TEXTOS | 02-2004 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
↑ 03-2004

29-02-2004

Los personajes del texto

 

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Este cuadro de R. Magritte Los amantes presenta a dos personas con la cabeza cubierta. Por su indumentaria podemos adivinar que son un hombre y una mujer, tal vez esa pareja de amantes a la que alude el título de esta obra surrealista. Ambos pueblan el texto de la pintura, lo habitan, se conocen y al mismo tiempo se desconocen, ese puede ser el símbolo del rostro cubierto, del mismo modo que los espectadores del cuadro ignoramos quiénes somos.

Los textos narrativos y dramáticos presentan personajes que están compartiendo una situación dentro de un contexto histórico y social, cada cual se comporta a partir de los roles que el texto le asigna y asume un conjunto de relaciones con el resto de los personajes, cuyas funciones están organizadas en función a la proximidad a la acción, protagonistas, deuteroagonistas... Son habitantes de un mundo pequeño e impedido, con el que no podemos comunicarnos.

Pero detrás de esa máscara (la persona-personaje) hay un individuo, una individualidad singular y única, que se nos escapa y que solo apreciamos a través del gestus social que desarrolla. A veces, el relato o el narrador accede al mundo interior del personaje, la llamada focalización interna, o se estructura a partir de lo que fluye en ese mundo interior, corriente de conciencia. De esta forma la narrativa nos enseña a distinguir la máscara del "sí mismo", y el texto nos enseña a pensar esas dos realidades.

En cualquier caso es el lenguaje y su presencia en los discursos el que nos enseña a pensar el mundo, tal vez sean ambos los que construyen el mundo en nuestra intimidad. De esta forma el mundo de nuevo se conforma con un formato textual, y nosotros acabamos situándonos en el texto que podamos o sepamos tejer, esperando, como Penélope, la llegada del sentido (ese Ulises peregrino).

28-02-2004

El texto y la representación

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Como en Los paseos de Euclides esta obra de R. Magritte, el texto realista y referencial parace superponerse a la realidad y ocupar su lugar con idéntica función representativa. La novela realista fue entendida en el siglo XIX como "un espejo a lo largo del camino". Pero en el siglo XX se le da la vuelta a la frase y se propone que la obra literaria sea "un camino a lo largo del espejo".

Ese espejo no es otra cosa que el lenguaje y el texto donde aparece usado. El texto lingüístico no se superpone a la realidad para ocupar su puesto, es otra su función, la de crear el efecto de la realidad, la verosimilitud. Hay hechos que si fuesen narrados parecerían disparatados. En cambio hay una "verdad de las mentiras" (Vargas Llosa dixit) que pasa como factible.

La realidad cuando es pensada ya es una representación cognitiva del mundo. Cuando es comunicada en el texto se convierte en un efecto de realidad, en un mundo cuasi real, en el mundo del texto, a partir del cual el mundo del mundo comienza a cobrar sentido. La realidad visibles empieza a ser estimada y valorada cuando es objeto de una representación pictórica.

Como bien hubiera podido decir Schopenhauer, la obra de arte, el texto literario, expresa la voluntad de representación del mundo.

27-02-2004

Las voces del texto

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Las voces de los aires, este cuadro de R. Magritte nos invita a cuestionarnos las voces que pueblan los textos. El texto es un lugar donde se dan citan multitud de voces, las del enunciador, los locutores, los personajes que se hacen presentes de forma directa o indirecta, o ocupando todo el espacio del texto, por medio del monólogo interior.

También la voz de la palabra misma, del lenguaje que nos permite nombrarnos como sujetos y abandonar así el estadio del espejo (Lacan). Polifonía de voces que también acogen la voz de otros textos que aparecen de forma consciente o inconsciente, la propia voz del otro, del subconsciente, del super yo, que impone la cifra de la ley. En esta confluencia de voces se establece a veces el diálogo o el monóogo, el orden o la cacofonía.

Las voces que pueblan el texto son múltiples y entrañan un conjunto de posibilidades que ha explotado el discurso literario, distinguiendo la voz del sujeto del enunciado y la del sujeto de la enunciació, la voz del narrador y del narratario, la voz del narrador intradiegético y extradiegético, la voz anónima del narrador neutral o espectral. Pero ¿quién habla detrás de tantas voces? Es el lenguaje mismo, el sentido, o lo son sus habitantes. No dejemos de hacernos preguntas.

26-02-2004

La ilusión textual

Los textos requieren una cooperación ilusoria del lector. La ilusión textual es diferente según estos sean ficcionales o factuales. Los textos literarios solicitan del lector la suspensión de toda incredulidad para que podamos reconocer como auténticas las peripecias de los personajes de una novela, la veracidad de los sentimientos de un poema, o el drama que viven los actantes de una obra de teatro.

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Los textos que hablan del mundo real requieren también una cierta cooperación ilusoria, conceder autoridad a su contenido, tratar de entender ingenuamente sus propuestas, recibir la autoridad de su fuente como la celebración de una intención singular, obedecer la fuerza ilocutoria de sus mensajes.

Cegados por el brillo de la autoridad textual, que en nuestra cultura tiene raíces teológicas, la palabra divina de las sagradas escrituras, nos confiamos a los siginificados del texto y le concedemos el valor de un decir sustentado en la delgada sustancia de su huella acústica, o en el leve trazo de su inscripción gráfica. Pero se nos ha enseñado a dotar estos significantes de dimensiones simbólicas, alegóricas y hasta visionarias y son un vínculo de nuestra mente con el mundo que vivimos o fantaseamos.

25-02-2004

Textos de placer, textos de goce

El placer del texto ha sido presentado por Roland Barthes como uno de los efectos de la textualidad. Hay textos de placer y textos de goce. Estos últimos concitan las emociones y pasiones del sujeto autor o lector, son textos que se padecen y se disfrutan a veces con dolor. El texto no deja indiferente, como ocurre con la obra, con algunas obras. Pues el texto es una actividad pulsional, la pulsión textual, que entraña la experiencia de la posesión y de la diferencia.

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Cuando el texto es la imagen del "Hombre de la noche" de R. Magritte y nos invita a pensar una serie de relaciones entre iconogramas yuxtapuestos y aparentemente incompatibles, la representación se torna en el motivo que nos convoca a la elaborar el texto de una explicación, de un discurso que dé cuenta de la integración de elementos disímiles conectados en el discurso de la plástica figurativa.

Este encabalgamiento de ideas, sensaciones, intenciones, nos permite plantearnos la cuestión de la textualidad como un proceso de creación y de combinación de elementos del sistema semántico, que puede alterar los equilibrios de este, estableciendo nuevos lineamientos y relaciones insospechadas. El texto es un artificio que permite conectar, relacionar, inventar, cuestionar cualquier realidad, a diferencia del contacto fáctico con las barreras que impone la realidad.

Y así el texto, como el sueño, se forman a partir de emociones, sentimientos y pulsiones libres, como las del deseo, y es también una actividad libidinal, es decir, creativa. La pulsión textual puede convertirse en obsesión y catarsis.

24-02-2004

El texto del lector

Destinatario y reconstructor de la intención del texto, el lector o receptor del discurso comparte la responsabilidad del fenómeno comunicativo de tipo textual con el autor o emisor del mensaje. El texto vincula al autor y al lector como un interfaz, lugar de cita de ambas intenciones, proyecto comunicativo que se hace realidad en el recorrido del texto que hace el lector a través de su superficie lexemática. El texto le sirve al lector como un espejo en el que mirarse, reconocerse, pensarse como ente de discurso y sujeto del proceso comunicativo. A veces hay en el texto marcas explícitas de tipo apelativo que le reclaman hacia el interior del universo textual. Pero también en su ausencia el texto se vuelca hacia el ámbito de la lectura a través de pared abierta hacia el exterior que el texto establece para hacerse accesible en la circulación de los sentidos. Hay una doble responsabilidad formativa en el texto: A -> T <- L. La del autor como agente de la inscripción material de los signos (fónica o gráfica) en la linealidad que enhebra significados y construye un recorrido de lectura aparentemente lineal, pero que en el que hay que hacer referencias anafóricas y catafóricas para ir reconstruyendo la imagen que el texto dibuja en el bordado del tejido semántico. La del lector que se siente convocado a una cooperación con el texto que reclama multitud de operaciones interpretativas, en las que un conjunto de informaciones aportadas por signos doblemente articulados requieren rellenar huecos, activar presuposiciones, realizar correferencias, suponer sentidos que el lector arriesga en cada uno de los momentos de la lectura (inicial, medial y final). Así el lector se apropia del texto, lo recrea, lo acaba de formar en su mente y le permite realizar su proyecto comunicativo. Este proceso no acaba nunca de finalizar en el caso del texto literario, abierto siempre a nuevas lecturas, a muchos lectores, a diferentes épocas y culturas en un proceso nunca acabado de definición e interpretación. El texto literario se escapa siempre a cualquier intento de fijar de una forma definitiva y para siempre lo que propone. Este es uno de los efectos más irreductibles e incalculables de la circulación textual, para la desesperación de críticos e interpretes, pero para el goce de los lectores que no siente esa preocupación limitatoria. Los bosques textuales son siempre insondables y sorprendentes y nos invitan y nos incitan a la aventura de leer, en la que sin duda vamos a salir transformados, cual Simbad que retorna a su puerto, y se sale así de la aventura textual que ha enriquecido su experiencia y su visión del mundo, hasta que nuevo surja en su mente la nostalgia de la aventura sin fin.

23-02-2004

El imaginario textual

El texto permite una combinatoria de motivos, temas, referencias, de tipo semántico que van componiendo lugares textuales (tópicos), escenas textuales (marcos), esquemas textuales (tipos) en una cantidad, riqueza, variedad y especialización semejantes (¿equivalentes?) a las diferentes configuraciones de la realidad. Se parte del precepto de que la referencia aporta los contenidos reales y que los contenidos y las estructuras textuales son culturales y por tanto pobladores del imaginario de tribus (mitos), personas (autoimágenes) y pueblos (heteroimágenes). Los contenidos textuales y mentales son en parte equivalentes o trasvasables. Los textos pueblan y amueblan la mente, la mente construye y encadena textos. Nos podríamos plantear la cuestión de hasta qué punto la realidad puede ser suplida, complementada, explicada, recorrida por los textos. Si los criterios de accesibilidad entre textos son los mismos que los criterios de accesibiliad entre mundos. Y así nos acercamos a la posible equivalencia de texto y mundo, universo de sentido. El texto nutre nuestro imaginario y al mismo tiempo poblamos los textos con criaturas de nuestra imaginación. Texto, mundo, e imaginario se acercan, se interpenetran, se integran como dimensiones de un universo plurisemántico.

22-02-2004

El texto del relato

El relato es un tipo de texto con el que fácilmente nos identificamos, nos dejamos arrastrar por el curso de los acontecimientos que va tejiendo el narrador, por las peripecias de los personajes, por el enigma de la trama en busca del final de la historia, pues sabemos que toda historia tiene un final más o menos conciliador con respecto al problema planteado. Pero además de eso el texto narrativo estructura una serie de armazones de sentido: agentes, isotopías semánticas, marcos, escenarios, guiones, voces, lenguajes dentro de un juego de mundos ficcionales y factuales que mutuamente se citan, se interpenetran, se superponen. El relato es un discurso especializado en la construcción de mundos, de dimensiones, de espacio y tiempos habitados por sujetos pulsionales que se mueven empujados por diversas fuerzas internas, las del deseo, o externas, las de la necesidad. Y ese mundo se ofrece al lector como una parábola del propio mundo personal y social en el que habita, como un espejo de sí mismo, en el que puede encontrar analogías y diferencias. Unas y otras le ayudan a conocerse mejor, a entenderse, a comunicarse con la realidad en que vive. De esta forma el relato opera a modo de un sueño que recorremos y que nos está mostrando y enmascarando uno de los conflictos de nuestra vida. Por eso apasiona el relato. El subsconsciente es muy hábil construyendo escenarios, sucesos, relaciones aparentemente disparatadas e inverosímiles, pero que remiten a algo muy concreto de nuestra vida real bajo ese ropaje distanciador y encubridor, con el que quiere advertirnos y protegernos, al mismo tiempo. La estructura de nuesta mente es en gran medida narrativa, necesitamos entender la realidad, las realidades, como procesos de interacción que tienen una tendencia. Hay siempre un atractor caótico de los fractales de la historia, un agujero negro que nos quiere empujar a otra dimensión y al que ponemos toda clase de resistencias. El texto se teje con el mismo tejido de los sueños y deseos de los seres humanos. Somos seres textuales por ser humanos. Nuestro destino es de componer historias con la materia del texto o con cualquier otra textura.

21-02-2004

Texto y contexto

El texto y el contexto son dos realidades que mutuamente se requieren. El contexto social, cultural, se establece en la mente de los hablantes como una representación cognitiva, y en parte subjetiva, de la realidad en que viven. El con-texto se hace presente en el texto a partir de marcas deícticas (personas, espacios, tiempos) y de referencias. De tal modo podríamos decir que todo texto es la versión semiótica, discursiva, de un aspecto del contexto internalizado por su emisor o creador. El contexto se hace presencia en el texto, donde puede además ser pensado, expresado, y modificado en parte. Pues el texto opera a su vez sobre el contexto para someterlo a alguna transformación pragmática prevista en el proceso generativo del texto. En uno de los estratos del contexto, el contexto de situación, se sitúa el destinatario, lector o receptor del texto, el lector modelo que el texto propicia o tiende a crear. Su presencia y su actuación inferencial está presente en el propio proyecto generativo del texto. El propio autor empírico o el autor modelo se hacen presentes en el texto de forma directa o indirecta, gracias a que cualquier realidad puede ser semiotizada en el texto, y el lenguaje nos proporciona indicadores o marcas de la actuación comunicativa del emisor en el texto, los pronombres de primera persona, por ejemplo. Pero ahondando más en esta relación podríamos pensar que tanto el emisor como receptor son aspectos presentes en el texto, de igual modo que el contexto aparece en él construido y remitido. El texto se convierte así en una realidad capaz de abarcar todos los elementos que le rodean integrándolos en sí mismo. Y así el discurso subsume a la realidad en su espesor semiótico, se constituye en representante, interpretante, garante y validador de la realidad, a la que confiere el estatuto de tal. Y conforme el texto crece y avanza va engullendo al mundo a su alrededor como si de un agujero negro se tratara, para proyectar la realidad fáctica a otra dimensión: la realidad textual, mental, semiótica, discursiva. En verdad nos parece que la realidad ya no existe, que solo existe el discurso.

20-02-2004

Los mundos del texto

Los textos contienen universos semánticos que pueden ser descritos como mundos. Los mundos del texto pueden hacer referencia al mundo real, en los textos que parten y retornan al mundo real, o pueden producir mundos posibles, contrafácticos, alternativos. Es el caso de los textos de ficción, que están especializados en la construcción de mundos comunicables, pero no habitables. Los mundos posibles del texto son construcciones culturales, mundos de papel, cuyo espesor real es puramente semiótico. Como producciones de la imaginación humana no son desdeñables, pues al distanciarse de las limitaciones del mundo real, nos permiten contemplar nuestros anhelos, sueños o posibilidades. Por otra parte, al retornar desde ellos al mundo cotidiano, contribuyen a iluminarlo, a percibirlo desde una óptica diferente. También hay que pensar las relaciones entre el mundo construido o reconstruido por el texto y el mundo social o natural. Los mundos construidos por la cultura, amueblados culturalmente por las artes y las ciencias, son mundos intermedios entre los mundos fácticos y contrafácticos. El estatuto de realidad de este mundo tres corresponde al espesor de la noosfera, cuya entidad real ha sido concebida de distintas formas. Para algunos es el mundo habitado por los seres humanos, a partir del cual se asoman a los mundos reales o imaginarios. El mundo tres es también un mundo textual. En realidad la actividad esencialmente humana es la construcción de mundos y a ella se aplican las construcciones culturales, científicas, mitológicas, entre otras. El placer del texto artístico (el de todas las artes según sus modos de producción significante) nos libera de nuestras limitaciones de seres materiales y biológicos y nos permite pensarnos como seres que encuentran en los sentimientos y en las ideas un nuevo estado de ser, ajeno casi al sustrato biológico sobre el que vivimos.

19-02-2004

El mundo como texto

El texto es un tejido de rasgos, signos, articulaciones que se trenzan sobre la urdimbre del lenguaje, pero que construyen configuraciones de significado y de intención muy variadas, con un potencial de infinita recursividad creativa. Los textos nos pueden presentar así tantas posibilidades o espectáculos como el mundo mismo que los contiene y los soporta. Texto y mundo son dos realidades que se requieren mutuamente. Si el texto explica o se refiere al mundo, el texto es además un objeto semiótico de ese mismo mundo. Pero esta relación nos lleva a otra también fecunda. El mundo es o puede ser entendido como un texto que podemos leer, interpretar, en el que hay una serie de signos claros y fáciles de descifrar u oscuros y cifrados en códigos ocultos. Para los hombres de la Edad Media el mundo, como dijera San Agustín, es la escritura de Dios. Y a él se aproximaban aplicando los cuatro sentidos de la lectura instituidos por Dante: el sentido literal, analágico, simbólico y místico. De esta forma el mundo era un libro abierto a los ojos de un lector avezado. Esta concepción teológica del mundo convertía a este en un texto donde se habían inscrito los signos de la divinidad. Una concepción parecida, libre ya de la carga teológica, pasa a la semiótica de Ch. S. Peirce, al establecer una equivalencia entre signo y cosa. Cada cosa puede ser nombrada por un signo, cada signo puede designar a una cosa. El lenguaje, como institución nomotética, sirve para establecer distinciones en la realidad y diferenciar dentro de ese continuum realidades discretas. El mundo es un discurso que puede ser descifrado de muchas maneras y permite muchas combinaciones textuales. Además el universo está tejido por elementos mínimos (fonones = partículas elementales) que van tejiendo las palabras cosas que después pone en relación cada cultura, cerrando el círculo de la creación - significación.

18-02-2004

El texto narcisista

La antropología nos ha mostrado otra forma más integradora de apreciar la cultura humana como hecho universal. La cultura es el espacio donde se generan los mitos, los códigos, el sistema de las acciones, los mundos posibles y en definitiva donde se conforman los textos como realidades que comprenden el mundo y que están comprendidas en él. El espacio de la cultura es también el de la comunicación, el de la construcción de las prácticas y de los significados, que se cristalizan en discursos abiertos a una continua renovación lectora, aunque indemnes al proceso que se deriva de tal actividad. El modelo lingüístico e ingenuamente comunicativo de los años sesenta y setenta ha tenido que ampliar su horizonte fenomenológico incluyendo en él la codificación multicódigo en que se producen los eventos comunicativos, paralingüísticos y exolingüíticos. La ideología postmoderna, el pensamiento débil, el deconstruccionismo han desempeñado en la última década el rol narcisista de los espejos, renunciando de antemano a conocer cualquier realidad más allá de lo inmediato, centrando su actividad en el ludismo de los medios y de la cultura de masas. Parece que estas manifestaciones satisfacen en tan escasa medida nuestras necesidades de conocimiento como el estructuralismo deterministas de los años sesenta. Habrá que alumbrar nuevos paradigmas que den cuentan de los hechos humanos y de los fenómenos comunicativos que superen, también, los reduccionismos cientifistas, que piensan la actividad cognoscitiva como la reductio ad unum, imitando con ello las leyes fisicomatemáticas. El modelo cualitativo parece imponerse, pero no ha sido capaz todavía de hacer compatible el estudio de los hechos individuales con la consideración de las manifestaciones colectivas.

17-02-2004

Texto y enunciación

La teoría del discurso ha tenido que reconocer el hecho de la enunciación como realidad comunicativa esencial, distinguiendo entre enunciado y oración. El primero como hecho comunicativo y la segunda como realidad de la lengua. La enunciación, y su polifonía de voces, de focos y de códigos, es la realidad que tenemos que reconocer como conformadora de la actuación comunicativa en situación. La enunciación entendida, de este modo, no solo en su aspecto de potente aparato referencial, sino en todas sus dimensiones pragmáticas y heurísticas. Los textos han sido siempre objeto de reverencia y fuentes de conocimiento y de culto. Una vez que la cultura se ha desacralizado los textos han podido ser entendidos de forma dinámica como conformaciones discursivas en las que se plasman intenciones de autor, de lector y efectos de sentido que el texto configura gracias al aparato enunciativo que lo hace posible. Los textos circulan socialmente y constituyen el lugar donde las prácticas se piensan y se conforman como comunicación, mediación, elaboración y apertura a nuevos horizontes de conocimiento, sentimiento y de esperanza. Dentro de la polifonía de los textos, los literarios constituyen el discurso catalizador de perspectivas renovadoras que posibilitan la transformación mental del mundo por el hombre, el lugar donde se atisba el futuro. La comunicación social tiende a ritualizarse, a constituirse en estereotipos de comportamiento, pensamiento y actuación mediante marcos textuales, que proporcionan conocimiento sobre y el mundo y un saber hacer en la sociedad. Los marcos textuales son, no obstante, órdenes flexibles, amoldables y están sujetos a evolución y a cambio. Los textos presuponen marcos y son leídos a partir de marcos presuposicionales. Implican abducciones sobre estos marcos, la actividad del sujeto consiste en una realización conformadora y configuradora de marcos de realización interactiva.

15-02-2004

Texto y discurso

La teoría del discurso ha tenido un importante desarrollo en las tres últimas décadas, en ellas se ha pasado de una ausencia casi total de formulación teórica sobre el texto, pues la lingüística estaba preocupada ante todo por el sistema inmanente de la lengua y su manifestación fonológica y morfosintáctica, a una serie de estudios parciales que van buscando las vías de una síntesis unificadora. Tal vez sea la investigación en inteligencia artificial, junto a otras áreas como el análisis de la conversación, la pragmática del discurso, la teoría del texto y la semiótica de la interacción comunicativa, las actividades científicas que permitan una visión holística de los hechos comunicativos, salvando las diferencias parcializadoras de los objetos de conocimiento de cada disciplina (v. el esquema núm. 1). Las ciencias humanas caminan a la búsqueda convergente de modelos capaces de dar cuenta de forma global y unitaria de la gran dispersión de datos, tendencias, escuelas, y disciplinas en las que está segmentado el conocimiento sobre la investigación de los hechos humanos. Parece ser que lo esencialmente humano es la doble articulación que permite, de un lado, construir sociedades complejas y tecnificadas, dando lugar a numerosas fracturas, que necesitan autocomprenderse y autocomunicarse en el seno de una cultura común y compatible con la gran diversidad de microculturas grupales y profesionales, y de otro, la existencia del fenómeno humano como hecho individual en progresiva diferenciación, pero imposible de separar y de aislar de su medio sociocultural. Haría falta un código que unifique la gran diversidad de manifestaciones de lo humano. Este ha de ser capaz de explicar el conjunto de las manifestaciones culturales desde presupuestos comunicativos y codificadores. Hasta ahora hay códigos de muy diversa naturaleza, interconectados y interactivos que posibilitan un funcionamiento social e individual complejo y problemático. Desde el punto de vista de la comunicación, el hecho más significativo de las últimas décadas ha sido el reconocimiento de que las realidades comunicativas funcionan a partir de entidades globales llamadas textos o discursos, constituidas por segmentos estructurantes que encuentran dentro de ellos su explicación y su sentido. El eje de la comunicación ha pasado a ser, en la conciencia de los estudiosos, las totalidades discursivas llamadas textos, cuya entidad engloba a otras realidades menores, secuencias, cláusulas, enunciados, etc. El discurso es la estructura que organiza la comunicación, a partir de una serie de códigos y de funciones interactivas que lo configuran y le dan realidad.