TEXTOS | 10-2008 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
↑ 11-2008

13-10-2008

Textos epónimos femeninos

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La novela del personaje, y de un personaje femenino, que desde su título aparece como heroína epónima, tal como Juanita, la Larga (1894) de Juan Valera, indica hasta qué punto la autonomía ficcional de la mujer había alcanzado celebridad e interés para los lectores del realismo.

Valera forja caracteres femeninos de envergadura, y los sitúa en el título de sus novelas. Son mujeres del pueblo, bellas y expresivas, que se ven solicitadas por hombres en una situación de asimetría. Esta asimetría es la base del conflicto, que resuelve unas veces sublimándola (Doña Luz), otras reequilibrándola (Pepita Jiménez) y finalmente aceptándola (Juanita, la Larga).

Valera es consciente de todas las heroínas mitológicas y bíblicas que nos ofrece la tradición, de su capacidad, astucia, heroicidad y relevancia. En estas lides muestran su superioridad frente al hombre y al mismo tiempo su disposición a someterse a un orden social patriarcal. Sus personajes encarnan estas cualidades y le dan una vida renovada y cercana, visible.

La novela de la mujer emancipada del hombre es en el siglo XIX una constante, a partir de la obra de Flaubert. El bovarismo, como bien reconoce Vargas LLosa, se instala en la narrativa y da lugar a una serie de avatares muy del gusto de las lectoras y lectores de la época.

En esta corriente literaria se está preparando la mentalidad de la época para aceptar la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, en todos los campos, que llevará a otorgar a la mujer el derecho a una "Habitación propia".

10-10-2008

El rostro del texto

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Javier Marías, autor de diez novelas, la última de las cuales, Tu rostro mañana (2007), es la más extensa, una morosa obra narrativa de corto desarrollo y dilatato relato, que se despliega en 1600 páginas, distribuidas en tres volúmenes.

En su reciente conferencia sobre "La paulatina pérdida de la irresponsabilidad", dada en la Fundación Juan March, descifra algunas de las claves de su manera de escribir y de concebir la historia, por parte del que la va adivinando conforme la escribe. Se trata de un escritor que escribe con brújula, pero sin mapa, y por tanto su camino se va haciendo conforme plasma el relato, y pecha con lo escrito, sin modificarlo.

Después de sus primeras novelas emulativas, y del aprendizaje de la escritura mediante la traducción, en la que adquiere algo impagable, las tonalidades del autor traducido, su propia "voz" se decanta en Todas las almas, a partir de la cual desarrolla un estilo propio e inconfundible.

En este estilo lo vivido se hace ficción, a voluntad del creador, por el hecho de aparecer bajo el rótulo de una novela, y la historia se interpola de continuas divagaciones, dilaciones, reflexiones y retornos al hilo argumentar interrumpido, que así se adelgaza y se enmaraña en la prosa calmosa, minuciosa y reflexiva, en un acto de consciente auto-escritura.

El modelo máximo de esta voz y de este estilo, la del citado escritor con brújula y sin mapas, lo encontramos en su última novela, un trabajo de ocho años, que ha dado a la literatura española la que podemos considerar, sin mucho temor a equivocarnos, como la novela más extensa y voluminosa escrita en nuestra lengua.

Es una obra que bajo esa supuesta capacidad de adivinación que el personaje tiene sobre el desarrollo futuro del rostro de la gente, su desenvolvimiento humano e íntimo, intuido con una certeza no siempre agradable, se nos va mostrando otro rostro, el del texto, el rostro de la escritura narrativa, que surge ante nosotros lentamente, con dificultad, con esfuerzo, con voluntad, queriendo contar una historia que se escurre a cada instante envuelta en consideraciones de todo tipo, en las que podemos asistir a un consciente tejer y entretejer de la escritura, como si el narrador más que contar la historia lo que hiciese fuera enhebrar una y otra vez la aguja, como el que sabe que tiene que tejer un tapiz ante el cual siente una terrible pereza.

Los lectores siguen este decurso más por incredulidad ante tal manera de contar que por curiosidad de saber un argumento que podía haberse contando con la décima parte del texto. A cada paso constatamos que lo que vemos es cierto, que un autor se atreve a escribir de esa desaforada manera, y que a pesar de ello no abandonamos la historia, pese al cansancio o a la gana de hacerlo, enganchados por no se sabe qué sortilegio textual.

Y lo que ve verdad queremos es tal vez, al leer la obra, abarcar el rostro de este texto, que no logramos dominar ni adivinar del todo, sabiendo además que el autor tampoco lo sabe mientras escribe, y ambos continuamos el decurso del texto para ver si uno y otro sabemos acertar con un final que complete el rostro de la obra, y que este no sea disparatado, trivial, previsible, imposible o adivinado. Mientras eso ocurre más vale seguir escribiendo y leyendo, para ver si hay algún azar que nos permita acabar la obra y abarcarla, a posteriori, como un todo y qué todo sea ese.

01-10-2008

Textos contrafácticos

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La última novela de Paul Auster Un hombre en la oscuridad nos plantea una doble historia. La primera está ambientada en la sociedad norteamericana actual, en la que su protagonista revive su propia historia mientras se la cuenta a su nieta inquisitiva. Una historia convencional, llena de fidelidades y traiciones.

Pero al mismo tiempo este personaje, en sus noches de insomnio imagina unos acontecimientos que ocurren también en su país, y que reconstruye la historia reciente de una manera alternativa, fantaseándola de una forma diferente, la propia de un país en guerra civil que se está autodestruyendo.

Esta historia inventada con todo detalle tiene una propiedad que participa de la cosmovisión de Giordano Bruno, centrada en la multiciplicidad de mundos. Lo que inventamos se realiza en un mundo paralelo al nuestro y sigue su propio curso histórico, pues la realidad es siempre el producto del sueño o la invención de otro. Para modificar esa realidad creada, hace falta suplementarla con una trama en la que la intervención de un personaje dentro de ella cambie el curso de los acontecimientos.

Esta forma de insertar un mundo contrafáctico en otro, el primero realista y el segundo más fantasioso, es la metáfora de que en realidad nuestra existencia discurre al menos en dos dimensiones, la de la experiencia cotidiana, y la de nuestros sueños y fantasías. Estas últimas pueden ser tan creativas o funestas como la propia existencia supuestamente real.

En el caso de esta novela, ambas historias vienen a tocarse, porque para terminar con la pesadilla inventada hace falta eliminar a su creador, que espera paciente y temeroso, como en el relato de Cortázar, Continuidad de los parques, a que aparezca ante él el personaje que viene a eliminarlo, una creación materializada por su fantasía. Y es que nada es más real que aquello que creamos con nuestro pensamiento.

↓ 09-2008