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Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
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01-05-2006

CUARTA DIMENSIÓN

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Esta Corrida de toros de Pablo Ruiz Picasso está concebida con estética a la vez cubista y expresionista. Un toro embiste a un caballo y ambos se pueden ver de frente y de perfil, logrando de esta forma la perspectiva múltiple que pretendía el cubismo. Por otra parte la simplificación de las formas y el dramatismo de la escena responde a una visión expresionsita de un espectáculo en el que se quiere subrayar lo primitivo y lo atávico.

El cubismo fue una estética de la cuarta dimensión. La represenación de las dimensiones en el arte tiene una historia que parte de la Edad Media, en la que los objetos y las personas se representaban de forma plana, de la misma manera con que los niños dibujan a las cosas. Con ello el arte quería reflejar el punto de vista de un Dios que viera a la vez todas las cosas, y para ello el universo se representaba de manera bidimensional.

En el Renacimiento se rompe esta concepción y aparece la perspectiva lineal, con lo cual se representa la tercera dimensión y el relieve de las personas y los objetos, de la misma forma en que son vistos por el ser humano.

El cubismo en su revolverse contra el realismo materialista de la era industrial pretende representar la cuarta dimensión, en la que lo visible aparece percibido desde todas las perspectivas, de ahí que se superpongan en sus obras diversas perspectivas y los objetos aparezcan desmembrados, al realizar el esfuerzo de representar la cuarta dimensión por medio de una figuración que opera sobre una superficie plana.

Por eso el cubismo de Braque y Picasso muestran múltiples perspectivas para representar las cosas, como si se hubiesen pintado por alguien que percibe la cuarta dimensión y es capaz de ver todas las perspectivas al mismo tiempo.

El texto literario en la linealidad de su significante realiza también proezas para integrar una perspectiva multidimensional dentro de la escritura. La perspectiva múltiple, en la que un mismo personaje es contemplado de forma diversa, no ya por el narrador único, sino por los demás persopnajes que cuentan en la historia, la encontramos en la obra de Marcel Proust. El relato que es contado por varios de sus participantes, aportando percepciones y focalizaciones muy diversas, a veces contrapunteadas, lo desarrolla Aldous Huxley. La historia que tiene múltiples desarrollos y contemplan todos los finales posibles la ensaya Borges en "El jardín de los senderos que se bifurcan". La inclusión del lector dentro del texto como víctima de la historia que está leyendo la podemos encontrar en "Continuidad de los parques" de Cortázar.

Pero incluso la temática de la cuarta dimensión aparece en la literatura desde Dostoyevski, cuando Ivan Karamazov especula con la existencia de dimensiones que vayan más allá del espacio euclidiano. Y este tema lo encontramos, por supuesto, desde las primeras novelas de ciencia ficción. En la obra H.G. Wells El hombre invisible, la invisibilidad provenía de la capacidad de su protagonista para adentrarse en la cuarta dimensión. Aunque este es un tema que ya estaba presente en la literatura de fantasmas. Oscar Wilde en "El fantasma de Canterville" sitúa a estos espíritus en la cuarta dimensión desde donde pueden proyectarse en la tercera dimensión.

La temática de la cuarta dimensión aparece incluso en las obras de Lenin y Mach, como una posibilidad que podía contemplarse, aunque en todo caso al zar había que derrotarlo en la tercera dimensión.

La cuestión toma un cariz distinto cuando Einstein piensa nuestra realidad en términos de espacio-tiempo, donde la cuarta dimensión sería precisamente el tiempo ligado a cada espacio en particular.

Las geometrías no euclidinas, de n dimensiones, y las cosmologías de diverso trazo contemplan también un universo pluridimensional, algunas de ellas, como la teoría de las supercuerdas, conciben un universo de diez dimensiones.

De esta manera un problema que era más bien místico y metafísico reaparece en la ciencia y a la tecnología, con algunos experimentos célebres y penosos de trasladar embarcaciones a la cuarta dimensión, para después recuperarlas con una apariencia que nos recuerda los cuadros cubistas, el famoso "Experimento de Filadelfia".

Y es que parece que un mundo de solo tres dimensiones se nos queda pequeño a los seres humanos, pues en nuestros sueños y fantasías vivimos experiencias de más de tres dimensiones. Y entonces eso nos lleva a buscar algo que en principio pertenecía al universo onírico, poético o literario.

Y así la física teórica, para integrar en un único campo unificado de fuerzas las cuatro fuerzas fundamentales del universo: la interacción nuclear fuerte, la débil, la gravedad y el electromagnetismo, tiene que recurrir a un esquema de múltiples dimensiones, en donde cada fuerza se va integrando con las demás en dimensiones superiores.

Esta teoría del campo unficado es de hecho una teoría del Todo, pues engloba todos los fenómenos perceptibles. En una cuarta dimensión podemos unificar el espacio y el tiempo. En una quinta dimensión podemos unificar la teoría de la luz con la de la gravitación. Las fuerzas nucleares débiles o fuertes pueden a su vez unificarse con las demás en siguientes dimensiones. En un nivel determinado se produce una supersimetría a partir de la cual podemos unificar los quarks con el modelo gravitacional de Einstein, basado en la curvatura del espacio-tiempo.

Estas teorías nos llevan a concebir el big bang como una fragmentación en un universo de diez dimensiones, en el que todavía no había nada. Por una parte se agrupan cuatro dimensiones y se expanden produciendo la explosión original, y por otra parte las seis dimensiones restantes se reducen a un punto adimensional, con relación a la expansión generalizada.

Los agujeros negros pueden contemplarse como puertas de entrada a universos paralelos, y ello permitiría los viajes en el tiempo, hacia el pasado o hacia el futuro, previstos en la ciencia ficción, ya que los extremos de un agujero pueden conectar dos eras. De esta forma fantasía y realidad pueden acabar tocándose y el sueño puede hacerse realidad, al mismo tiempo que la realidad se convierte en un sueño.

Y como decía U. Eco esa es una de las características apasionantes que tiene vivir en nuestra época, a pesar de todos los pesares, lo que antes se consideraba como pura especulación gratuita se va acercando a lo posible y realizable, y de esta forma la realidad agranda su esfera y nos acercamos a lo que antes se consideraba imposible.

Viajeros por el espacio tiempo que hayan resuelto ya estos retos podrín asomarse a nuestro espacio tiempo y contemplarnos con compasión o con ternura viendo su pasado en nuestro presente, y tal vez tentados a proporcionarnos alguna pista de acceso a su mundo o a sus concepciones, si bien con el cuidado de no interferir o distorsionar un proceso que tenemos que realizar nosotros mismos, suponiendo que sean todo lo sabios que se requiere para haber llegado a pensar y a utilizar las dimensiones del universo.

Pues el obstáculo para llegar a este descubrimiento definitivo es tanto teórico como social, haría falta una civilización estable y equilibrada que permitiera un desarrollo sostenido sin quiebras ni retrocesos. Y nuestra época no nos permite ser demasiado optimistas al respecto, pero sí que nos pone en el dilema de integrar los campos de fuerzas y equilibrar las tensiones sociales, en un esfuerzo teórico, social y medioambiental que debe ser ser forzosamente paralelo. Si conseguimos integrar, unificar y equilibrar todo esto, será posible también conocer el universo en facetas hasta ahora inéditas.

↓ 04-2006