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Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
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27-08-2022

Todo sucede en el texto


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David Markson, La amante de Wittgenstein, Ed. Original 1988, Traducción Mariano Peyrou, Madrid, Sexto Piso, 2022

Esta novela es ya un clásico de la narrativa experimental norteamericana. Su autor la presentó a numerosas editoriales y fue rechazada en cuarenta ocasiones, hasta que logró publicarla y hoy se la considera como la obra más representativa de la novela de vanguardia en ese país. 

Leerla hoy no causará la misma impresión que hubiera producido entonces, cuando se publicó por primera vez. El efecto sorpresa fue entonces mucho mayor que ahora, pues la cultura del experimentalismo literario ya es una forma más de concebir la novela. 

En ella se recrea un mundo posible de un solo personaje, una artista que escribe en primera persona un ensayo de autobiografía, a partir del momento en que un día se despertó y se dio cuenta de que era la única persona del mundo. No se plantea cómo pudieron desaparecer los demás, incluso los gatos y otros animales, hasta quedarse sola en la Tierra. Entonces se dedica a recorrer los museos, el escenario de la guerra de Troya y otros lugares memorables, conduciendo vehículos o en un pequeño barco, “haciendo castillos en España”. 

Pero además de sus peripecias por ese mundo vacío, la obra está llena de referencias a personajes literarios, escritores, músicos, pintores y filósofos, de los cuales no ha leído nada pero de los que conoce pequeñas anécdotas de sus vidas, alguna que reconoce el lector como auténticas y otras en las que se tiene una clara sospecha de que son inventadas, como conjeturas que va desgranando, al tiempo que se pregunta continuamente si lo que dice tiene valor de verdad o incluso sentido y se va corrigiendo a sí misma y olvidando lo que ha dicho y vuelve a repetir.
 
Este lenguaje sentencioso, lleno de frases breves, muchas de las cuales son a la vez pequeños párrafos, le da un encanto a la obra y recuerda el estilo del Tractatus de Ludwig Wittgenstein, autor del que confiesa que no ha leído nada, pero conoce muchas anécdotas de su vida, unas auténticas y otras inventadas. 

El título de la novela no presupone una relación amorosa con este filósofo, sino una cierta y distante simpatía por él, como por otros muchos, lo cual no le impide ser indiscreta y crítica, como cuando dice que Wittgenstein nunca había leído a Aristóteles. 
La novela tiene muchos momentos divertidos, un sentido de frescura y genialidad al romper convenciones, pero al mismo tiempo el lector va descubriendo la verdadera situación de esta mujer, cercada por la soledad y por una locura intermitente, como ella misma declara en más de una ocasión. 

Con lo cual, esa fantasía infantil de considerarse el único habitante del mundo y por tanto el dueño de todo, se va revelando como una falta de lógica que se quiere ocultar tras un lenguaje que quiere ser siempre claro, preciso y verdadero, pero que esconde precisamente lo contrario, la contradicción, la dispersión y la falsedad. Con lo cual no sabemos en realidad qué es verdad o invención en todo lo que dice. Pero ¿acaso a una novela se le puede pedir valor de verdad en sus afirmaciones? Sí cierta verosimilitud narrativa, que en este caso queda también rota. 

Como dijera el propio L. Wittgenstein en la primera proposición de su Tractatus-logico-philosophicus “El mundo es todo lo que acaece”, y en la última “De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”, aunque a pesar de todo “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”, así la novela parece acaecer en las entrelíneas del Tractatus


08-08-2022

El texto de la biografía


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Alexander Waug, La familia Wittgenstein, Lumen, Barcelona, 2022

A veces la mejor novela es una buena biografía, eso le ocurre a este relato río de la familia Wittgenstein, que engloba a varias generaciones: abuelos, padres, hijos y nietos de esta familia vienesa, cuyo representante más acreditado sigue siendo el pequeño Ludwig. 

Su autor ha consultado todas las fuentes posibles, testigos presenciales, documentos, correspondencia y escritos de los Wittgenstein, lo cual le ha permitido no tener que inventar nada que ya no haya creado la realidad de la propia existencia. 

La obra se centra sobre todo en contarnos sus orígenes, esplendor y decadencia de esta numerosa familia, cuyo rasgo común más sobresaliente es el hecho de que todos fueran intérpretes de música y cuya mayor armonía estuvo cuando juntos tocaban en largas sesiones piezas clásicas en su palacio de Viena. 

Porque la vida los fue distanciando a unos de otros, hasta prácticamente alejarlos casi completamente, siendo los Estados Unidos el país de adopción en donde se ha prolongado más tiempo su presencia y su memoria. 

Alexander Waugh no trata de realizar una puesta en escena encomiástica de los protagonistas, tampoco actúa en su descrédito, se atiene a los hechos de cada momento y a las circunstancias que los acompañaron. La valoración la deja para los lectores, si es que alguien se atreve a hacerlo. 

De este modo la lectura nos permite recorrer los principales acontecimientos históricos, sobre todo los más trágicos, de la primera mitad del siglo XX, que tanta repercusión tuvieron en la vida de los hijos de Kurt Wittgenstein. 

En ella salen a relucir aspectos biográficos del filósofo Ludwig Wittgenstein, tal vez muchos de ellos desconocidos, o no tan directamente conocidos como podemos alcanzar a conocerlos leyendo esta apasionante historia. 







↓ 07-2022