TEXTOS | 04-2011 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
↑ 05-2011

28-04-2011

Redes de textos

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Jesús Camarero, Intertextualidad. Redes de textos y literaturas transversales en dinámica intercultural, Barcelona, Anthropos, 2008

En un mundo global las redes de textos operan creando un hipertexto común, plagado de elementos intertextuales de múltiple procedencia. Las redes de textos, ejemplarmente utilizan Internet, pero no únicamente, creando un sistema global de comprensión e interpretación de la literatura, con todos sus textos y épocas incluidos.

Esta pluralidad cultural hay que abordarla desde la literatura comparada y la hermenéutica. Las redes de textos se nutren de elementos transversales e interdisciplinares, así como de elementos multiculturales, creando una especie de intertexto cultural accesible para el porvenir plantario.

El concepto de intertextualidad, forjado por Bajtín y continuado por Barthes y Kristeva, Genette, Riffaterre, y sus tipologías, está en la base de esta propuesta. En tanto que la intertextualidad supone una interacción entre lectura y escritura genera una red de significados asumibles y accesibles para autor y lector. La red de creación y de interpretación muestran el anverso y el reverso de esa práctica. Las redes son semióticas, están formadas por conjunto de signos y códigos.

En este sentido la escritura es metatexto, en el que se transfieren una serie de mensajes que circulan de forma fecunda para autores y receptores. Cada autor crea una red en su ámbito de temas y preocupaciones que opera a modo de paradigma, cuyos elementos se insertan en nuevos sintagmas creativo-interpretativos, de tal manera que los paradigmas se interpenetran y no son puros, sino mixtos, creando redes de intertextos literarios (Cervantes, Borges, Joyce, etc.).

Así por ejemplo, en la última novela de J. Marías, Los enamoramientos, el tema del amor se inscribe en la temática y estilo propios de este autor, bajo la mirada intertextual de Shakesperare (Macbeth), Balzac (El coronel Chabert) y Dumas (Los tres mosqueteros), abismado en la sociedad actual donde la impunidad es algo aceptado, salvo que nos afecte muy directamente, y el amor es tanto una componenda circunstancial como el motivo de un crimen.

27-04-2011

Texto enumerativo

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ECO, Umberto, El vértigo de las listas, Barcelona, Lumen, 2009

La enumeración de personas, objetos, circunstancias diversas, es un elemento importante y aun esencial de la descripción. Aparece en la literatura desde las primeras manifestaciones hasta nuestros días, en los que la literatura enumerativa, clasificatoria, descriptiva ha tenido importantes valedores como Joyce, Borges, Queneau o Perec.

También las artes plásticas enumeran personajes presentando una amplio repertorio de ellos amplios cuadros de conjunto, que tanto abundan en el Renacimiento o el Barroco, y lo mismo ocurre con la enumeración de objetos, en los bodegones. Los cuadros de amplias perspectivas, paisajes y jardines contienen también un gusto por el repertorio de flores y parterres. Las obras plásticas que presentan estudios de pintores, gabinetes de arte, anticuarios, nos muestran también un abigarrado repertorio de objetos, que abunda en lo que Eco llama el “vértigo de las listas”, una de las formas en que se muestra el horror al vacío, la retórica de la abundancia.

Esta obra opera a su vez como una lista repertorio de textos literarios citados y de obras plásticas bellamente reproducidas, y comentadas, haciendo gala a lo que su título promete ofrecernos, un repertorio de vértigo del vértigo de las listas. Las listas acaban anulando lo que pretende, ser la taxonomía ordenada de todo lo real o imaginario. Pues ninguna clasificación será tan completa y ordenada como pretenda, pues se le escaparán las excepciones, los objetos o lugares inclasificables, la dispersión infinita de lo diferente, el caos. El vértigo de las listas nos avoca a una sensación de caos, por exceso, por redundancia, por imposibilidad. Toda lista es necesariamente incompleta, y el universo es una lista infinita que se va ampliando sin límites. La lista exhaustiva acaba convirtiéndose en la pesadilla del totalitarismo.     

26-04-2011

Relatos de amor y desamor

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Javier Marías, Los enamoramientos, Madrid, Alfaguara, 2011

Esta es una doble historia, una historia de un primer amor feliz, en el que acaba siendo excluido uno de los personajes, para dar paso a un segundo amor, que el primero hacía imposible. Las historias de amor, desde Edipo, son historias de una exclusión, voluntaria o forzada, azarosa o perpetrada. Dos personajes son excluidos para que otros dos puedan desarrollar su amor, queda la duda sobre la licitud del procedimiento de exclusión.

Pero eso pertenece al tema de la novela, a partir del cual discurre un relato mucho más amplio, a cargo de la narradora y protagonista de uno de esos triángulos amorosos, y finalmente excluida, que reflexiona, calibra, sopesa, observa y califica las acciones y palabras de los demás. Todo ello en el contexto de nuestra sociedad actual y sus lacras morales.

La obra se ve sazonada por citas literarias explícitas de tres grandes autores: Shakespeare, Balzac y Dumas, que a través de historias inventadas cuentan verdades psicológicas, que son las que importan, historias en las que el amor es elección y exclusión más o menos culpable, como en el mito de Edipo. Javier Marías ha podido, ha querido o ha aprendido a contar una historia con mayor economía de discurso y más concesiones al lector o lectora, semántico e impaciente, de nuestros días. Pero no deja de ser el reflexivo y meticuloso escritor que se debate en una perpetua duda hamletiana. El autor que gusta a su público, al que ha dado una nueva oportunidad de fruición literaria.

La obra está divida en cuatro partes, articuladas en capítulos sin numerar. Todo el texto dimana de la voz de una narradora, testigo presencial, que se va involucrando con los personajes a los que no conocía nada más que de vista y con los que acaba relacionándose de forma directa, para descubrir así el móvil del asesinato, pedido o perpetrado, de Miguel Desvern, cuya mujer queda viuda y a merced del mejor amigo de la familia, Javier Díaz-Varela, que la cuida, la atiende y trata de ganar su amor.

La novela comienza, como tantas otras de su autor, con el relato de una muerte, un crimen que se comete en un aparcamiento de automóviles, donde es acuchillado varias veces Miguel Desvern, por un aparcachoques, sin motivo aparente para hacerlo, salvo su supuesto desequilibrio mental.

Los primeros capítulo están dedicados a la descripción minuciosa del matrimonio formado por Luisa Alday, profesora de universidad, y Miguel Desvern, un empresario de unos cincuenta años. Esta es la pareja que María Dolz se encontraba todos los días en la cafetería donde desayunaba antes de entrar en la editorial. Ver a una pareja tan armoniosa y feliz le daba ánimos para afrontar la larga jornada. Pero un día dejaron de venir y varias semanas después una compañera del trabajo le informa de que el marido ha sido asesinado en un aparcamiento. Entonces busca información en Internet y se entera de la violenta muerte de este hombre. Cuando después del verano la viuda acude a la cafetería, María se acerca a ella para expresarle su condolencia y traban conversación. Luisa invita a su casa a María, allí le cuenta sus impresiones tras la muerte de su esposo y aparecen dos personas, Francisco Rico, ocurrente y fatuo, y Javier Díaz-Varela, el amigo de la familia, que trata con gran deferencia a Luisa. La narradora en algunos capítulos fantasea a partir de esta visita conversaciones entre Javier y Luisa, según la idea que se había formado de ellos.

En la segunda parte, cuenta como se enamoró de Javier, al que encontró tiempo después en la calle. En sus conversaciones hablaban a menudo de la muerte y de sus causas y consecuencias. Llegan a hacerse amantes, pero Díaz-Varela le advierte que no es la única ni puede esperar exclusividad, le confiesa que está esperando que Luisa olvide a su marido y se fije en él, para poder unirse a ella. Sostienen largas conversaciones en las que sale a colación una novela de Balzac, El coronel Chabert, que fue dado por muerto en una batalla y reaparece años después, ya curado de una terrible herida en la cabeza, causando la incomodidad de los que lo creían muerto, especialmente de su mujer, que se había casado con otro, y quien niega que sea él y lo quiere enterrar por segunda vez. María Dolz fantasea a veces con que si desapareciera Luisa ella podría ocupar su lugar en el corazcón de Díaz-Varela, y se sorprende deseando su muerte. Un día, estando en casa de su amante, llega Ruibérriz de Torres con el que Díaz-Varela tiene una conversación que María escucha a escondidas, hablan del peligro que corren, pues el gorrilla está empezando a hablar. Entonces descubre que la muerte de Desvern había sido inducida por Ruibérriz, a petición de Díaz-Varela. María esconde que ha oído la conversación, pero este sospecha que la haya escuchado. Ahora se siente temerosa y amenazada, y empieza a odiar al que antes había amado.  

En la tercera parte, hay un distanciamiento entre María y Díaz-Varela. María se preguntaba si debía advertirle a Luisa de la influencia que este había tenido en la muerte de su marido. Javier llama a María para quedar con ella, y mientras lo espera recuerda la novela de Dumas, Los tres mosqueteros, que su padre, que también había estudiado en un colegio francés, como Díaz-Varela, le contaba. En ella Athos cuenta a d`Artagnan su propia historia, como si se la atribuyera a un aristócrata, como se había enamorado de una jovencita de dieciséis años, bella “como los enamoramientos”. Un día van de cacería y ella cae del caballo, entonces él va a auxiliarla y con una daga rompe el vestido que la asfixiaba, viendo que tenía grabado en su hombro, con fuego, la flor de lis, la marca que le ponían a las prostitutas o a los ladrones. Entonces Athos la colgó de un árbol. Ella piensa que podría hacer lo mismo con Díaz-Varela, mientras lo espera, denunciarlo a la policía, contarle lo que sabe a Luisa. En la larga conversación que mantienen ella confiesa que oyó lo que hablaban. Él, para justificar el asesinato, le confiesa que Miguel le había pedido que le procurara una muerte rápida, pues estaba aquejado de un cáncer en los ojos que le iba a causar en poco tiempo una muerte terrible. Ella no lo cree y le pregunta por qué no se suicidó.

En la cuarta parte, se le pasa por la cabeza a María averiguar la veracidad de la explicación que le había dado Díaz-Varela, pero no lo hace. De vez en cuando aparece una cita de Shakespeare, aspecto este inevitable en toda obra de Javier Marías, lo que dijo Macbeth al enterarse de la muerte de su mujer “there would have been a time for such a word”. A María se le va pasando la impresión que le ha causado todo esto y la parece semejante a lo que ocurre en la novela de Balzac de la que le hablaba Díaz-Valera, o la de Dumas.

Un día Ruibérriz va al encuentro de María y la quiere invitar a bailar, mantienen una conversación y ella le informa de lo que sabe. Hablando con él se entera de que Ruibérriz había matado a una persona en México, hace tiempo, para defender a Elvis Presley, según le dice.

Ella va olvidando el asunto, conoce a otro hombre. Un día que estaba cenando en un restaurante ve a Díaz-Varela con Luisa, ya se habían casado y parecían felices. Piensa que está en sus manos arruinar ese matrimonio. Se acerca a ellos y él la mira con pavor, mientras que ella la reconoce como la llamaban cuando vivía su marido: “La joven prudente”. Entonces entiende que no puede pertubar la nueva paz de Luisa y decide retirarse, elaborando en su mente un monólogo interior con que acaba la obra. 

Como ocurre en tantas novelas de Javier Marías, la peripecia en sí misma es breve y se podría contar rápidamente, la mayor extensión del discurso no está consagrada a contar la historia, sino a suponer, sospechar, sopesar, entrever, valorar, reflexionar y hacer toda clase de consideraciones sobre la conciencia y la conducta humana, que entran todas en el discurso interior del narrador, o en este caso narradora. No son tanto los hechos mismos los que hacen relevante la novela, sino las consideracione que sobre los hechos se realizan, alargando un relato que de otra forma hubiera sido mucho más breve. Esta morosidad puede resultar irritante a un lector apresurado, pero para el lector modelo de sus obras constituye uno de los mayores deleites, ya que los hechos son siempre decepcionantes y lo que salva la vida es la capacidad de apreciar el sentido y la intención de las acciones humanas, su valor moral, la ética que preside los actos, lo que la conciencia aprecia detrás del escenario.

25-04-2011

La fórmula de la novela

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Yoko Ogawa, La fórmula preferida del profesor, Editorial Funambulista, Madrid, 9ª edición, 2010

Novela de aprendizaje, en la que no es solo el niño que aprende los secretos de la vida, sino también su madre, narradora, y el profesor que le enseña a ratos fórmulas matemáticas para la vida. Las continuas referencias a los problemas matemáticos son una metáfora para aprender afrontar los verdaderos problemas y sus incógnitas, los de la vida misma.

24-04-2011

La pasión de contar

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Julio Llamazares, Tanta pasión para nada, Madrid, Alfaguara, 2011

Doce cuentos y una fábula, casi todos inéditos, en los que el autor insiste en su pasión nihilista. Para Llamazares el arte de contar y de escribir, de leer y de pensar, forman parte de las vida y nos permite seguir viviendo, “a pesar de que conozcamos su inutilidad”.

Son historias de personajes enteros, ajenos, individualistas y solitarios, resistentes a toda abdicación, que siguen un camino que les lleva al desencuentro y que acaban desapareciendo en su singularidad irrepetible, diluyéndose en la nada. Todo tiene su historia, incluso la del escritor atascado, que no la encuentra y vive la historia de no poder contar. La geografía de muchas de estos relatos se sitúa casi siempre en el mundo rural, en pueblos remotos y olvidados, historias de maquis, de mineros, de desaparecidos. En ellos hay un cierto regusto de las leyendas románticas, atenuado por la brevedad y el realismo.   

La fábula final es muy breve y merece la pena no olvidarla.

“Mis padres se pasaron la vida pensando en el día de mañana. Tú piensa en el día de mañana; tú ahorra para el día de mañana, me decían. Pero el día de mañana no llegaba. Pasaban los meses y los años y el día de mañana no llegaba.

            Hoy, de hecho, mis padres ya están muertos y el día de mañana aún no ha llegado”.

20-04-2011

Voces imaginarias

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En esta obra comenta Antonio Tabucchi las circunstancias que acompañaron la escritura de sus obras, y como en muchas casos fue guiado por sincronías impensadas o por azares imprevisibles. El texto de la obra y la trama de la vida van entretejiendo una red en la que quedamos atrapados o seducidos.

El escritor en cierto modo es él mismo cada uno de los personajes y situaciones de sus obras, como ocurre en los sueños, donde todo el escenario y los actores lo fabrica nuestro subconsciente.

Nunca se sabe dónde acaba lo propio y dónde empieza lo ajeno, cuáles son los límites, y ni siquiera si existen límites más allá de los que nuestra razón quiera establecer para situarse y entender lo que no está sujeto a una lógica enteramente racional.

Tabucchi va dando ejemplos en de todo esto, y vemos como sus obras fueron escritas por una voz imaginaria que se pasea por su existencia y que él sabe escuchar, sin cuestionarse demasiado de dónde proviene. Nunca se puede indagar hasta el límite el origen de los acontecimientos, porque en esa investigación se desbarata todo el escenario y en lugar de encontrar mayores certidumbres nos quedaremos sin saber nada de nuestras voces imaginarias. Todo estaba antes ya, en un futuro anterior.

19-04-2011

Prensa juvenil

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No recuerdo que en el Instituto Bejamenta hubiera ningún periódico escolar. Estas hojas volanderas han sido, a veces, así lo fueron para Salinger, lugares de lectura y de escritura, un primer cauce abierto a la iniciación literaria de muchos jóvenes.

Esta Tribuna Juvenil es un buen ejemplo de periódico escolar entregado a las inquietudes de estudiantes que saben decir lo que piensan y piensan bien lo que saben, para comunicarlo de manera inteligente y amable a los demás.

La escritura periodística es punto de novedad y reflexión crítica y creativa en la que confluyen diversas perspectivas y voluntades, sin necesariamente caer en la simple tentación de ridiculizar al otro.

¿Qué lugar podría ser habitable sin textos en los que abismarnos y descubrirnos?    

Recuento vital

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Laurecen Sterne se hace a sí mismo en su Tristam Shandy, por eso lo recordamos y lo celebramos, como el autor que se puso a contar su vida y contó solamente algunos pasajes de la vida de los demás. 

Esta forma de encarnarse en el texto mediante la voz de la escritura, de la palabra, del discurso, en tramas que se abren y que no es posible acabar de contar, porque "la vida nos reclama" y nos lleva de claro en claro, de digresión en digresión, es la que eligen los que saben que una vida sin relatos no merece la pensa ser vivida.

Nuestra vida no escrita está llena de enredos que abren claros en la vida escrita y contada, a la que dedicamos muy poco tiempo, a veces ninguno. Y por eso la mayoría somos escritores sin obra, hijos sin hijos, seres ágrafos, por pereza, por timidez o por descuido.

No le ha ocurrido esto a Ramón Gonzalo Rodríguez, que ha sabido dedicar espacios y tiempos a su vida escrita, para darle fábula y leyenda a la otra vida, la cotidiana y limitada. Es en la vida del texto en la que podemos ser en verdad libres y creativos, y en verdad perennes para los otros.

Por eso agradecemos a Ramón las tramas de sus historias, los personajes y las maravillas vividas en subjuntivo. Cada uno de sus textos es un mundo, con el que podemos comunicarnos y entablar un diálogo con su autor, cuyo pensamiento nos acompaña a través de sus textos.    

Retórica de la burla

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Una historia llena de ironías, burlas y juegos de humor, que resulta deliciosa para el lector, por sus abundantes juegos de palabras y autorreferencias.

Al final de la misma hay un índice alfabético de los procedimientos retóricos empleados, porque el sencillo argumento se cuenta con toda clase de artificios, empleados en plan lúdico.

En realidad la obra se presta a una doble lectura, la de un lector semántico que aprecia el desenfado lleno de júbilo, y la de un lector crítico que quiera comprobar los procedimientos retóricos que se lucen y dan brillo poético a un relato que, de otra manera, sería demasiado trivial.

Y es que para Perec la literatura es ante todo juego, pero un juego pensado, consciente, en el que las reglas las establece el lenguaje y la experimentación de nuevos procedimientos narrativos. En este caso el burla burlando del juego con los nombres propios, que se transforman a cada paso, buscando nuevas fórmulas a cada cual más expresiva y sorprendente.

18-04-2011

Deconstrucción, in memoriam

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Jacques Derrida ha elevado la filosofía a la categoría de género literario, la ha situado dentro de la literatura fantástica, el lugar que esta merece como discurso metafísico. Por negar la diferencia entre realidad y ficción fue postergado por algunas instituciones académicas. Colocado junto a un Borges deslumbrado por la visión de los esplendores, constituye la otra cara de la literatura en la que el libro suplanta a la realidad y la acoge dentro de él.

El libro, el texto escrito, es también la mente como producto de ella, y por tanto nos permite reconocer que son las operaciones mentales las que otorgan al mundo su sentido.

El texto es una construcción de pensamiento y lenguaje, donde ambos están inseparablemente unidos y proyectan un mundo posible. Deconstruir la relación entre pensamiento y lenguaje, de un lado, y entre lenguaje y realidad, de otro, es descentrar la solución clásica que otorga primacía a la realidad, en la que se instala el lenguaje y finalmente el pensamiento.

Invirtiendo la relación, colocando en el centro lo descentrado, quizás entendamos mejor lo que se nos niega, el entendimiento como factor generador de todo lo demás. Como en la deconstrucción de la sensación de dolor que provoca un pinchazo, realizada por Nietzsche, no es este el que desencadena el proceso, sino la percepción misma convertida en causa que nos indica qué es lo que ocurre: "un alfiler ha atresado nuestra piel", con lo cual el efecto se convierte en causa de su reconocimiento.

Y así, Derrida es, ha sido, sigue siendo, esa conciencia del alfilerazo que ha sufrido la filosofía en el siglo XX, conmovida ya no tanto por la realidad como por la advertencia de que es el discurso, el texto escrito, el motor de todo el proceso de pensamiento y el lugar de existencia para la reflexión y el sentido.

Como en el relato de Borges, "El jardín de los senderos que se bifurcan", la vida de Derrida ha tomado otra dirección y se ha internado ya en la novela china donde estaba escrita desde siempre, ahora que él la ha podido leer/escribir completamente.

Nos ha dejado a nosotros en un página distinta, en nuestro capítulo que sigue un decurso escriturario en el que cada día somos autores y a la vez lectores, para finalmente dejar nuestro volumen en el anaquel de las novedades. "No dejará de haber una cita de sus textos en el nuestro, ni su novela sería menos leída ahora que ha acabado, que se ha deconstruido como discurso, pero no como recurso. De nuevo ha pasado el ángel de la diferancia".

13-04-2011

Recuerdos inventados

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Esta antología de los mejores relatos de Enrique Vila-Matas contiene un relato original, que le da título a todo el volumen, recientemente publicado.

En él se plantea la dicotomía del relato realista, tipo Simenon, y del relato vanguardista tipo Finnegans Wake.  Uno y otro tienen ventajas y limitaciones evidentes. Contar una historia sin más es algo que se ha explorado sin límites y que es perfectamente previsible. Contar una historia que se hace a sí misma desde el lenguaje, la duda, la interrogación, la desesperación y la incertidumbre, es algo que aporta novedad y sorpresa, pero que puede resultar intransitable para el lector.

De esta forma Vila-Matas cuenta una historia realista y especula con las posibilidades de contar historias siguiendo los dos formatos, en un intento de encontrar la fórmula de un encuentro entre ambas posibilidades, que no venga dada de antemano, sino que sea un hallazgo en el camino de la escritura.

Es el problema que Vila-Matas se plantea tantas veces en sus novelas y relatos, tratando de encontrar una solución imposible, pero en el intento está el interés y la novedad. Sus lectores modelo le agradecen además las citas y referencias a otros autores, pues le abren ventanas al mundo de la escritura, aunque algunas de estas sean ventanas pintadas en la pared, trampantojos.

En el fondo la literatura plantea siempre la cuestión del estatuto de realidad de lo imaginado. ¿Por qué lo imaginado o lo inventado va a ser menos real que lo experimentado en la vida cotidiana? Si fuera una invención gratuita y sin sentido sería intransitable. Hay una verdad intrínseca en las invenciones literarias, una verdad distinta desde luego, pero no menos interesante. La verdad de todo un mundo posible, más o menos lejano al mundo real.

Los "Recuerdos inventados", título de otro de los relatos del libro, tienen mucha más gracia que los recuerdos propiamente dichos, si es que todo recuerdo no acaba siendo objeto de invención del que lo cuenta, adornándolo debidamente con los ingredientes del discurso.   

Esto es lo que hacemos al soñar, adornamos, transfiguramos las experiencias diarias, que adquieren matices desproporcionados, disparatodos, excesivos, es decir, son convertidas en materia de nuestra, pues no se olvide que como decía Shakesperare "estamos hechos de la materia de nuestros sueños".

12-04-2011

El deber de leer

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Bayard, Pierre, Cómo hablar de los libros que no se han leído, Barcelona, Anagrama, 2008

Como decía Oscar Wilde “Jamás leo los libros que debo criticar, para no sufrir su influencia”. Esta obra no es un manual de pseudoerudición que permita fingir la lectura de obras no leídas. Parte de la comprobar que la sacralización del libro ha llevado a una ética que impone la necesidad de haberlo leído todo y tener que hablar de ello fingiendo haberlo hecho.

Esta imposición ha pesado sobre todo en la vida académica, y lleva a citar y comentar obras sin haberlas leído, algo que nadie confiesa, sobre todo cuando se habla de literatura y se enseña sobre ella. Muchas veces ni los profesores ni los alumnos han leído las obras de las que hablan, o al menos no del todo, pero una especie de imposición les hace tener que fingir su lectura, creando una hipocresía sobre la lectura.

Señala el autor que muchas veces ha sostenido interesantes conversaciones sobre libros que ninguno de los contertulios ha leído, y no por ello sus aportaciones han sido menos creativas o interesantes que si los hubieran leído de verdad.

Pues lo importante es la capacidad de crear, inventar, discurrir sobre los libros, en general, y sobre algunos en concreto, a partir de ciertas prácticas de lectura. Muy pocos lectores, como Montaigne, confiesan no haber leído o no haberlo hecho del todo -solo fragmentos ocasionales- y haber olvidado las obras leídas.

Tal vez junto a la lectura habría que ofrecer el gusto y la conveniencia de escribir, imaginar, crear, sin demasiadas ataduras a lo que dicen los libros ya escritos. Si los libros ya escritos nos limitan hasta el punto de prohibirnos pensar, soñar o fantasear sin su previa consulta, entonces lo mejor que podemos hacer es darle la espalda a los libros ya escritos para poder hacer los nuestros. Esto ya lo hacía Borges que inventaba libros y autores con toda seriedad y escribía historias fingiendo haber leído libros inexistentes. 

Por mi parte confieso que este libro, siguiendo sus consejos, no lo he leído del todo, y ello lo hace mucho más interesante, guardo el deseo de seguir ojeando sus páginas, pero también puedo inventarme el contenido de muchas otras.

11-04-2011

El observador observado

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La autoobservación es el resultado de observar al observador. Un pensamiento atento y callado abarca la corriente de pensamientos que recorre la mente, y esta se aquieta y remansa, para dar paso a un nivel de pensamiento más profundo, que fluye desde nuestro interior.

La autobservación permite nuestro autoconocimiento, ir levantando las capas que nuestra personalidad ha ido superponiendo para acallar el núcleo de nuestra presencia.

La autobservación es la esencia de todas las prácticas de reflexión y de meditación, que partiendo de la superficie de nuestras impresiones y sensaciones va calando en estratos cada vez más íntimos y creativos.

La autoobservación abre un horizonte ilimitado de exploración de nosotros mismos, hasta que el observador y el observado se reconocen como dos aspectos de la misma realidad.  

La autobservación de instante en instante nos libera de todos los condicionamientos y apegos, nos permite ser lo que somos, atravesar la barrera de la ilusión y encontrar nuestro núcleo de verdad y consciencia incondicionado. 

Universos paralelos

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Esta antología de grabados y dibujos de Escher nos permite seguir su trayectoria plástica, que partiendo de la estilización de los paisajes italianos nos lleva a la representación de las geometrías imposibles.

En esta trayectoria influyó de forma decisiva la contemplación y el estudio de las formas geométricas encajadas de los mosaicos de la Alhambra, donde cada hueco es a su vez la repetición de la misma forma o de otra configuración igualmente geométrica, de tal manera que no hay vacío, todo contorno de una figura define otra figura igual o antitética.

Del plano geométrizado se va pasando a la representación plana de la tercera dimensión, y de esta al encaje de dimensiones múltiples, integradas en figuras poliédricas.

Los espacios no solo se yuxtaponen y se ordenan mutuamente, sino que se incluyen unos a otros, jugando con perspectivas múltiples, cintas de Moebius, correspondencias y exclusiones.

Toda su obra es un aprendizaje y una invitación a pasar de la geometría del plano a la de la tercera dimensión, y de esta a la cuarta dimensión, en la que tendrían coherencia los espacios de las geometrías imposibles.

La obra de Escher debe mucho a la observación del arte y las formas geométricas, pero tal vez mucho más a las visiones interiores que poblaban su imaginación, de las cuales solo pudo plasmar, según su testimonio el uno por ciento.      

10-04-2011

Texto / Mundo

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Esta obra recoge una colección de ensayos y textos de reflexión literaria en los que podemos reconocer al Italo Calvino que se ha alejado del realismo y ha explorado la literatura como mundo autónomo, hasta convencerse de que las relaciones de esta con el mundo supuestamente real no son de espejo ni de ilustración mutua, sino que entre lo escrito y lo vivido hay siempre una separación semejante a la que en la lengua existe entre lo fonético y lo fonémico.

El mundo escrito es mental, el mundo no escrito es sensorial y perceptible. Entre ambos el lenguaje teje un puente, que permite pasar de uno a otro, pero a sabiendas de que ninguno puede contener al otro del todo.

El intento de Calvino de subsumir el mundo en el libro, siguiendo la metáfora del mundo como biblioteca, tampoco resulta posible, se agota en sí mismo. Hay un mundo interior, poblado de ciudades invisibles, y comunicable mediante páginas de libros. Este mundo tiene sus dimensiones y sus límites, y el escritor ha de tratar de romperlos, sin conseguirlo nunca ni del todo.

El mundo no escrito aparece como caótico y catastrófico, el mundo escrito está ordenado por el lenguaje y las ideas, parece reconfortarnos de lo experimentado, y situarnos en el dominio de lo pensando, soñado o anhelado. Ambos mundos comparten la necesidad de interpretar el sentido que los preside o que los reclama.  

03-04-2011

Sistema autocomprensivo

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El dilema que plantea esta extensa y documentada obra, en fuentes que van de las obras de Escher a la música de Bach, pasando por el zen o la inteligencia artificial, entre otras referencias, es el de la posibilidad o imposibilidad de que el sistema mismo se contenga a sí mismo, o sea necesario contenerlo en otro sistema en el que se integre y se fundamente.

Los sistemas, como el lingüístico, textual, pictórico, musical, etc., tienen una estructura propia pero requieren de una apoyatura material para plasmarse. No son capaces de generar por sí mismos la materialidad que los soporta o en que se soportan.

Otras veces, los sistemas axiomáticos, necesitan principios últimos indemostrables o elementos de referencia que son excluidos por ellos, pero que le sirven para instaurar sus categorías, así la noción de verdad necesita del valor antitético de mentira, y la definción de los números de la serialidad indefinida.

Lo paradójico, que parece negar el sistema o desmontarlo, acaba siendo su fundamento y su recurso, pero al tiempo que lo instituye niega lo que propone. La paradoja acaba siendo la verdad más profunda y más endeble.

↓ 03-2011