TEXTOS | 10-2010 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
↑ 11-2010

13-10-2010

Loma encantada

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Andrés Rueda, Loma encantada, Galería de Arte La Zubia (2010)

Este cuadro es una sugestión de formas y colores acentuada por su encuadre horizontal tan acusado que limita la verticalidad y nos remite a un encuentro, del cielo y del suelo, lleno de vida y evocación erótica. Uno cielo luminoso y coloreado en azules, y un suelo húmedo, floral, lleno de vida y belleza. Todo está envuelto en la abundancia de colores y de vegetación. La composición acentúa las líneas suaves y onduladas, el cielo se deja deslizar suvamente por la loma. Un sueño de confort natural y abundancia nos invita a relajarnos, a gozar del encuentro cercano de dos mitades que se reclaman. Es una obra que nos incita a averiguar el secreto de su atractivo.     

11-10-2010

Texto interior

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Andrés Rueda, Imagen de un recuerdo, Galería de Arte La Zubia (Granada), 2010.

La sinestesia que da nombre a este cuadro, Aroma de un recuerdo, de Andrés Rueda, nos invita a mirarlo de una manera especial. La fuerza evocadora del recuerdo queda asociada a una imagen plástica, vegetal, en un espacio envuelto con un flou desvaído, una línea de horizonte difuminada tras la huella bien marcada, en primer plano, de la rama que cae de un árbol que está fuera del espacio visible. En un segundo plano, una masa de vegetación poco definida y de un color celeste se refleja en la superficie de un estanque en el que podemos ver también la claridad de un cielo con tonalidades cárdenas y violetas.

La composición diagonal compensa así los planos, el primero bien marcado a la derecha, y el segundo ubicado a la izquierda, que se adelanta a un tercero más evanescente. Las ramas que caen en primer plano le dan presencia y cercanía a unos planos medios más diluidos y manchados. 

El cuadro es atmósfera, espacio, profundidad, reflejo, introspección, memoria. No estamos ante un paisaje que haya sido transcrito en pintura, sino ante una evocación interna, soñada, alimentada de nostalgia. 

La materia de esta obra está constituida por la superficie plana y blanca de la tela de algodón sobre la que el pintor ha aplicado múltiples y dispersas manchas de pintura distribuidas con un orden caprichoso y aparentemente incoherente, si nos aproximamos mucho a su superficie. 

Vistas a cierta distancia estas manchas mezclan sus tonalidades en nuestra retina y el conjunto se organiza según las leyes de la percepción, que descubriera la gestalt, tras la experimentación impresionista, asignando formas y volúmenes reconocibles, espacios y profundidades, según las convenciones de la visión, de tal forma que todo cobra una apariencia tan reconocible como ilusoria. 

El cuadro pintado por su autor ha sido reconocido y percibido por el espectador anónimo como una forma expresiva cargada de insinuaciones y sentimientos. El pintor ha puesto la tela y las manchas, el espectador les ha dado sentido y conformado como la representación de una sustancia. 

Todo texto pictórico es el cruce de dos miradas, la del creador y la del observador atento, que al recrear atribuye, valora y agrega tonalidades perceptivas y sensitivas. Es el lenguaje de las formas simbólicas, de la materia y la forma, en una poética que no nace de las palabras, sino de un código analógico muy aquilatado y con una dilatada tradición cultural y artística. El cuadro es el pre-texto del verdadero texto interior.  

03-10-2010

Otros mundos, otros textos

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Arielle Harboe-Schmidt es un psíquica suiza, capaz de percibir los mundos invisibles. En esta obra nos cuenta como adquirió su capacidad de lectura del aura, que le permite conocer a la persona y realizar un diálogo con ella que tiene grandes beneficios terapéuticos.

Gracias a ello ha podido comprobar que la afirmación de A. Einstein "La realidad es pura ilusión, pero muy persistente", es algo más que una frase atrevida.

Al participar de la ilusión que es el universo nos hemos olvidado de nuestra realidad, de ahí la necesidad de despertar, que reclama el título de la obra.

Muchas corrientes filosóficas han abundando en la idea del mundo como ilusión, como fantasía creada por nuestros sentidos. Esta ilusión ha sido reforzada por nuestras creencias, con lo cual la posibilidad de advertir la irrealidad que hemos fabricado se aleja de nosotros. Y así la autora llega a afirmar: "L`illusion est croire que l`illusion n`existe pas".

Sin embargo, estamos rodeados de un mundo de luz y de energía, un mundo no atómico, sutil, formado por partículas cuánticas, donde el pensamiento tiene la capacidad de crear formas y modificarlas. Es un mundo creativo, en el que podemos experimentar otras realidades mucho más satisfactorias y al mismo tiempo evanescentes.        

↓ 09-2010