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Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
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24-07-2008

Copia irónica

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Esta reinterpretación que hizo Pablo Picasso de las Meninas tiene como fondo sus experiencias de aprendizaje de la técnica pictórica, llevada a cabo en su juventud en el Museo del Prado, escuela de tantos pintores que hacían copias in situ de los grandes maestros.

Más adelante, en Cannes, en los años 50, después de una amplia creación pictórica y de distintas épocas dentro de su trayectoria, Picasso vuelve a estudiar algunas obras de Velázquez, como esta, haciendo un ejercicio de imitación irónica, desde su propio estilo, atravesado ya por varias vanguardias.

Un trabajo parecido han realizado muchos pintores posteriormente, volviendo a la singular obra de Válázquez en un ejercicio de aproximación y distanciamiento.

Son muchas las Meninas contemporáneas que podemos contemplar, en distintos estilos y tendencias, y todas vuelven a algún elemento esencial del cuadro original, buscando el espacio, los personajes, la crítica o el distanciamiento.

Podríamos contemplar la lectura de Picasso de dos formas, como una obra posterior o anterior al cuadro original. Como obra anterior podría tener elementos de un primitivo, que geometriza los objetos y carece de la técnica de la perspectiva aérea. En este caso Velázque habría hecho una obra mucho más depurada en clave de gran cuadro barroco.

Como elaboración vanguardista es una copia irónica, con matices de seriedad y al mismo tiempo de burla, que nos ayuda a entender desde el arte contemporáneo una obra clásica, desponjándola de la solemnidad académica. La obra de Picasso está más cerca de la tosquedad del naïf o de la libertad expresiva del cómic, que del cuadro original, al cual es fiel, sin embargo, tanto en los personajes como en la composición de los elementos.

En su interpretación se agiganta la figura de Velázquez, verdadero protagonista del cuadro como mirada que contempla y refleja lo que ve. Los demás elementos componen una viñeta graciosa. La Cruz de Santiago se ha convertido en los ejes del cuerpo del pintor como trama que sostiene su figura. El bastidor del cuadro que está pintando, y que vemos por detrás, aparece reforzado e imponente, como una dura puerta de madera. El espejo recoge una figura jocosa y el espectador se convierte también en un figurón al que todos miran con sorpresa. Quedamos convertidos en una de las figuras del guiñol en que se ha convertido la obra. Somos mirados y nuestro aspecto se convierte en una representación irónica de nosotros mismos, experiencia que algunos no podrín soportar, porque saben que se hace burla de sí mismos.

↓ 05-2008