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Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
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10-11-2020

La indagación de las causas


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Javier Marías, Así empieza lo malo, Alfaguara, 2014

En cierto modo, las novelas de Javier Marías son novelas de tesis, en el sentido de que la historia que se cuenta está al servicio de demostrar una idea implícita que explica los principales acontecimientos de la historia social y personal. 

En este caso, la tesis es la del engaño o lo que se oculta, y que cuando eclosiona pone en peligro una convivencia que estaba basada en esa mentira que se ocultó y que hubiera sido mejor no revelar. Pero de alguna forma, aunque no se hubiese revelado, siempre hubiera quedado la duda que mina también las bases de la convivencia. 

Por otra parte, esta novela es también una crónica social de la transición en los años ochenta, y todos los procesos de cambio de chaqueta y de olvido interesado en que se construyó, sobre un pasado plagado de abusos e injusticias. 

En ese ambiente social, moralmente mermado, no podría prosperar demasiado la convivencia de la familia de los Muriel, cuyo desenlace cuenta el narrador testigo presencial, y en el que al final también se convierte en coprotagonista de la perpetuación del engaño. 

Como siempre en sus obras, el relato está entreverado de consideraciones morales, psicológicas, históricas y políticas, que explican en cierto modo las acciones que se cuentan, como trasfondo que las condiciona, y que para sus lectores modelo son tan apreciables como la historia misma. 

El relato opera muy bien como recurso diegético que atrapa al lector, curioso, tratando de saber lo que se oculta en las relaciones familiares. Pero la novela tiene un valor más allá de la historia, tan bien contada, pues pone en cuestión la posibilidad de que la verdad, la ética y la transparencia puedan existir en la vida de las personas, cuando todo, desde siempre, parece demostrar o contradecir esta posibilidad, que sin embargo no deja de ser el anhelo que se persigue, aunque luego se vea frustrado. 

Cada lector verá en la historia un espejo de circunstancias más o menos próximas de su propia vida y de las vicisitudes que lo acompañaron, a lo largo de algo invisible que lo lleva, el tiempo que él mismo crea como representación de sí mismo. 

Cuando podamos pensar que el autor propone soluciones, en realidad lo que formula son los enigmas de la existencia humana y de lo que parece inevitable, todo ello con una cierta melancolía al comprobar que la felicidad está ausente, y el deseo es lo que gobierna la vida, para perdición de los que lo cultivan. 

En cualquier caso, el relato, la historia misma, es sin duda un instrumento que Javier Marías sabe muy bien poner al servicio del autodescubrimiento. Y en ello reside su gran valor literario, que nunca concede a los gustos del halago, si bien se acerca cada vez más a la gran novela clásica. 






02-11-2020

La textualización del fenómeno


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Ricardo Campo Pérez: El fenómeno ovni en Canarias, desde el siglo XVIII hasta 1980. Ediciones Le Canarien. Santa Cruz de Tenerife, 2017

Esta voluminosa obra recoge cientos de casos de avistamientos ovnis ocurridos en Canarias hasta fines de los años ochenta del siglo pasado. Las fuentes documentales son periodísticas fundamentalmente, aunque también hay otras de informantes directos. Algunos de los avistamientos más relevantes de aquellas décadas son contrastados actualmente con los propios testigos y se comparan sus relatos, para apreciar hasta qué punto han cambiado, se han transformado o embellecido sus ya lejanos recuerdos.
 
Parte el autor de una postura escéptica sobre el fenómeno, y no le interesan demasiado los hechos en sí mismos como la recepción personal y social de los avistamientos, y cómo la fantasía modifica las percepciones o acaba suplantándolas o deformándolas en muchos casos. 

Es consciente de que este fenómeno se ha convertido en un mito social, y es difícil diferenciar en él los hechos mismos de sus explicaciones científicas, tanto en la recepción de los testigos como en la de los propios investigadores del fenómeno, que también han influido en su difusión y en cierto modo en su oscurecimiento, pues el exceso de información al final se acaba convirtiendo en ruido. 

Después de décadas de avistamientos, desde 1947, se ha creado una ingente cantidad de datos y de publicaciones en revistas y libros sobre esta fenomenología, con tendencias que van desde la más pura ingenuidad hasta el escepticismo más firme. A ello ha contribuido, además, la aparición de Internet, donde se siguen propagando noticias de avistamientos y filmaciones de todo tipo, en un caudal que parece interminable. 

Por otra parte, los gobiernos han clasificado sus investigaciones y desclasificado muy pocas, con lo cual la información veraz ha encontrado un muro de opacidad y silencio que resulta difícil de entender. 
El propio autor hace un análisis de cada caso, fundamentalmente desde su postura escéptica, que podría decepcionar a los seguidores de la veracidad del fenómeno, pero al mismo tiempo proporciona un enorme caudal de casos para la documentación y memoria e investigación de los hechos, cada cual desde su particular punto de vista. 

Como diría Husserl, el creador de la fenomenología, “a los hechos mismos, a la experiencia”. Aunque todo hecho acaba siendo transformado por la consciencia que lo percibe, esta consciencia es tanto personal como social, y esta acaba modificando los hechos mismos o dándoles un estatuto diferente al de su originaria causalidad. 

Parece como si hubiera un intento de empañar el fenómeno, sepultarlo en su propia casuística y oscurecer o diluir sus consecuencias. Podríamos decir que en esto como en tantas cosas, cuanta más información se tiene más se ignora. 





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