TEXTOS | 03-2005 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
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22-03-2005

MÍMESIS

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Este dibujo de Albert Durero reproduce literalmente la apariencia externa de una liebre que ha sido pintada con toda minuciosidad, pelo a pelo, hasta el punto de que sus ojos parecen reflejar la estancia donde fue dibujada.

La figuración mimética, exacta y precisa, es un reto de los grandes pintores renacentistas que han superado la pintura simbólica o toscamente figurativa de los códices medievales.

La pintura aprende a ejercitar la exigencia aristotélica de la mímesis como procedimiento de verosimilitud. El arte, los textos literarios, reproducen, mimetizan la verdad de un mundo externo concebido como la correspondencia exacta entre apariencia y la realidad. Lo visible, lo aparente es la realidad, más allá de cualquier reducción simbólica o abstracta. Esta alegre ingenuidad se nos transmite a través de la música renancentista, el equilibrio de sus monumentos, la precisa apariencia de su pintura, la completa verdad de los dibujos naturalistas o anatómicos.

La valoración de lo empírico, lo perceptible, lo tangible, por encima de lo simbólico o lo místico es uno de los rasgos del paradigma instaurado por el Renacimiento, donde el naturalismo dará paso a la ciencia experimental y a la visión de la ciudad civil y mercantilista, donde triunfa el individualismo objetivo del derecho civil, que da paso a la hegemonía burguesa.

Por eso, los textos poéticos del Renacimiento ensalzan la naturaleza y la imitan a través de armonías y aliteraciones, ensalzando con el epíteto la sencilla apariencia de las cosas enteras y verdaderas.

Y de esta forma la estética del arte como mímesis de la realidad se va a instaurar en nuetra cultura por un largo tiempo, recorriendo el Barroco o la Ilustración, reincidiendo en el Neoclasicismo, hasta llegar al Romanticismo, para finalmente en el Simbolismo recaer en la búsqueda de otras realidades y otras fidelidades, que el surrealismo y las vanguardias colocarán en diversos lugares, pero sobre todo en el interior, en el subconsciente. en la abstracción, o en otros planos cuya existencia está por desvelar.

18-03-2005

LAS DIMENSIONES DEL TEXTO

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Esta imagen geométrica de Escher plantea un conflicto perceptivo. No es posible que lo que propone sea realizable en un espacio de tres dimensiones. Sí podría existir en un espacio de más de tres dimensiones, en un espacio, por tanto mental o adimensional.

Esta imagen nos lleva a plantearnos cuáles son las dimensiones del texto. En principio son tres dimensiones articuladas a su vez en muchas más. La faceta productiva que corre a cargo del emisor o destinador del discurso. La faceta textual propiamente dicha, en la que se articula un discurso en varios niveles de organización: fonemática, léxica, morfosintáctica y pragmática. Y la faceta receptiva o esfera del destinatario, que ha de decodificar e interpretar el mensaje asignándole significado y sentido.

El texto mismo es un mecanismo incompleto que no lo dice todo, sino que se sustenta en un gran número de presuposiciones enciclopédicas y comunicativas, que se supone compartidas por el emisor y el receptor.

Para que el proceso de comunicación se cumpla y sea fecundo es preciso que se pongan en funcionamiento todas las dimensiones del texto. Incluso esa dimensión ausente, pero constitutiva: la de la situación y el contexto, la del universo fáctico y la del mundo posible que produce el propio texto.

Esta intersección de elementos nos lleva a postular, finalmente, que el texto es, ante todo, un educto mental, una realidad psicológica, un proceso más que un producto. El proceso de la comunicación, de la elaboración de significados y sentidos, la circulación semántica que opera siempre en la noosfera. El mundo de las ideas es el mundo singular del texto, y nosotros somos navegantes por ese mar del entendidmiento y de la comprensión.

↓ 02-2005