TEXTOS | 10-2006 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
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29-10-2006

TEXTO VIDA

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La editorial Tusquets ha publicado la Poesía (1980-2005) de Luis García Montero. Poeta de la experiencia su obra, completa ya, es poesía testimonio de la propia existencia, vivencia textualizada, sentimiento en imágenes.

La percepción del tiempo y del momento vital anclado en su conflicto es el contenido argumental de la mayoría de los poemas. Una obra muy consciente además de su carácter poético, se convierte en muchas ocasiones en metaliteratura, en metapoesía.

Así cuando establece su poética "porque esto es la poesía: dos soledades juntas / y una experiencia noble de contarnos la vida" ("Espejo, dime"), apuesta por un doble diálogo, del poeta con su vida, y del poema con el lector.

Una poesía tan vivencial y cercana al lector, tan sencilla y transparente, no podía ser menos que apreciada y reconocida por el público y la crítica.

El texto-vida, se convierte también en su obra en la vida del texto, obra ya con historia y anécdota, anecdotario muchas veces, sin más pretensiones que dar testimonio de sí mismo/misma.

25-10-2006

Trampantojo

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Esta Cabeza de cordero pintada por Francisco Cerezo Moreno es un magnífico ejemplo del bodegón barroco español. Por una parte la expresión naturalista del motivo, una cabeza de cordero desollada y dispuesta para ser asada, y el instrumento ejecutor, el cuchillo, sobre la mesa, cuya hoja sobresale del borde de la misma.

Sobre el fondo oscuro, negro, resalta el motivo que aparece sobresalir de entre las sombras y se hace patente al entrar en la zona de luz. Los colores son cálidos, rojos sobre todo en la cabeza, blancos en el plato, y pardos en el resto de los elementos.

Se utiliza el efecto de engaño visual, trampantojo, por el cual nos parece que la hoja del cuchillo se sale del cuadro propiamente dicho.

El efecto de relieve, de realidad, de desbordar el marco, es siempre muy querido y celebrado por la figuración barroca, que trata de sorprender al espectador, maravillarlo, y también demostrarle la eficacia del engaño bien fingido. De ahí el culto al desengaño, típicamente barroco, al tiempo que la obra se abre al espectador, se sale de su marco, invade la zona de la mirada.

El cuchillo es también una línea diagonal en el conjunto centrado y circular de la composición, como una línea casi tangente a la sombra del plato. Un cuchillo de cocina, como corresponde al manjar que se está preparando y que todavía está en ejecución. Esa complacencia anatómica del motivo, es también muy del gusto naturalista barroco, mostrar lo interior del cuerpo, lo que no se ve, el mecanismo de la vida.

Retrato naturalista

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Este Retrato de bebedor de Francisco Cerezo Moreno es un trabajo de estudio, pintado al natural, en el que se capta la psicología de un personaje anónimo, partiendo de su adicción a la bebida, manifiesta en la coloración de su cara, en sus ojos algo vidriosos, y en su nariz enrojecida.

El personaje no está derecho, sino apoyado en una silla y sosteniendo un vaso que en este momento no vemos, debido al encuadre de la fotografía.

Es un estudio naturalista, resuelto a grandes trazos y con incisiones en algunas partes, que marcan formas. Estas incisiones son posibles gracias a que el cuadro está pintado sobre tablé. La iluminación lateral nos muestra los dos lados de la cara en un contraste muy acusado, la derecha es muy visible, la izquierda apenas está esbozada, ensombrecida por la falta de luz.

Pero lo más expresivo del retrato es la mirada intensa dirigida hacia el espectador, una mirada frontal, confidente, que parece decirnos "este soy yo, sumido en mi degradación". No busca nuestra aprobación, solo nos muestra su situación actual.

El retrato pictórico, al igual que el psicológico, que aparece en las obras literarias, es tanto más expresivo cuanto más insiste en los rasgos esenciales del personaje, dibujado en sus notas más sobresalientes, ya que en lo que no nos dice suponemos que este es igual que nosotros, que todos los seres humanos.

Más aún el retrato naturalista no trata de idealizar al personaje, lo muestra con una crudeza ejemplar, sin por eso convertirlo en un esquema o en un tipo, sigue siendo alguien irrepetible, único, singular, pero alguien que comparte también una situación que está extendida en el medio al que pertenece. Es pues, un retrato psicosocial, un texto de lectura sintagmática.

22-10-2006

El rostro como texto

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Este retrato pintado al óleo por Francisco Cerezo Moreno nos muestra el rostro de una mujer. Es un retrato frontal, en primer plano, donde destaca sobre todo la mirada y la expresión serena de la cara.

Concebido a la manera de los retratos barrocos, recordemos los de Rembrandt, sobre un fondo neutro, oscuro, y con una iluminación lateral se nos muestra la figura ligeramente vuelta hacia los espectadores del cuadro, a los que mira de forma directa y franca.

El peinado amplio y rizado enmarca el óvalo del rostro, y el vestido oscuro permite que destaque más aún la blancura de la piel.

Hay un fuerte contraste entre la mitad izquierda del rostro más iluminada y visible, y la mitad derecha, más opaca y difuminada. Este contraste lo podemos apreciar más aún ocultando uno u otro lateral, aunque la nariz recta le de a la cara una simetría aparente.

Esta parte más iluminada y directa es la que modela el rostro, y lo mismo le ocurre al cabello de esta mitad izquierda, mientras que el de la derecha apenas es un perfil.

Y es que para definir un carácter y acusar la personalidad del personaje es preciso resaltar este contraste, que pasa desapercibido a un observador poco atento.

Precisamente el balance de la personalidad se obtiene del contraste entre un lado luminoso y directo, y otro que lo es en menor medida.

El brillo de los ojos ilumina y da vida a la cara, y la contención de los labios muestra un carácter exigente y decidido. Realmente el retrato tiene que jugar con estos rasgos que son los que definen y humanizan el rostro y donde reside su mensaje: ojos, y boca que constituyen los elementos expresivos de la cara, sobre el fondo más permanente e inexpresivo de los demás rasgos, que en todo caso tendrán una connotación estética.

Por eso, se puede decir que el rostro es un texto, que tiene su tema y su desarrollo, y que hay que leer tanto en sus detalles como en el conjunto de los elementos que lo constituyen. La lectura no es otra que la del círculo hermenéutico: las partes se explican por el todo, y el todo se constituye por cada una de las partes.

18-10-2006

Objeto sin sujeto

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Este bodegón de Francisco Cerezo Moreno nos presenta unos sencillos y apetecibles manjares servidos y disponibles para el paladar. Lo hace presentándolos en su apariencia sustancial, sin más artificio que el pictórico y figurativo. En la obra se valora la textura del bizcocho ya empezado, la solidez del cristal y su transparencia, el vino que contiene servido y accesible, los instrumentos que acompañan a esta degustación, la bandeja, el cuchillo, los paños y manteles.

El bodegón barroco es un género que se complace en la representación misma de los objetos, una vez que estos adquieren propiedades plásticas en sí mismos, independientemente de cualquier otra consideración. El objeto sin sujeto es ensalzado por la plástica barroca, complacida en su intrínseca naturalidad.

Y con ello se refuerza la ilusión de goce y posesión, dada por la ostensión misma de lo expuesto a los sentidos del espectador del cuadro. Un naturalismo cotidiano, un canto a la intimidad casera, un esplendor de lo personal.

06-10-2006

Flotación de sentidos

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José Guerrero trajo a España el expresionismo abstracto de la escuela de Nueva York, y fue un gran creador dentro de esta tendencia plástica.

Lo podemos comprobar por medio de este acrílico, De Este a Oeste, sobre lienzo, de grandes dimensiones, en el que se valoran la sencillez de las formas y el contraste de los colores vivos y vibrantes.

La pintura plana adquiere textura mediante la superposición de capas de pintura en el color azul verdoso, frente a la nitidez del blanco y al contraste llamativo del rojo.

Esa encrucijada de caminos, horizontales y verticales concentra la atención en la parte inferior del cuadro, rematado por la anécdota de ese trazo cerrado.

La sencillez de la obra permite activar en gran medida la inventiva del espectador, que puede imaginar lo que desee sobre formas tan ampliamente abiertas a la flotación de sentidos.

Si la imagen ya es de por sí ambigua, obtusa, abierta, en el expresionismo adquiere mayor relieve esa apertura de significados. Solo la vibración del color y una forma tan vaga ofrece algún anclaje al sentido.

Pero el valor de la obra es ante todo plástico, sugerente, colorista. El sentido es siempre emoción en este caso, activado por el color y sus contrastes.

↓ 09-2006