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Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
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17-02-2007

El género de la lectura

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Esta es la portada de una de las últimas publicaciones en España, es la traducción de esta obra, que se ha agotado completamente en las librerías en apenas dos meses. El acierto de la misma está en relacionar el arte con la literatura, a través de retratos de mujeres que aparecen leyendo. El autor comenta tanto la obra pictórica como la obra literaria, que está leyendo siempre una mujer, en un amplio repertorio iconográfico que va desde el siglo XIV al XXI.

El retrato que sirve de frontispicio es un cuadro de 1896 titulado Sueños, de Vittorio Matteo Corcos, un retratista italiano de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. La mujer ha dejado los libros a un lado, y se muestra pensativa y enérgica, rodeada de hojas caías que anuncian el cambio de estació.

La belleza de este libro se refuerza por el interés del tema, para amantes de la pintura y de la literatura, y saca a la luz la cuestión del sujeto de la lectura. La críica de género ha propuesto el problema de los atributos de género del lector. Desde Jonathan Culler, que afirma que el lector es siempre masculino, como no podía ser menos en una sociedad patriarcal, a la constatación de que la mayoría de los lectores son mujeres.

La crítica feminista tiene aquí uno de sus capítulos favoritos, pero no es preciso entrar en sus argumentos en este momento. Lo que predomina aquí es la admiración plástica de un sujeto lector, cuando este es femenino, y eso es lo que vertebra la obra.

El título no es más que una incitación comercial, por otro lado, que no se sustenta en su contenido. De todas formas es justo reconocer que han tenido que pasar siglos para que la mujer se convierta también en lectora libre y creativa de su propia imagen.

En esta obra Stefan Bollman selecciona una serie de pinturas, dibujos, grabados y fotografías de mujeres leyendo, realizados por diversos artistas. Aparecen cuadros desde Rembrandt, hasta Hopper, pasando por Vermeer, Manet, Matisse, Casas y por la fotógrafa Eve Arnold.

Se podría hacer también un inventario de mujeres lectoras dentro de la literatura, personajes que han forjado su carácter leyendo obras. Y ahí encontraríamos casos diversos, en obras escritas por mujeres u hombres, desde Teresa de Jesús a Madame Bovary y el bovarismo que como enfermedad del siglo XIX recorre la conciencia europea y llega hasta La Regenta de Clarín, una lectora tanto de obras pías como de novelas sentimentales.

El "peligro" de las mujeres que leen, como el de los hombres, es poder crearse a sí mismos desde el libre albedrío interprativo inaugurado en el Renamiento.

La lectura contiene cierto riesgo, en los textos de goce, en los que el lector o la lectora tienen que escribir la lectura, su lectura. La pose del lector y la lectora, atentos y concentrados tiene una figuración que ha llamado la atención de los pintores, grabadores y fotógrafos. Y es que la lectura es muchas veces, como decía Proust, un placer solitario, como la escritura o la voluptuosidad.

12-02-2007

MUJERES LECTORAS

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Un tema muy recurrente en la pintura y en la iconografía occidental ha sido el de la mujer lectora. La reciente aparición de la obra de Stefan Bollman, Las mujeres que leen son peligrosas, nos muestra una selección de cuadros en los que aparecen mujeres leyendo.

El primer cuadro que data el libro es una Anunciación de Simone Martini de 1333, acaba la obra con esta fotografía de Marilyn Monroe leyendo el Ulysses de J. Joyce, en la playa de Long Island, Nueva York, en 1952.

La actriz aparece sentada en un tobogán de la playa leyendo el relato por sus últimas páginas, las que corresponden al famoso monólogo de Molly Bloom.

Es cierto que las mujeres leen y escriben más que los hombres, y que la lectura nos informa, nos hace pensar y rebelarnos. El título de la obra de Bollman quiere ser una provocación, pero no podemos entenderlo en la línea de las denostaciones de la lectura o de la funesta manía de pensar.

La lectura ennoblece y embellece a las personas, y como prueba baste esta misma fotografía, que algunos interpretan como una pose de lectora más que una verdadera lectura. Tal vez quería aparecer con un aire de seducción intelectual a la mirada de su marido Arthur Miller. Nadie hubiera aguantado mucho tiempo en esa pose leyendo tan voluminoso libro, sobre todo a la altura en que lo maneja.

En todo caso la lectura es motivo iconográfico, y celebración para los críticos que piensa que la lectura es siempre femenina. La escritura, en cambio, participa de todos los géneros.

↓ 01-2007