en la que lo que se valora no es tanto lo vivido, como la consciencia que de ello se tiene, siempre que esta acabe apareciendo como reflexión autoconsciente en un texto presuntamente narrativo, que en realidad es más bien exploratorio, indagativo, problemático, abierto a no se sabe qué posibilidades, pero desde luego poco convencional y siempre inesperado.

El discurrir del relato es completamente imprevisible, y eso es lo único que podemos prever, pues ofrece la máxima apertura. Se sitúa así esta literatura en la vanguardia postmoderna, en la que el gran relato ha quedado reducido a un relato tan débil que no se sabe muy bien a dónde nos va a llevar.

Pero esta escritura causa la fruición de muchos lectores que no esperan mayor revelación que la de poder saborear el discurrir de los hechos sometidos a la observación lúcida. Tal vez esta literatura acabe desembocando en la iluminación, en un despertar a otra consciencia, a otra realidad, pero eso le acabará pasando de forma aleatoria a un lector de mente cristalina, en la que cualquier indicio puede ser la revelación de un sátori no pretendido ni buscado.

22-11-2004

Combinatoria

Wassily Kandinsky Farbstudie.jpg

Esta obra de Wassily Kandinsky Farbstudie elabora una animada combinatoria de soluciones a partir de una única idea formal, que se resuelve en colores y tonalidades diversas, a modo de mosaico que ofrece una gran sugestión visual.

Los textos literarios también organizan sus secuencias a modo de una combinatoria que parte de la idea central (tema), la cual se va desarrollando párrafo tras párrafo, con distintas modulaciones de intensidad, perspectiva-intelectual y emotividad, hasta componer una obra completa.

La combinatoria es un procedimiento formativo universal, aparece a nivel de todas las estructuras de la materia y de la vida, el fractal es también una combinatoria infinita de elementos que se reparten el espacio, lo ocupan, lo modifican y lo transforman en extensiones crecientes o decrecientes en las que se replica la misma pauta formativa.

14-11-2004

Amor

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La última novela de Gabriel García Márquez Memoria de mis putas tristes (2004) la ha escrito después de diez años de paréntesis público. Es una novela breve, de unas cien páginas, que se lee de un tirón. Pues se trata de una historia de una pieza, centrada en un anciano nonagenario que quiere cumplir un capricho erótico. Él mismo cuenta su deseo y va intercalando retazos de su larga vida, sobre todo los referidos a sus aficiones musicales, literarias y amorosas de soltero impenitente. De paso va desvelando los secretos de su familia, de la que se siente el último vástago.

Por una curiosa paradoja, esta novela que parece una concesión al erotismo de burdel, se va convirtiendo, imperceptiblemente, en el relato de un proceso del cambio psicológico de este anciano, que a esas altura de su vida descubre, finalmente, el amor, lo que significa estar enamorado de forma perdida e irremisible, de una joven virgen de catorce años. A partir de este hecho su vida da un giro drástico y se abre en su existencia una esperanza en la que desea consumir los diez últimos años, hasta alcanzar el centenario.

Otra historia desgajada de la temática de los "cien años de soledad", en la que su autor hace de nuevo un ejercicio sobre lo imposible y maravilloso. En este caso es una historia que no acaba en decadencia y ruina, como en su famosa novela, sino en amor y esperanza.

De nuevo también la temática del amor, tan presente en su obra literaria, recordemos la ya lejana novela sobre El amor en los tiempos del cólera. Los amores tardíos son a pesar de todo amor. Y el amor es el tema más universalmente célebre de los textos literarios, que aparece de nuevo y sin tregua alumbrando el sentido de tantos relatos.

En este caso un atrevido ejercicio, cómo contar una historia de amor en una circunstancias que parecen hacerlo imposible. Solo la literatura y esta vertiente del realismo mágico, hace creíble cuaquier fantasía.

09-11-2004

Grafismos poéticos

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Esta obra de Paul Klee Insula Dulcamara tiene un extraordinario poder evocador. Sus grafismos rotundos en negro siluetean formas no definidas, pero muy evocadoras, a ello se añade esa sinfonía multicolor, que da dimensión y profundidad a un espacio que se proyecta en múltiples espacios imaginarios.

Estamos ante una obra de escritura pictórica. Tiene el poder de evocar la energía y la fuerza de las pinturas rupestres. La dulzura de unos grafismos que armonizan con los colores y se combinan con un ritmo y una musicalidad ingenua y plena de sensibilidad.

Qué mejor poema pictórico que este. Haría falta la fuerza de los mejores poetas creacionistas o la ingenuidad de los textos naïf para conseguir un efecto parecido.

La escritura traza sus signos sobre la superficie del sentido coloreado por la brisa de la emoción. La sinfonía del color se abre en la poesía, en la mente del receptor, y es tan cambiante y colorista, a veces, como esta "insula" del color.

Es difícil poder fundir la impresión pictórica en el impresionismo del lenguaje, lo acústico-simbólico de la lengua tiene sin duda equivalencias en lo plástico-cromático de la forma, pero estas son tan simbólicas e imaginarias como quiera concebirlas la imaginación del que crea o recrea la poesía. Dimensiones que se hacen transparentes e intercambian sus mensajes de uno a otro hemisferio (cerebral).

01-11-2004

Lectura

van Gogh Entrada al jardin publico en Arles (1888).jpg

Este cuadro de Vincent van Gogh Entrada al jardín público de Arles (1888) nos muestra un frondoso jardín a cuya puerta hay un hombre parado que lee un periódico. Esta anécdota se diluye en el conjunto de este paisaje tan lleno de vida y energía. La figura de un hombre leyendo, aunque sea en un espacio público, no es algo inusual en nuestra cultura, donde la lectura se ha acabado convirtiendo en lo que M. Proust llamaba "un acto solitario, como el llanto o la voluptuosidad".

Pero, para que esto ocurriera han sido precisas una serie de circunstancias culturales e históricas. La primera, el nacimiento de la imprenta como sistema de reproducción serial de libros y documentos. De esta manera se crea en el siglo XVI y siguientes un mercado de lectores en lenguas vernáculas que leen en la intimidad, de forma callada, toda clase de obras, incluso las obras de ficción, lecturas consideradas "peligrosas" para la moral según las diatribas de los moralistas de entonces.

La figura del lector solitario ensimismado en su texto resultaba bastante subversiva para la mentalidad conservadora del momento, y toda obra de ficción tenía que justificarse a partir de un propósito moral, cuando no mostrar los efectos de anormalidad que provocaba la lectura de obras de ficción, como hace Cervantes con el Quijote, cuya locura sobreviene como consecuencia del uso abusivo de la lectura de los libros de caballerías, ficciones descomunales y disparatadas, maravillosas diríamos hoy.

La lectura solitaria de libros prohibidos adquiere un carácter especialmente morboso y crítico para las instituciones represivas de la época, la Inquisición por ejemplo. La Reforma se propaga en Europa a base de estas lecturas, que costaron la vida a más de un lector. La lectura así entendida se acompañaba de la doctrina del libre albedrío y del libre examen de los textos sagrados.

Por eso, la Ilustración quiere extender el conocimiento del código de la lectura a toda la población y entiende que el libro es el principal vehículo de la emancipación de la conciencia humana. Así surge también la lectura pública de los textos periodísticos, en los que se difunde una nueva mentalidad y se ejerce un control público de la sociedad.

La edad de oro del periodismo, el siglo XIX, confía fervorosamente en el valor emancipador de la prensa periódica, otro producto de la tecnología de la imprenta.

De este modo, la lectura se ha integrado en la conciencia social de forma progresiva y hoy en día las instituciones educativas la tratan de incentivar como un objetivo. No por ello la lectura ha perdido su valor crítico, individualista y emancipador, y sigue siendo uno de los retos actuales del sujeto libre y despierto.

La lectura como sendero sin límites ni fronteras, donde el lector es el cocreador del texto que ha seleccionado y transita. Un texto liberado a la interpretación de cada cual, sobre el que las instituciones críticas y hermenéuticas no dejan de ejercer un cierto control.

↓ 10-2004