TEXTOS | 05-2005 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
↑ 06-2005

28-05-2005

INSPIRACIÓN CLÁSICA

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Este trabajo paciente, delicado y sutil de María José Gil "Angelote" (2005) recrea el gusto clásico por las bellas artes: música, arquitectura, pintura, escultura y literatura, ya que todas están evocadas y personificadas en la simpática y angelical figura que centra el motivo pictórico.

En el cuadro podemos observar el monumental basamento de una enorme columna que sirve de fondo, la insinuación del espacio natural del jardín, los amplios y voluminosos libros que sirven de asiento a la figura, obras leídas y consultadas como se aprecia por los marcadores que sobresalen de sus recias páginas, el abultado violoncelo, del tamaño del que lo maneja en una actitud concentrada y atenta, una figura angelical denotada por esa ala abierta que lo identifica como criatura más que humana, su abundante, y pelirrojo peinado en bucles.

Está ejecutando una composición musical en la que los bajos y profundos sonidos de este instrumento son obtenidos por las hábiles manos que a ello se aplican. La desnudez de su cuerpo, apenas velado, invita a un concepción de lo natural y espontáneo de las artes cuya fuente de inspiración está también en la naturaleza.

La inspiración clásica concebía la actividad artística como la mesurada, equilibrada y armoniosa elaboración de la figura, la idea, el espacio y el ritmo o la melodía. Y ese equilibrio se simbolizaba a veces por la representación de figuras de cupidos, angelillos o angelotes que representaban la ingenua tranquilidad y felicidad de un alma sensible, armónica y tranquila.

Una concepción de las artes que no ha pasado todavía por el vendaval del Romanticismo, por la chatura del Realismo, por la negrura del Naturalismo, por el desquiciamiento de las vanguardias. Observamos con nostalgia esta mesura clásica, ya tan lejana, ilustrada y feliz, que nos prometía un paraíso en forma de jardín francés.

Y algo de esto nos falta todavía y necesitamos recuperar o recrear, pues la felicidad clásica no era más que la muestra de que en nuestro interior hay un mundo de equilibrio y armonía que nos constituye. Y es hora ya de encontrarlo, después de haber pasado por tantas pesadillas hiostóricas.

No será igual que el que nos ofrecía el Clasicismo y la Ilustración, perso sí estará fundado en los mismos principios la concordancia de las posturas opuestas, al sonrisa de Buda, la sencillez del jardín japonés, la intuición esencial de un haiku, la pacífica y atenta ceremonia del té.

13-05-2005

HETEROGLOSIA

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Este cuadro de Joan Miró Escagot, femme, fleur, toile (1934), nos muestra una configuración espacial en la que distinguimos palabras escritas, las de su título, y figuras creadas según un código figurativo ajeno al realismo fotográfico. En el mismo se valora el color, la figura, la curva, una proporción aleatoria, y sobre todo un horizonte onírico muy del gusto surrealista.

De esta forma se reconfiguran los lenguajes y se integra la palabra y la expresión plástica, en un mismo repertorio de significantes. Los elementos pintados no son analógicos con respecto a sus imaginarios referentes, al igual que los significantes lingüísticos de la escritura no guardan analogía alguna con los significados evocados.

Y así aparece una especie de maya, de tela de araña, constituida por significantes puros, abstraídos de su función referencial o comunicativa, y mostrados en un ejercicio de exaltación de un repertorio formal tan caprichoso o aleatorio, como lo es, sin duda, el repertorio figurativo afín a las configuraciones realistas.

Y como ocurre en los sueños, aprendemos a concebir la realidad de otra manera, a configurarla según cualquier repertorio de formas, a pensar que el mundo y sus objetos son, en el fondo, proyecciones de la mente a través de una serie de lenguajes, de códigos instaurados o que la obra propone.

De esta forma, el mensaje se constituye en no solo la manifestación del código, sino en el creador del código mismo. Y las relaciones paradigmáticas se sitúan en el plano de la contigüidad sintagmática, y unas y otras se hacen alternativas y equivalentes.

Tomamos consciencia de nuestro potencial creativo y no meramente reproductivo y la obra nos invita a desatar los límites impuestos a nuestra imaginación. Ahora ya estamos liberados del lenguaje y del discurso, y somos dueños del código y del mensaje. Esa libertad nos puede dejar en la sensación de una impotencia o en la plenitud de nuestras posibilidades creativas.

04-05-2005

Los huecos del texto

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Esta escultura de Jorge Oteiza Caja vacía o Caja metafísica (1958) realiza una propuesta entre cubista, abstracta y constructivista en la que se quiere poner de relieve la idea del espacio como ausencia, como vacío, como hueco. Pero un hueco o un vacío que no está ya dado sino que hay que insinuar o proporcionar a la percepción.

El texto poético, el texto literario, es también una construcción en hueco, en la que los elementos presentes insinúan otros elementos ausentes, no nombrados, presupuestos, implicados, posibles. El texto es un diálogo con su lector y con sus huecos, sus ausencias, sus elipsis. Porque la escritura es un acto intransitivo que no nos proporciona nada que no tengamos ya en nuestra mente.

Por eso la incomprensión de un texto señala más a la ausencia de significados en la mente del lector que a la huella perdida de un sentido que no logra restacarse.

Los huecos del texto o el texto en hueco, el sentido escamoteado, la ausencia de lo dicho en el proceso del decir, son los síntomas de la nada en que los textos se establecen, una nada estructurada en desarrollos verbales que suben y bajan en la flotación paradigmática desde la línea de superficie.

Hace falta elaborar una metafísica del sentido, pues el ser siempre habla desde su nada en los entes que pueblan el texto. La nada que es el todo de la significancia, la posibilidad de un decir ilimitado y concluyente, un intelecto abierto a la intuición del inconsciente, ese abismo pascaliano que nos atribula.

↓ 04-2005