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Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
↑ 10-2008

03-09-2008

Una mirada desde la luz

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Este retrato de Camile Monet y su hijo (1875) pintado por Claude Oscar Monet, además de ser una de las mejores muestras del creador del Impresionismo, es un cuadro que contribuye a revelar aspectos inéditos del espectador.

Toda obra es, en cierto modo, un espejo en el que poder mirarnos y admirar aspectos que, siendo aparentemente externos, de alguna manera nos pertenecen, y por eso somos capaces de apreciarlos y valorarlos, incluso de sentir entusiasmo por ellos.

Y en este cuadro apreciamos ante todo luz y movimiento. Sobre el pedestal de un frondoso campo primaveral, plagado de hierbas y flores dispuestas de forma azarosa, camina Camile protegida por su sombrilla de un fuerte sol, que casi nos deslumbra.

Además nos mira desde su altura, esta cita desde el interior de la obra hacia el espectador de la misma nos invita a participar de la fugaz impresión del momento, hecho un presente eterno en esta obra.

Es una mirada desde la luz y la belleza, subrayada por la mirada más ensimismada del niño, que también mira de frente, pero de una forma vaga.

Sin embargo, la mirada de su joven madre es más precisa, y algo tímida. La sombra que proyecta su cuerpo sobre la hierba magnifica su figura, envuelta toda ella en la luz y el color de su vestido claro.

Es una mirada de alguien que pasa y se sorprende de algo, tal vez de que su figura sea captada por la mirada del otro, pero sigue su camino sin detenerse, y es un momento, una instantánea casi fotográfica, la que refleja el cuadro.

Esta fugacidad de la imagen semeja la fugacidad del texto leído, también mirado y admirado por su lector, que momentáneamente pasa la vista por sus renglones y retiene en su retina la luz del pensamiento, la verdad o la belleza revelada por el tejido verbal.

↓ 07-2008