Tue 22-03-2011 09:59 AM
La des-ilusión radical
Jean Baudrillard, El crimen perfecto, Barcelona, Anagrama, 2009
Si la perfección es imposible, el mito del crimen perfecto demuestra su inutilidad, ningún crimen puede ser perfecto, ante todo por ser lo que es. Si la perfección del crimen es su absoluto encubrimiento, entonces tampoco puede llegar a cumplir su promesa, pues todo es ilusorio e inestable, y al final acaba siendo reabsorbido.
Para Baudrillar la ilusión del mundo proviene de su imperfección radical. “Si todo hubiera sido perfecto, el mundo se limitaría a no existir”. La pregunta filosófica más radical es ¿Por qué existe el mundo en lugar de nada? A la que se podría dar la vuelta: ¿Por qué existe la nada en lugar de algo?
El mundo es una ilusión radical, como pone en evidencia la física cuántica. A las ilusiones metafísicas, ideológicas, religiosas se suman en nuestro tiempo las mediáticas. La tecnología virtual simula un mundo, y nos enseña que el mundo es también un simulacro. El hiperrealismo y la alta definición colaboran en fomentar la ilusión de lo real como representación. Al descubrir lo ilusorio de la realidad nos sentimos expulsados del mundo, apelados por la nada. El espacio-tiempo se mantiene como ilusión mediante unas constantes relativistas, que si fallaran harían que se desvaneciera el tejido en el que está instalado. Ello nos puede llevar a la idea de un vacío original, amorfo e inerte, el caos primigenio de los mitos cosmogónicos.
Estas reflexiones de Jean Baudrillard asumen la física, la metafísica, el arte de vanguardia, lo mediático y estético, la teoría platónica del arte como imitación y degradación del original, la idea de lo virtual como suplantación y modelo de la realidad. El pensamiento al reflexionar sobre todos estos conceptos se diluye en la nada por su incapacidad para dar cuenta del mundo, del sujeto y del objeto, reducidos todos ellos a ilusión, a la ilusión de perpetrar un crimen perfecto.
Los espejos reproducen esta ilusión con fidelidad matemática, pero a la vez imperfecta. Como en el cuento de Borges podría llegar un día en que las imágenes de los espejos rompieran la sumisión a la que han sido sometidas y empezaran a ser cada vez menos imitativas hasta romper las barreras de cristal y metal que las separan de la realidad, entonces darían la batalla de ser ellas mismas, no un reflejo.
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