TEXTOS | 01-2005 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
↑ 02-2005

27-01-2005

Surrealismo

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Esta fotografía de Man Ray Negra y blanca (1926) es un buen exponente de una de las facetas plásticas del movimiento surrealista, una de las vanguardias posteriores a la Primera Guerra Mundial que cambiaron completamente la noción de obra artística, como producto consciente que el artista elaboraba a la luz de la razón, para destacar ese otro lado oscuro o desconocido, el subsconcisciente, que también nos constituye.

Fue necesario que antes se desarrollara el psicoanálisis y sus propuestas sobre la exploración de los aspectos ocultos o reprimidos de la personalidad, ese arsenal de razones escondidas que muchas veces velan acontecimientos traumáticos. También el lugar desde donce empuja la libido. No basta con ello para dar cuenta de las aportaciones que el psicoanálisis ha hecho en el arte. Hay que reconocer también el papel del superyo y el estadio del yo en su empeño por lograr un equilibrio entre los imperativos del super yo y las pulsiones del ello, esa biografía de cada cual, con la serie de epifanias de ese combate.

Este campo de manifestaciones de un sujeto mucho más completo, contemplado en sus facetas visibles e invisibles, en sus luces y en sus sombras, permitía que asomara en los textos artísticos de todo tipo: literarios, cinematográficos, pictóricos, escultóricos, fotográficos..., una amplísima producción en la que los contenidos oníricos tenían un papel privilegidado, pero también la espontaneidad del inconsciente, liberado de cualquier traba represora.

De esta forma afloran en las artes contenidos anteriormente imposibles, pero también formas impensables y sorprendentes. Desde entonces, el arte se dispone a aceptar cualquier tipo de manifestación como una emergencia creativa (desde la obra más elaborada hasta el "objeto encontrado"), que está tanto en su proyecto formativo como interpretativo.

Pues el arte lo hace también, y en gran medida, el propio receptor de la obra, que sabe entender, atribuir sentidos, desde una lectura en la que interviene también su propio subconsciente, estimulado por la obra, y cuya respuesta asociativa lo puede llevar a interpretaciones tan creativas como sea capaz.

Así la obra se entiende como algo que incita nuestra imaginación, como un acceso a nuestro interior, dotada de un importante contenido lidibinal, donde reside la dimensión creativa de la que ha partido esa manifestación, donde se hayan también impensables e insospechadas, así como imprevisibles, manifestaciones de una intuición esencialmente formativa.

El arte se libera de todo academicismo, de cualquier imposición estética previa, y se abre a cualquier concepción o experimento que aporte esa sugestión introspectiva hacia la dimensión creativa del subsconsciente genésico. Desde entonces todos somos también un poco surrealistas o superrealistas. Sabemos así que la "realidad" no se agota en lo visible, en lo aparente, sino que se prolonga hacia otras dimensiones invisibles, pero no menos reales.

10-01-2005

Deixis espacial

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Este cuadro de Escher Arriba y abajo nos muestra una doble perspectiva de la misma escena, de plano en picado y en contrapicado, provocando un efecto de sorpresa en el espectador. Es la visión desde arriba o desce abajo en que el espacio se sitúa desde el punto de vista del que mira la escena.

El efecto sorprendente de este cuadro pone de manifiesto la relatividad del espacio figurativo, y la presencia de la mirada en toda obra de arte y en toda orientación espacial, subrayada además, en este caso, por el artificio pictórico de la perspectiva lineal. El espacio objetivo está siempre ahí, pero nosotros solo podemos acceder a él desde uno de los puntos de la esfera que idealmente lo conforman, y según ese punto de visión el espectáculo cambia, se transforma; la impresión puede ser de ascensión o de vértigo. Escher ha situado la escena únicamente desde dos de esos puntos de visión posibles, estableciendo un acusado contraste de miradas y proponiendo, al mismo tiempo, la identidad de la escena para indicar como el motivo difiere según la relativa posición del espectador.

En los textos verbales ocurre algo parecido, el discurso todo se instala desde un punto de vista, que suele ser el del hablante, constituido en eje deíctico de la enunciación, implicando un espacio de referencia, su persona, su visión, a partir de la cual todo el mundo circundante se sitúa como arriba o abajo, delante o detrás, a la izquierda o a la derecha, cerca o lejos. El lenguaje dispone de una serie de pronombres demostrativos (este, ese, aquel) y adverbios deícticos (aquí, ahí, allí), así como verbos de movimiento (ir, venir, alejarse, acercarse), para situar esa visión egocentrada del discurso y de la mirada.

A ello se añade la mención del hablante dentro del discurso, por medio de los pronombres personales, los posesivos, y las primeras personas de los verbos. Esta auto-referencia personal suele incluir al tiempo en el discurso, mediante los cronónimos, datadores y adverbios de tiempo.

De esta forma el texto, mensaje lineal y unidireccional en su significante, instaura un marco de consciencia personal espacio-temporal, situado en el punto central de una esfera imaginaria, que es la del espacio, y la del tiempo, a través del presente de la enunciación, presente al fin y al cabo eterno que se desplaza hacia atrás o hacia adelante en su espesor actual, e incluye la mente que organiza el significado y el sentido de un mundo posible o actual.

La deixis personal, en las artes plásticas figurativas, tiene su plasmación ideal en la figura del pintor que dentro del cuadro ejercer la mirada y el oficio de fijar los personajes y la escena en la que él mismo está incluido, como ocurre, por ejemplo, en Las Meninas de Velázquez.

↓ 12-2004