Fri 04-03-2011 08:06 PM
La mirada del viajero
Esta obra es el último premio Planeta (2010), concedido esta vez a Eduardo Mendoza. Parece que hay una connivencia entre los clásicos vivos de nuestra literatura y los promotores del premio, en beneficio mutuo. Pero claro, el premio tiene unas exigencias: unas concesiones a un público lector muy amplio, que exige una literatura comercial cercana al best seller.
Y la novela contiene todos los requisitos en este sentido, es divertida, absorbe la atención del lector por su trama novelesca, las anécdotas son abundantes, los personajes cercanos y reconocibles, el marco de la acción muy familiar.
La obra está concebida como una narración clásica, de narrador omnisciente y desarrollo lineal, se concentra en unos pocos días de marzo de 1936, en plena efervescencia política y conspiratoria contra la república. El autor ha tenido el acierto de crear un personaje extranjero, Anthony, un inglés crítico de arte, que es llamado a este escenario para certificar un Velázquez desconocido. Y este personaje está en el centro de todos los remolinos novelescos, de hecho sirve de guía para mostrarnos la España de entonces, vista por un extraño, y la España de siempre, figurada en la vida y la obra del pintor, del que se dan muchas noticias, aspecto este que pretende ilustrar a los lectores y los invita a contemplar sus cuadros.
Sin embargo, Eduardo Mendoza acomete algunos aspectos arriesgados, que sabe resolver con tino, como es reconstruir la personalidad y la acción de José Antonio Primo de Rivera y sus correligionarios. Sabe reconstruir un personaje al que saca del marco estereotipado con que es conocido, alabado y denostado, y nos los acerca en sus dimensiones más humanas y accesibles.
Por otra parte, la novela nos sitúa con mucho acierto y tonos caricaturescos en las intrigas políticas de entonces. Pero a estos elementos le faltarían contenidos amorosos, para que la obra sea del gusto de amplios sectores de lectores y lectoras. Y ahí no escatima medios, ya que una de las debilidades del inglés son sus devaneos amorosos, es soltero pero acaba de dejar a su amante inglesa, y se relaciona con las hijas de un aristócrata español al que de una manera muy íntima, rivalizando con el propio Jose Antonio, a riesgo de su propia vida. Así la novela va derivando hacia la trama del folletín que halaga al público.
El resultado de todo esto es una obra divertida, amena de leer, que absorberá a muchos lectores, pero que dejará un poco perplejo a un lector que exija innovaciones formales o retos literarios. Podemos disculpar de ello a Mendoza, por su amabilidad y el saber hacer literario y por haberse plegado a un horizonte convencional, al fin y al cabo la obra tiene su trabajo y demuestra maestría en el oficio, propia de una obra de encargo o que él mismo se ha encargado para acceder a un premio sustancioso. Pero la vida, como los personajes muestran muchas veces, tiene algo de alegre, de trágico y de cínico, y hasta los grandes genios, como Velázquez, tuvieron debilidades e hicieron concesiones a su tiempo. Se le puede agradecer haber escrito una obra entretenida para hacerno pasar buenos ratos en unas vacaciones, donde importe ante todo la evasión.
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