TEXTOS | 09-2011 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
↑ 11-2011

27-09-2011

Gramática normativa

img308 copia.jpg

Resulta curiosa la actitud de la RAE y la AALE a la hora de confeccionar finalmente la tantas veces prometida "Nueva gramática de la lengua española", cuya versión a modo de esbozo fue de 1973. Han hecho falta décadas de espera para obtener este producto, que no era, desde luego, el esperado, ni siquiera el prometido.

En su intento de llegar a todos, han realizado tres versiones de la obra, la extensa, en dos amplísimos volúmenes, es de hecho una gramática descriptiva del español (cuando ya había una publicada con este nombre y auspiciada por la Academia), que excede los propósitos de lo que se espera que sea una gramática de la Real Academia. La versión Manual se acerca más al proyecto concebido, pero al ser un mero resumen de la original resulta fragmentaria y se pierde en continuas remitencias a otros pasajes de la obra.

En cambio, esta versión básica es un manualito demasiado escueto que conserva, no obstante, todo el aparato doctrinal en que se fundan las tres versiones. Y este aparato doctrinal es curioso, queriendo complacer a todos, es a veces innovadora y otras rancia y tradicional hasta el exceso (véase por ejemplo lo que se dice sobre la diátesis). En conjunto resulta más tradicional que el "Esbozo de una nueva gramática", que en su momento fue una auténtica gramática discretamente innovadora.  

Esa discreción la ha perdido esta versión, por desmesurada, una vez que la sobria gramática escrita por Alarcos para ser la Gramática de la Academia fuese desechada, al ser considerada demasiado personal.

En definitiva, un juego de tres gramáticas, que quiere ser la misma obra gramátical, aunque eso deje mucho que desear. Tardarán en obra ser aceptadas y entendidas por los usuarios del idioma a los que supuestamente van destinadas, a los cuales parecen querer instruir continuamente, como si lo ignorasen todo de esta materia, y persuadirlos de la complejidad y dignidiad del arduo trabajo de los gramáticos, profesión que presentan tan sufrida y abstrusa como pocas. Efectivamente, conseguirán sin duda que nadie quiera ser gramático. Y el juego del lenguaje, del que hablaba L. Wittgenstein quedará congelado en un rictus huraño.    

21-09-2011

Textos epistolares

img307 copia.jpg

Esta correspondencia que sostuvieron durante varias décadas dos representantes de la generación del 50 nos revela el intramundo del autor, sus dudas y apuestas, la búsqueda de unos temas y un lenguaje.

Por otra parte, este intercambio epistolar está liberada de cualquier atadura que no sea la sinceridad y la indagación, y no espera ser correspondida sino por la lucidez y el estímulo creador, basado muchas veces en el disenso.

Es un ejercicio práctico de interlocución cuya teoría estaba elaborando entonces Juan Benet, y para Carmen Martín Gaite supone una voz que dice lo otro, lo que no siempre esperaba o quería encontrar, pero en quien reconoce, ante todo, la fidelidad a sí mismo.

Resulta estimulante leer estas cartas que no fueron escritas ni pensadas para ser publicadas, pues se dieron en los comienzos de la carrera de cada autor, y muestran sus seguridades e incertidumbres creadoras.

La voz del otro no está aquí impostada ni cargada de elogios o reconocimientos mutuos, en cambio son muchas veces un ejercicio de riesgo o de tributo a la sinceridad. Una correspondencia en la que faltan muchas cartas perdidas y diálogos a viva voz que nunca podremos rescatar, pero en ellas encontramos toda una manera de entender la literatura, el ser propio y ajeno de una generación en la que la conciencia existencial era la radical postura del individuo enfrentado a la toda clase de incógnitas.

Como ha reconocido Féliz de Azúa ("Un hombre y una mujer se escriben", El País, 15 de noviembre de 2011) esta obra tan fielmente editada por José Teruel tal vez constituya una de las mejores sorpresas del actual panorama literario, tan cargado de ficción comercial.

20-09-2011

La fabricación del melodrama

img306 copia.jpg

Robert Goolrick, Una esposa de fiar, Barcelona, Ed. Salamandra, 2011

Esta novela dramática, con elementos de melodrama, está ambientado a finales del siglo XIX, en la época de expansión de la revolución industrial en los Estados Unidos. Tiene como protagonistas tres personajes. Ralph Truitt es hijo de un rico industrial y de una madre puritana. Truitt vivió su juventud como un hijo pródigo y se enamoró de Emilia, una joven aristócrata italiana, a la que halagó con toda clase de lujos y placeres. La llevó a su pueblo de Wisconsin, donde ella lleva una vida mundana en un pueblo aislado y gélido, y tuvo como amante a su profesor de piano, otro italiano, que viviía también en el palacio. El hijo de esta relación ilícita, Tony, llevada a cabo en la propia mansión del matrimonio, fue despreciado y golpeado por el padre, con despecho, después de expulsar de la casa a su madre. Este acabó huyendo de la casa, cuando era un adolescente.

Desde entonces, Ralph vivó una vida solitaria y apartada de todos los placeres. Pero un día sintió la necesidad de volver a reencontrarse con su hijo, para hacerlo un digno heredero de su fortuna, y para ello puso un anuncio en los periódicos solicitando una esposa discreta y fiel, que se pusiera en contacto con su hijo y lo invitara a volver a la casa del padre.

La mujer que aparece como destinataria de su anuncio fue Catherine. Huérfana de madre y de padre, un alcohólico arruinado, se educó en un hospicio junto a su hermana Alice, a la que intentó educar y salvar de la prostitución, a la que se vio abocada sin remedio, pero Alice se alejó de ella con desprecio. Un día fue a buscarla, y en la chabola en la que vivía se le apareció un ángel, desde entonces supo que ya no podría llevar hasta el final sus desinios de envenenar a alguien para quedarse con su riqueza.

A Catherine le gustaba leer y en los libros aprendió muchas cosas, que le sirvieron en todas las ocasiones de su vida. Viviendo esa existencia de cortesana conoció a Tony, el hijo del señor Truitt, un músico que llevaba una vida disipada de dandi. Se enamora de él perdidamente, debido al encanto de su belleza, a pesar de que este no le era fiel. Muchas veces en la obra la belleza corporal aparece como mortalmente seductora y pérfida.

Para reunirse con Truitt, como esposa que atiende a la solicitud del anuncio, cambia de apariencia y de pasado, y se inventa una biografía verosímil, haciéndose pasar por la recatada hija de un misionero. Su intención oculta era ir matando poco a poco a su marido, con arsénico, un veneno que no deja huellas, y hacerse la dueña de todas sus riquezas, para disfrutarlas con su amante, el presunto hijo de este. El envenenamiento de Ralph progresa y este cae gravemente enfermo, pero Catherine tiene tantos remordimientos por lo que hace que tira el veneno y se dedica a reestablecer su salud, al tiempo que se da cuenta de que está embarazada de Truitt.

Consigue llevar a Andy a la casa de su padre, pero el odio que le profesaba, debido a los malos tratos que infligió a su madre y a él mismo, le llevó un día a enfrentarse con él, después de haber violado a Catherine y que está le clavara unas tijeras, en la pelea acabó sumergiéndose en las heladas aguas de un estanque, donde pereció.

Mientras que Catherine había ido envenenando paulatinamente a Truitt, este se daba cuenta de ello, pero no le importaba, pues la amaba y veía que esa era una forma digna y rápida de morir, atendido por la mujer que tan tiernamente lo trataba. Llega incluso a decírselo indirectamente, causando su desconcierto. Al fin y al cabo, a su alrededor se producían muy a menudo crímenes provocados por accesos repentinos de locura, que se achacaban a los largos inviernos y a la dureza de una vida sin horizontes.

Ralph Truitt sabía quién era en realidad la mujer con la que se había casado, una prostituta amante de su hijo, gracias a los servicios de unos detectives a los que había contratado, pero la utilizó por eso, para reencontrarse con su hijo, aunque nunca le dijo nada, hasta el final de la novela, cuando ya había muerto Andy y esta le confiesa que está embarazada.

Este maquiavélico argumento se enriquece con descripciones de la vida de lujo y placer, con el esplendor de la belleza de jardines exquisitos y de paisajes naturales, con una profusa presencia de los placeres, sobre todo sexuales, que le dan a la novela, en algunas pasajes, cierto carácter erótico, para halagar el gusto de los lectores, focalizando la atención de la historia en la sensualidad de Catherine o en las pasiones de Tony.

El lenguaje empleado es sencillo, las frases son breves. El lector no tiene que hacer ningún esfuerzo para comprender la historia, solo dejarse llevar por ella. El ritmo narrativo se enlentece a veces y se engolfa en amplios pasajes descriptivos. El narrador omnisciente oculta una serie de datos sobre la vida de los personajes, para alimentar la curiosidad del lector o lectora modelo de esta novela, cuyas expectativas, muchas veces, se ven frustradas por sorpresas biográficas inesperadas, pero que tienen un valor novelesco indudable, y ahondan el carácter melodrámático del relato. En cierto modo, al final de la novela tanto Truitt como Catherine acaban redimiento sus culpas gracias al agradecimiento y al amor mutuo que se va generando a lo largo de su relación. Ella, de una forma honesta, va a conseguir la riqueza de Truitt, mucho mayor que ella, y se siente querida en un hogar que nunca tuvo. Él volverá a tener otro hijo, pero este legítimo y al que seguramente tratará con carinño. Por tanto, podemos hablar de un final feliz, donde el afecto triunfa por encima de la destrucción. 

El autor, un publicista instalado en Nueva York, se inspiró para escribirla, según confiesa al final, en un libro de fotografías de la época, donde se refleja la crudeza de la vida y el abismo de las relaciones sociales, que oscilaba entre la pobreza más limitada y la riqueza ostentosa, entre el puritanismo más estricto de los pueblos y el más desenfrenado libertinaje de las ciudades, y sobre todo en el culto a la riqueza y al poder del dinero, como medio para el placer y la vida lujosa, exquisita y depravada. En fin, es la ópera prima de un publicitario metidos en lides de novelista, que reúne todos los ingredientes para ser un éxito comercial, como lo ha sido, un perfecto bestseller

17-09-2011

El juego del lenguaje

wittgenstein1-big[1].jpg

Ludwig Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, Barcelona, Crítica, 1988 

Esta es una edición bilingüe de la célebre investigación sobre el lenguaje del segundo Wittgenstein, donde dilucida a través de la práctica discursiva las relaciones del lenguaje con el pensamiento, el significado, la verdad y la experiencia. El autor no siente ninguna desconfianza hacia el lenguaje, tal como se usa en la vida cotidiana. Lo entiende como un juego abierto, cuyas reglas no son demasiados estrictas, simplemente indican caminos a seguir y posibilidades. Jugando al lenguaje se puede conocer el significado de las palabras, un significado abierto y susceptible de ampliarse y modificarse en sucesivos usos. Jugar a este juego es también ejercer la actividad filosófica, investigar, reflexionar, establecer conclusiones sobre cómo usamos el lenguaje y cómo este es un magnífico instrumento heurístico que no se agota nunca. La obra no consiste en un encerrarse con el lenguaje y olvidarse del mundo, al contrario continuamente se están citando relaciones que tenemos con las cosas en la experiencia cotidiana y anotando las expresiones que acompañan estas relaciones, así la experiencia y el significado pasa siempre por el lenguaje y se contempla en él, aprendemos a través de la intuición pero reflexionamos solo a través del juego del lenguaje.

La búsqueda de la palabra original

img305 copia.jpg

KENNEALLY, Christine La primera palabra. La búsqueda de los orígenes del lenguaje, Madrid, Alianza Editorial, 2009

La obra resume las principales investigaciones sobre el origen del lenguaje, un problema cuya solución no aciertan a encontrar los investigadores. No hay lenguas primitivas, no hay estadios intermedios en las supuestas lenguas primitivas y los estados posteriores de las lenguas plenamente desarrolladas. El parangón con los lenguajes de los animales superiores tampoco sirve, pues estos utilizan lenguajes demasiado rudimentarios como para relacionarlos directamente con el estado en que se encuentran de las lenguas naturales humanas. Hasta ahora solo se han podido elaborar hipótesis más o menos basadas en hechos o presupuestos sobre un lenguaje primitivo poco articulado, basado en gritos, onomatopeyas y signos gestuales. En este sentido se citan las últimas investigaciones de la zoosemiótica sobre los gestos de los simios, la cognición de los loros, la competencia gramatical y numérica de los monos y la autoconciencia de los delfines. En todo caso se piensa que el lenguaje humano es el resultado de un lento proceso evolutivo, que ha implicado innovaciones somáticas, neurológicas y culturales.

13-09-2011

Ensayo sobre la ficción

img303 copia.jpg

Umberto Eco, Confesiones de un joven novelista, Barcelona, Lumen, 2011

En un tono desenfadado, irónico y a veces humorístico, cuenta U. Eco la manera en que ha abordado contar historias a lo largo de su vida, haciendo un parangón entre los llamados textos creativos y textos ensayísticos. Al mismo tiempo, hace revelaciones de la manera en que construye sus novelas, imaginando primero un mundo con todos sus detalles, dibujando personajes, maquetas de edificios o de barcos, haciendo recorridos por el espacio en que transcurre la acción, y así durante años diseña el mundo narrativo que le permite contar las peripecias que ocurren en él y le resulta fácil narrar, pues cuando el tema se domina las palabras acuden. Por otra parte, consulta documentos y utiliza todos sus conocimientos enciclopédicos sobre una época determinada, lo que le permite construir un mundo perfectamente verosímil. Sus conocimientos narratológicos le ayudan también a situar al lector, respetar sus hazañas interpretativas, y distanciarse de ellas, y no caer en la tentación de convertirse en el intérprete autorizado de su propia novela, aunque haga algunas declaraciones indiscretas, no todo lo revela sobre su forma de escribir.  Pero también advierte que la interpretación tiene su leyes y sus referentes, la coherencia del propio texto, que se ajustan de acuerdo con la hipótesis de un lector modelo que se hace una idea de un autor modelo. Usar el texto o hacer lecturas descabelladas no ayuda a entenderlo, pero tampoco puede ser prohibido, ya que la novela circula por el mundo como un mensaje metido en una botella. Eco es consciente que todo sistema de significación permite decir la verdad, pero también mentir, y que la ficción es el arte del engaño según las reglas de una cierta verosimilitud. Confiesa que escribe novelas precisamente porque en ellas puede ejercer el arte de la mentira, para decir, de otro modo, verdades que no están basadas en las apariencias. Una de las ilusiones más sólidas de una novela es la figura del personaje relevante, que los lectores ingenuos convierten en persona real de la que quieren saber más de lo que el texto autoriza. Igualmente el mundo narrativo se tiende a prolongar sobre el mundo real, convirtiéndose en una geografía superpuesta al mundo real. Pero los mundos de ficción son estados de cosas incompletos que parasitan al mundo real. Los personajes de ficción y sus mundos se convierten en objetos semióticos, en realidades culturales, que se mantienen inalterables, como agentes de sus acciones, como tales tienen un poder ético y estético indudable. Toda novela parte de las listas de su autor, los textos que ha leído, los museos, ciudades, cuadros o sinfonías que ha frecuentado, las películas u obras de teatro que ha visto, los tebeos que le han deleitado. Son las listas del autor, las listas que habiendo sido sus objetos de placer acaban convirtiéndose en los textos de sus obras. Cabría preguntarse por último qué hay en una novela que no pertenezca a las listas previas, algo que sea privativo del propio autor como individuo o de su imaginación creadora o recradora. Pero esta pregunta, que no se hace Eco, la dejaremos para que la responda en un próximo ensayo de metaficción. 

06-09-2011

Relatos pensados

img301 copia.jpg

"Qué tengan ustedes una vida absolutamente maravillosa. Yo no la he tenido. Pero la tengo". Así acaba el relato que da nombre a este volumen de artículos, relatos, historias, ensayos y cuentos en los que Enrique Vila-Matas se debate entre la pasión por leer y la de contar lo leído, entre la ilusión de escribir y de inventar autores y obras que podrían haber sido, pero que en todo caso son por el hecho de nombrarlos. No busca su autor evitar la contradicción, ni encontrarla, es su estado de ánimo habitual, la única manera de ser coherente con un universo narrativo que no entiende ni domina, afortundamente.

Para Vila-Matas nunca se puede escribir sin ser consciente de lo que se hace, en el fondo ejercer una fantasía de la que no está seguro y seguir haciéndolo para evitar la eterna tentación de todo hijo sin hijos, dejar de hacerlo, refugiarse en el hogar de los Bartleby y compañía.

Y es que a estas alturas de la historia ya queda poco por decir, pero falta por decir lo esencial, lo que siempre se demora y nunca llega a contarse, tal vez la inanidad, la nada esencial que todo lo contempla. La literatura de nuestra época nunca podrá ser inaugural, es un mosaico de citas, no necesariamente eruditas, pero en todo caso reductos de lo ya visto, de lo ya experimentado, de lo ya dicho.

Aunque el deber moral de todo cconato de escritura es vivir en estado de posibilidad, pues tal vez... haya algo definitivamente olvidado, no sabido, nunca aprendido, perpetuamente ignorado que no sabemos que sabemos, y esa sabia y vaga intuición sigue alimentando su ilusión de decir lo otro de otra manera.   

03-09-2011

↓ 08-2011