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Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
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30-11-2011

Las uvas de Zeuxis

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Francisco Trigueros, Uvas, Galería de Arte La Zubia, 2 de diciembre de 2011

Cuenta una leyenda de la antigüedad que Zeuxis, en competición con Parrasio, pintó unas uvas con tal realismo que engañó a los pájaros que fueron a picotearlas en vano. Sin embargo, Parrasio superó su proeza al mostrar a Zeuxis su cuadro, pidiéndole este que corriera la cortina que lo ocultaba, siendo su cuadro la pintura de la cortina propiamente dicha.

En el arte figurativo, una de las hazañas más reconocidas es la verosimilitud de la figura y su parecido a la realidad misma. Pero como decía Platón, la obra de arte que se basa en copiar la realidad procede por engaño, no siendo mas que la copia del  original, que está en el mundo de las ideas.

Por eso, el hiperrealismo ha ensayado superar la interdicción platónica y trata de mostrarnos no la cosa misma, sino su arquetipo, icónicamente más logrado y definido que la propia realidad. De este modo nos insinúa que es el propio objeto representado la copia de su figuración plástica, consiguiendo esta reproducir el modelo arquetípico e ideal de cada cosa.

En esta dialéctica de la verosimilitud analógica se mueve la pintura de Francisco Trigueros, unas veces conformándose con la cercanía literal al objeto y otras yendo hasta su arquetipo no visto, sino percibido por él en el cosmos noetós. La pintura de Francisco Trigueros nos muestra, pues, su mundo interior.     

16-11-2011

La historia como metáfora matemática

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Paolo Giordano, La soledad de los números primos, Navarra, Salamandra, 2ª ed. 2011 

Novela de aprendizaje basada en la existencia de dos jóvenes, un chico y una chica, cuyas vidas discurren en paralelo y están muy cerca, pero como los números primos gemelos nunca llegan a encontrarse. La metáfora de los números primos le sirve para construir la personalidad de estos dos personajes que se mantienen irreductibles a toda transformación de sus actitudes profundas. 

La novela está articulada en ocho apartados. El primero “El ángel en la nieve” (1983), cuenta la historia de una jovencita de trece años, Alice, que tiene un accidente esquiando, un día de espesa niebla se cae por un barranco y allí queda paralizada. A ella no le gustaba esquiar, pero su padre insistía en ello y no se atrevía a contrariarlo. 

En el “El principio de Arquímedes” (1984), dos gemelos, un niño (Mattia) y su hermana (Michele) llevan una vida paralela, pero la niña nació retrasada, El hermano la acompañaba en la escuela, sintiendo vergüenza por ella. Un día que un amigo lo invita a su cumpleaños, la deja abandonada en un parque, junto a un río, pero al volver de la fiesta no la encuentra donde la había dejado y va hasta el río, pensando que seguramente se había caído al agua, se quedó en la orilla sentado esperando que apareciera y mientras se corta con el fragmento de una botella, siguiendo sus tendencias autopunitivas. 

En la tercero parte, ”En la piel y más hondo” (1991), continúa la historia de estos dos personajes, ahora como adolescentes cuya vida se cuenta en capítulos alternos. 

Alice, tiene ahora 15 años y se siente poco atractiva, culpa a su padre del rechazo que  supone sienten los demás por ella. Alice sentía admiración por su compañera Viola, pero esta, líder de una pandilla de amigas, le hace pasar un mal trago con un caramelo sucio que le obliga a comerse. Viola hace de iniciadora de Alice en el mundo de la autoafirmación adolescente. 

Mientras tanto Mattia reaparece como un niño superdotado al que sus padres cambian de colegio para que aproveche más sus capacidades intelectuales. En el nuevo colegio conoce a Denis, un chico con inclinaciones homosexuales y se encuentra con que Viola le presenta a Alice, pues esta lo había elegido de entre todos los chicos del colegio. Ambos son invitados a la fiesta del cumpleaños de Viola. Allí conoce a Mattia más de cerca y el lunes en el colegio le pide que con un cristal le borre el tatuaje que se había hecho debajo del ombligo, pero este se niega. 

En “El otro cuarto” (1995), nos encontramos a los personajes cuatro años más tarde, Mattia está en casa de Alice, en el dormitorio de sus padres, que están ausentes, permanecen sin tocarse. Entonces Alice saca una Polaroid y empieza a tomar fotos, se visten con los trajes de novios de sus padres y Alice le pide que la introduzca en el cuarto en brazos, al hacerlo el vestido de novia se engancha en la puerta y se rompe. 

La siguiente sección de la novela, “Dentro y fuera del agua” (1998), sitúa ya a los personajes en la universidad. Mattia ha acabado su carrera de matemáticas de forma brillante y se dispone a hacer su tesis sobre los números primos, considera que Alice y él son dos números primos gemelos. Alice se ha aficionado a la fotografía y va al hospital a ver a su madre, muy enferma, y allí conoce a un médico joven que la corteja. 

Mattia se gradúa como doctor pero no quiere que nadie lo acompañe, cuando ha acabado el acto académico se encuentra como perdido, entonces aparece Alice y lo lleva en su coche a un parque, precisamente a aquel en el que había dejado abandonada a su hermana, le cuenta la historia de Michele a Alice y esta lo besa. 

A Mattia le ofrecen trabajar en una importante universidad de un país nórdico, pero no sabe si aceptar porque piensa en Alice. Consulta con su antiguo amigo Denis, con el que hace tiempo no habla y le confiesa sus dudas. Denis, mientras tanto ha desarrollado sus inclinaciones homosexuales y ha tenido diversas experiencias, con lo cual ha superado la barrera de la aceptación de su sexualidad. 

Por otra parte, Alice sigue recibiendo los cortejos de Fabio, el médico del hospital donde está su madre. Pero Mattia quiere entrevistarse con ella antes de decidirse y la llama para que acuda a su casa, allí, en su cuarto, le comunica la opción que se abre a su paso, disfrutar una beca de cuatro años en una universidad extranjera, y Alice reacciona despechada diciendo que hay alguien que solicita su atención, Fabio, y se marcha de casa de Mattia. Por tanto, Mattia decide aceptar la beca. 

Alice accede a ir a casa de Fabio, a cenar, elegantemente vestida, Fabio se empeña en que coma con deleite la comida que había preparado él mismo, pero ella siente repugnancia por comer y lleva al váter la comida, mientras Fabio va a por una botella de vino al sótano, tira la comida al váter, se atranca y rebosa. Se siente perdida, llora, y recuerda todas las ocasiones en que lo había pasado mal. 

“Sesión de fotos” (2003).- Cinco años más tarde Alice se convierteen ayudante de un fotógrafo y en una ocasión que este tiene que hacer un reportaje de bodas le pide hacerlo ella sola, se trataba de la boda de su antigua compañera Viola, la que le había jugado malas pasadas en el Instituto. Hace el reportaje pidiendo a los novios que realicen acciones inverosímiles, hasta que Viola entra en colera. Entonces se despide de los novios y saca el carrete de la cámara y la expone a la luz del día, pensando que su patrón la perdonaría por haber perdido todas las fotos. Era la venganza que se permite con una persona que le había hecho pasar malos tragos. 

“Lo que queda” (2007).- Cuatro años más tarde Alice se ha casado con Fabio y este quiere tener un hijo, pero Alice es anoréxica y eso le impide quedarse embarazada, sigue teniéndole aversión a la comida. Por otra lado, Mattia continúa investigando en la universidad, se comporta como siempre de una forma fría e introvertida, y de vez en cuando se quema la mano con el fuego de la cocina. Su masoquismo no le abandona. 

Un día Alberto, compañero de trabajo Mattia, lo lleva a cenar a su casa, allí conoce a su mujer, a su hijo, y a una amiga, también italiana, Nadia, mujer separada que vive sola y que se interesa por Mattia. Esta lo invita a su apartamento y allí comienza un acercamiento sexual hacia él, quien piensa que todo acaba siempre de la misma manera. 

Pero cuando ella duerme se levanta y se va a su apartamento, pensando en la clase que tenía que dar al día siguiente. Recibe una carta de Alice con una foto, pidiéndole que viniera. Entonces se dispone a volver precipidamente a su ciudad natal, en busca de Alice, va a casa de sus padres y luego encuentra a Alice en su casa. Salen a pasear en el coche y ella le pide que conduzca, aunque no sabía, él lo hace y están a punto de tener un accidente. Regresan a casa y allí Alice lo besa, pero él reacciona, va al cuarto de baño y  piensa que tiene que tomar una decisión. Sale del baño y se despide de Alice, que no esperaba otra cosa. Ella no le quiere hablar de posible encuentro con su hermana gemela, en el hospital, para decirle que quizá no desapareciera, que tal vez sigue viva. Mattia vuelve al país donde trabaja y contempla la salida de sol sobre el mar, de la que tantas veces le había hablado su padre. Ella va al día siguiente al parque, donde Michele desapareció, se acerca al río, se echa sobre las piedras e imagina que es como Michele, que se hunde en el agua y esta la lleva al mar donde se pierde, sin que nadie fuera a buscarla, como le ocurrió cuando tuvo el accidente en la nieve.  

Procedimientos narrativos.- Es una novela en la que un narrador omnisciente realiza todas las funciones narrativas, focalizando la atención, de forma alternativa, sobre  ambos protagonistas, los famosos números primos del título. La historia avanza de forma lineal, con intermitentes elipsis temporales que permiten saltos hacia delante acelerando el desarrollo del argumento. En todo caso en esta novela la cuestión primordial es delinear la psicología de los personajes y su proceso de conversión de niños a adolescentes y finalmente adultos, siempre fieles a su condición de personas singulares, irreductibles e indivisibles, personas condenadas a la soledad por su excesiva singularidad o su acendrado individualismo. 

06-11-2011

Los Barahona, una familia de artistas

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Galería de Arte La Zubia, Manuel, Luz y Antonio Barahona, dos generaciones de artistas, desde el 3 de noviembre de 2011

Es un fenómeno poco frecuente encontrar hoy toda una familia de artistas, como era posible hallar en algunas familias del Renacimiento y del Barroco italianos.

Son tres pintores del paisaje natural y urbano, de naturalezas muertas también, con tendencias y atmósferas diferentes, matices de una misma visión precisa y sobria del mundo cotidiano, en su sencilla elocuencia.

El padre, Manuel Barahona, pinta paisajes andaluces poblados de trabajadores de la tierra, siempre con sus rostros hundidos en sombreros protectores de un sol de justicia. Sobre el fondo de un paisaje que se pierde en la distancia de una perspectiva aérea, destacan las figuras entregadas a la faena sencilla y natural, en la que las máquinas están completamente ausentes. Sus cuerpos parecen moverse, pesan y expresan la entrega a una labor llena de sobria dignidad. La pincelada es certera, define la forma y el color al mismo tiempo, imprime dinamismo e intemporalidad sin halagos.

La hija, Luz Barahona, se empeña en reflejar el volumen de las formas de casas y calles que hablan, con un mudo lenguaje, de un pasado que conmueve y a veces inquieta. Sus bodegones, sencillos, están iluminados por la luz de un misterio que la contemplación de los mismos nos invita a descifrar.

Antonio Barahona, el hijo, se empeña en reflejar el realismo sobrio de los objetos más sencillos, en las calles de pueblos habitados por la vida de macetas sin testigos, que nos permiten interiorizar nuestra sensibilidad y penetrar en los paisajes recónditos de nuestra alma. Se muestra en él la huella de su maestro Antonio López, en el que no hay ninguna concesión que no sea al descubrimiento de uno mismo en el reflejo de un instante. Su pintura nos abra una puerta directa a nuestra intimidad metafísica.

05-11-2011

Murallas de la Alhambra

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Emilio Orozco Díaz, Murallas de la Alhambra, acuarela

Esta acuarela es un muestra elocuente de las dotes pictóricas del que fuera catedrático de la Universidad de Granada e ilustre historiador del arte y la literatura.

Esta risueña escena oriental de las murallas de La Alhambra contiene toda una evocación idílica del paisaje y el sentimiento de la naturaleza, en la que se funde el arte y la historia de una forma que halaga y complace a los sentidos.

La acuarela define las formas con manchas indelebles y permite pintar la luz partiendo de la gama de los colores que reflejan un instante del día. El verde de la naturaleza en distintos tonos define las formas de la vegetación que trepa por las murallas y se adueña de ellas de forma ubérrima. La delicadeza y sensibilidad del árbol contrasta con las sólidas murallas, ya algo carcomidas tanto por el paso del tiempo como por la exuberante vegetación.

Los colores pintan la luz de un día primaveral y luminoso, radiante de promesas, con una gama de anaranjados y morados en contraste con el verde claro. Todo ello compone un paisaje histórico y natural, un tanto selvático en que la vida parece sonreír a los habitantes de un paraíso perdido.

Historias que piden respuestas

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Susanna Tamaro, Respóndeme, Barcelona, Seix Barral, 2002

Esta obra recoge tres novelas cortas, o tres relatos extensos, el primero es el que responde al título de todo el libro. El traductor de los mismos ha sido el novelista y poeta granadino Justo Navarro. 

Los tres relatos se configuran como historias contadas en primera persona por un protagonista angustiado, que cuenta las desdichas familiares de su vida personal. Todos los relatos tienen en común el tema del amor como ausencia. La ausencia o la insuficiencia de amor desencadena todas las desgracias que se cuentan. 

Respóndeme

Es la historia de Rosa, un niña huérfana desde los ocho años, hija de madre soltera y padre desconocido, solitaria, soñadora y evasiva, falta de cariño, que se cría en un horfelitano, al cuidado de unas monjas frías y algo despiadadas. Las vacaciones de Navidad y de verano las pasaba con unos tíos a los que no conocía y que no tenían hijos. Todas las Navidades le regalaban un camisa blanca.  

La historia se va contando de forma fragmentaria a base de recuerdos de impresiones sensoriales, sobre todo olfativas y visuales. El relato cuenta, más que en los hechos propiamente dichos, el mundo interior de la niña huérfana, sus soliloquios, fantasías y cuestionamientos religiosos, vistos desde su perspectiva ingenua. Lo hace con frases breves, muchas interrogaciones y un lenguaje poético.   

La niña ya adolescente se entera, por boca de su tía, de que su madre había sido una prostituta que murió atropellada por un camión “mientras esperaba a los clientes”. Su tía se lo repetía muchas veces y por eso empezó a odiarla. Se refugiaba en la leñera a rumiar su odio. 

Una Navidad, cuando tenía 13 años, se rebeló ante sus tíos, se negó a comer la carne de pavo y salió despechada de la casa en bicicleta, después de haberles preguntado a sus tíos qué era el amor. Fue después a la Iglesia y en la misa llamó a todos los presentes “sepulcros blanqueados”. Al volver a casa, sus tíos le dieron una paliza. 

Entró en una crisis en donde su preocupación era si existía el infierno y la ausencia de amor. Su odio fue creciendo y un día en la misa de Semana Santa padeció un ataque de furor destructivo. Fue ingresada en el hopistal y aprendió a mentir y a fingir lo que no sentía, de esta forma se dio cuenta de que podía manipular a los que le rodeaban. Se volvió dócil y de una religiosidad fingida. Todo le parecía una estafa. Un día tiró al vater un rosario, a raíz de ello fue expulsada del colegio y tuvo que irse a vivir con sus tíos. Allí se aficionó a la bebida mientras aguardaba llegar a la mayoría de edad, intimidando a sus tíos con el escándalo si no se avenían a dejarla hacer a su gusto. Buscó trabajo como niñera en una casa de un  pueblo cercano y dejó en paz a sus tíos. 

Allí se sintió como en el hogar que no había tenido, empezó a estudiar, causó la admiración de Franco, esposo de Giulia, por su libertad de pensamiento. Durante una semana de ausencia de Giulia y su hija, el marido la lleva a casa de un amigo soltero, donde bebida y drogada tienen relaciones con ella, al tiempo que celebran su mayoría de edad. Como resulado Rosa quedó embarazada. Franco le proporciona los medios para abortar, pero ello decide no hacerlo. Franco para librarse de ella y despedirla de la casa la acusa de ladrona de las joyas de su esposa. Por su mente pasaron todas las formas posibles de vengarse. Pero decide irse de la casa de incógnito. Deambula por las calles de la ciudad reflexionando sobre el amor y la vida y encuentra un perro que la sigue y le da la mano, y a quien le pregunta “¿Nos guía alguien o estamos solos? Respóndeme”.

 

El infierno no existe

 Una mujer de 55 años se ha quedado viuda y regresa a la casa de sus padres, ya fallecidos hace tiempo, en circunstancias distintas, pero en las que por hallarse de viaje en lugares distantes, con su marido, no pudo asistir a su entierro. Rememora también, con alegría, la más reciente muerte de su esposo, al que encontró caído en el cuarto de baño, hecho que le hizo rememorar las sesiones de lectura de la Metamorfosis de Kafka, obra que a él le entusiasma y a ella le producía un asco que no se atrevía a confesar.

Se encontró la casa de sus padres roída por toda clase de insectos y animales, y en ella vio la figura de sí misma, la situación a la que le había conducido su vida conyugal, sintiendo que su marido le había roto todos los puentes al pasado y al futuro.

Antes de ir a casa de sus padres escuchó una noticia en la que deteminados teólogos afirmaban que el infierno no existe o si existe debe esta vacío. Eso la llenó de cólera e incredulidad.

Desde la casa de sus padres va rememorando su vida familiar, cómo conoció al que sería su marido, el cual le leía libros de poemas. Después va recordando su vida familiar, cómo su marido la maltraba con palabras y le pegaba en ocasiones. Su hijo Michele nació casi asfixiado y se fue recuperando poco a poco hasta llegar a ser un niño normal pero algo débil, el padre (cuyas lecturas favoritas eran Hobbes y Darwin) lo maltrataba y despreciaba por esa debilidad. 

Michele hace la primera comunión a los catorce años, a escondidas del padre, quien una vez lo sorprendió entrando en una iglesia y lo insultó, considerando que su religiosidad era propia de un descerebrado. El muchacho se hace devoto y la madre teme perderlo por esta vía. No iba al colegio y suspendió todas las asignaturas, su fe le hizo enfrentarse a su padre que lo maltrató y encerró. Otro día, Michele le quitó el dinero a su padre para dárselo a un necesitado y este se puso furioso y lo golpeó. El padre salió de la casa lleno de furia y en la puerta atropelló al hijo, sin darse cuenta, mientras se aproximaba al coche en marcha, murió en el acto. 

Este acontecimiento supuso para la madre un descenso a los infiernos, su vida se vio invadida por un odio incontenible. Un día le escribe una carta al teólogo que decía por la radio que el infierno estaba vacío y le dice que este se ha mudado al mundo de los vivos, donde ahora habita. Cuando va meter la carta en un sobre amarillento se encuentra con un texto escrito por Michele en que le da gracias a Dios por haber creado la oscuridad para que la luz resplandezca sobre ella.

El relato rezuma la humedad de la casa, soledad y melancolía. Está narrado como una conversación íntima con el marido ya ausente, en la que le cuenta todo lo que no había sido capaz de contarle mientras vivía. En la mente de los lectores se establece un paralelismo inevitable con el Delibes de Cinco horas con Mario.   

           

El bosque en llamas

Un marido cuenta la historia de su matrimonio, como conoció a su mujer, una compañera de instituto, una chica retraída a la que él daba conversación. Más tarde se casan, siendo ya estudiantes de la universidad, y tienen una hija Giulia, que nace débil y pero que va sobreviviendo a pesar de todo. Ahora el narrador protagonista tiene que cuidar de ambas, de las que a su vez se siente dependiente. 

La hija supera una enfermedad grave y a raíz de ello la madre cambia de actitudes, se vuelve más presumida y encuentra amigas. Los compañeros del marido le dicen que seguramente ha encontrado un amante, el demonio de los celos hace presa en su mente. Desde entonces busca la forma de vengarse. Le confiesa sus celos y ella le lleva a un convento donde un fraile le habla de su cambio de actitudes, de su confianza espiritual. Él no puede comprender el cambio de su mujer. 

El marido era botánico, los bosques que cuidaba se morían o eran devorados por los insectos. La frustración de su trabajo la relacionaba con el desencanto de su vida familiar, un día que Anna llegó tarde a casa por culpa del pinchazo de una rueda montó en cólera y la golpeó. 

Furioso se va de la casa, pero deja dentro las llaves, entonces entra en el sótano y descubre una bicicleta que piensa que es del amante de su mujer, pero en realidad era un regalo que esta le tenía reservado para su cumpleaños, que era el día siguiente. Al subir a la casa desde el sótano la golpea con una pesa de gimnasia y cae al suelo muerta. 

Después se escribe con el fraile amigo de su mujer, quien le explica de otra forma la teoría que había ingeniado: por qué los alarces mueren, mientras los pinos y abetos, de hoja perenne, no lo hacen, pues son admirados en invierno por los que los contemplan. El fraile le dice que mueren por envidía del amor que reciben los otros árboles. De esta forma explica el problema del mal, de la venganza de Caín o de los hermanos de José, que tenían envidia del amor que recibían de sus padres. “Y así el demonio de la envidia devasta el mundo”. 

El fraile le explica que él quería una Anna dependiente y no una mujer libre del miedo. Le cuenta también por carta su proceso de oscuridad, donde siendo fraile no creía en lo que predicaba y como fue descubriendo que la clave de la vida es el amor, aunque este muchas veces no muestre todo su esplendor, sino solamente alguna de sus facetas. 

En las tres historias aparece un perro, imagen de la fidelidad y de la transparencia. En la primera es un perro callejero que se acerca a la joven embarazada mientras desespera de su situación. En la segunda historia aparece junto al cadáver del hijo atropellado por el padre, y sigue allí a pesar de que este le da una patada. En el tercer relato es un perro blanco que se acerca al marido cuando sube del sótano dispuesto a matar a su mujer por celos y él lo tira por la escalera. 

Vistas en conjunto constituyen una interpretación de las angustias y dramas humanos, cuya explicación se contiene en la ausencia de amor y en la necesidad del mismo. En los tres relatos hay alusiones religiosas, que forman parte de las creencias o las enseñanzas recibidas por los personajes y que estos rechazan críticamente.