TEXTOS | 03-2022 archivos

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30-03-2022

Textos sobre el saber ver

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Bernard Berenson, Ver y saber. Texto original 1948. Barcelona, Ed. Elba, 2019


Este breve ensayo de Bernard Berenson, afamado historiador del arte y crítico, que con su firma sancionaba la autoría de las obras del primer Renacimiento italiano, que luego pasaban a engrosar las colecciones de los plutócratas norteamericanos, expone todas las objeciones del que ve en las vanguardias imperantes en su época una de las mayores crisis de la historia del arte, aunque piensa que es pasajera y que fenómenos así se han producido siempre en los momentos de decadencia cultural. 

Su incomprensión de las propuestas vanguardistas, las fundamenta en dos ideas: ver y saber. El arte se basa en representar con verosimilitud lo que los sentidos nos proporcionan, el saber sanciona esta representación, como concepto de lo visible. Ambos elementos deben estar en equilibrio y armonía, cuando se rompe este equilibrio, aparece la preponderancia del saber sobre el ver, fenómeno que según él se aprecia sobre todo en el arte abstracto. 

Considera la abstracción como una cualidad de las matemáticas avanzadas, pero resulta inaccesible a un público poco preparado. Por eso, los esplendores artísticos han coincidido con épocas en las que una elaboración genial del uso de la técnica figurativa ha manifestado nuevas formas de ver, aunque estas siempre acaban desembocando en un manierismo. 

Considera que las vanguardias han partido de un airado y vengativo rechazo de la figuración académica, pero su impulso innovador se agota en sí mismo, retrocediendo a estadios plásticos primitivos. 

Para ello ejemplifica su tesis en las formas históricas de representar el cuerpo humano en el arte occidental, y también la aparición del paisaje como motivo artístico, con los que está muy bien ilustrada la obra. 

El hecho de no saber reconocer ningún valor al arte de vanguardia, su incapacidad para ver en él lo que sin duda tiene de creación y de investigación plástica y visual, no deja de ser una forma más de caer en las limitaciones de su propia dicotomía: su saber sobre la historia del arte le impide ver lo que en las nuevas corrientes hay de creatividad y de potencial expresivo. 




25-03-2022

La línea y el punto en el texto plástico


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Vasili Kandinsky, Punto y línea sobre el plano, Ed. Original 1923

Esta obra es una continuación de su trabajo anterior: De lo espiritual en el arte. Los materiales sobre los que la construye los elaboró durante tres meses que estuvo aislado junto al lago Constanza, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, y varios años después los utilizó para redactar lo que es, en cierto modo, un manual explicativo del arte abstracto, en su versión personal de la abstracción geométrica.

Esta investigación analiza los elementos básicos que componen toda manifestación plástica: el punto, originalmente ortográfico, se convierte en un elemento formativo en el plano cuando se sitúa en él de forma singular o aislada, y agrupándose con otros puntos para configurar formas de manera puntillista. 

El punto, cuando se desplaza, forma la línea: recta, horizontal, vertical o diagonal y también curva dando lugar a la esfera o a la espiral; y a cualquier manifestación de líneas repetidas, creando ritmos convergentes o divergentes, mientras se despliegan sobre el plano qué los acoge.

El plano, propiamente dicho, también tiene una forma geométrica angular o curvilínea, y en su interior se despliegan las formas, que pueden contemplarse cómo composiciones geométricas, más o menos regulares, situadas en los diferentes espacios que el plano configura: superior o inferior, izquierdo o derecho, cada uno con su propia significación simbólica. 

A ello se agrega el color, que es congruente con las formas geométricas. El triángulo sería sinónimo de amarillo, el cuadrado de rojo y el círculo de azul, con todas las variables de combinaciones cromáticas y formales (forma y color) que puedan concebirse.

Kandinsky pone en relación los puntos y las líneas con los elementos musicales, las notas y los ritmos, ya que en el fondo la música es un lenguaje abstracto que se desenvuelve en el tiempo, mientras que la pintura ocupa el espacio y la percepción visual. Pero los elementos básicos de ambas manifestaciones artísticas son los mismos, aunque cada uno tiene su propio ámbito, el espacio o el tiempo, y su propia via sensorial: la vista o el oído. 

Con estos elementos básicos, que configuran toda obra de arte, se pueden analizar las formantes que la constituyen, y descubrir así los valores armónicos, estéticos y artísticos de su creación. 

Este trabajo de Kandinsky es una contribución esencial para la teoría del arte, realizada por un artista tan creativo como original, que pretendía llegar al fondo de la problemática estética y formativa del arte, en una época repleta de movimientos vanguardistas y resistencias a lo original y lo nuevo. 




16-03-2022

La esencia del texto artístico


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Vasili Kandinsky, De lo espiritual en el arte, Paidós, Barcelona, edición original 1911

Vasili Kandinsky aprendió el arte pictórico después de cursar sus estudios universitarios y lo ejerció de una forma muy consciente, planteándose las relaciones entre la pintura y la música, y entre estas y el arte de su tiempo. 

Se le considera el descubridor del arte abstracto, partiendo de un expresionismo lírico que le llevó a despegarse cada vez más de las exigencias figurativas y descubrir que incluso en el arte figurativo la composición de la obra obedece, muchas veces, a un esquema geométrico que la unifica y que en sí mismo es abstracto, por lo cual la abstracción también está presente en el arte figurativo que adopte una composición geométrica de la obra. 

Este breve trabajo de Kandinsky es un clásico de la teoría e historia del arte. Parte de la idea del genio creador que desborda la recepción de sus contemporáneos y tiene que esperar, incluso de forma póstuma, a que sus obras sean entendidas, pone como ejemplo el de Beethoven. 

Este genio tiene una fuerza visionaria y misteriosa, pues obedece a una necesidad interna que tiene que conjugar con el arte de su tiempo y con las exigencias intemporales de la obra de arte. 

Tal vez donde hace aportaciones más interesantes en el estudio de los efectos del color y sus relaciones con la forma, ya que ambos constituyen los elementos de la obra de arte. El color adquiere su fuerza en relación con la forma que habita en el cuadro y en relación con los demás colores, donde adquiere mayor vida o llega a apagarse. 

Establece una tipología de colores básicos, cuya mezcla da lugar a los colores intermedios y los agrupa en colores cálidos o fríos y en colores claros u oscuros, estableciendo cuatro antinomias: amarillo/azul, blanco/negro, verde/rojo y naranja/violeta. 

Relaciona sinestésicamente los colores con los instrumentos y sonidos musicales, ya que él mismo se aplicaba a comprobar de forma empírica esta relación, así el rojo correspondería con el sonido vibrante de la trompeta. 

Reconoce que la pintura de su época se está alejando de los lazos con la naturaleza, impulsado por la búsqueda de la libertad, pero la belleza del color y la forma no es un objetivo suficiente para el arte. 

Para Kandinsky “el artista crea misteriosamente la verdadera obra de arte por vía mística”. Para ello obedece a una fuerza interior, activa y creativa, solo desde ese punto de vista interior se puede discutir si una obra es buena o mala, será mala si no es capaz de despertar vibraciones anímicas puras. Un buen dibujo es aquel del que no se puede alterar nada sin destruir su vida interior.  




14-03-2022

Vida y poética del texto


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Roberto Calasso, La Folie Baudelaire, Barcelona, Anagrama, 2011

Esta obra es como una novela del París del siglo XIX, época en que esta ciudad fue la capital cultural del mundo, el momento en que se crea la modernidad en el arte con todas sus corrientes y en el que la sociedad se entrega al arte en todas sus manifestaciones, teniendo como punto de encuentro los Salones. 

En este mundo densamente artístico, la figura de Baudelaire hace de referencia obligada y de centro y margen del mismo. Roberto Calasso se detiene sobre todo en un sueño de Baudelaire, que se desarrolla en un gran edificio que es a la vez museo y burdel. De este museo sobresalen dos pintores a los que Baudelaire les dedicó especial atención Ingres y Delacroix, y también Degas y Manet. 

Una de las figuras más destacadas de este relato veraz es la del crítico Sainte-Beuve, que dedica a Baudelaire varios artículos a raíz de que este solicitara ingresar en la Academia Francesa. Para situar su figura y su mundo, Sainte-Beuve inventa un quiosco que Baudelaire habría construido en su imaginación, donde figurarían todos sus objetos reales y fantasías, sitúa este quiosco en la distante y romántica Kamchatka. 

Pero en esta obra Roberto Calasso indaga en muchos más artistas de la época: Balzac, Stendhal, Flaubert, Rimbaud, Mallarmé, Proust, van desfilando en sus relaciones con Baudelaire. Aunque la pintura y los estudios de los pintores constituyen el centro de atención y reunión, y en la obra figuran muchos cuadros que son comentados con todo detalle, al tiempo que sale a relucir la vida de sus autores. 

En realidad, La Folie Baudelaire constituye un viaje al pasado, reconstruido y vivido con todo detalle, del que Calasso muestra un conocimiento sorprendente, que nos permite revivir un momento histórico apasionante como centro y origen de la literatura y pintura posterior. 


↓ 02-2022