TEXTOS | 08-2004 archivos

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza
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28-08-2004

Soneto

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El soneto es una escalera de color, en la que si bien el orden de la lectura es descendente, el sentido va ascendiendo de sorpresa en sorpresa hasta culminar en el último verso, en el que éste se resuelve en su máximo esplendor.

Buena muestra de ello es esta selección comentada de LXXXV sonetos de Luis de Góngora realizada por Emilio Orozco Díaz, donde se nos revela de forma clara y precisa el sentido muchas veces oculto o difícil de aprehender de estas breves obras maestras. En los comentarios se nos muestra tanto el Góngora manierista como el escritor barroco que fue, ambos aspectos se dan cita a veces en un mismo soneto.

Los lectores agradecerán estos sencillos y profundos comentarios aclaratorios y contextualizadores de cada soneto, que cobra de esta forma todas las dimensiones de un sentido disponible solo a los más expertos y avisados.

De la primera lectura, que indaga en el significado de cada verso, se pasa a reflexiones vitales y a acertadas interpretaciones sin las cuales muchos lectores se sentirían perdidos en un texto tan elíptico y alusivo como el soneto gongorino.

De este modo, la lectura del soneto rinde en su comentario todo el placer reservado a la comprensión intelectual, e invita a una relectura más lúcida y gratificante.

La arquitectura textual de un andamiaje tan estricto y exigente como el soneto permite, en cambio, los mayores juegos de ingenio y de intención que sea posible imaginar, sobre todo cuando esta estructura herméticamente cerrada en la forma se abre a la polifonía de las múltiples alusiones.

Dos maestros se concitan en esta Antología, presentada por José Lara Garrido, el poeta inasequible que fue Góngora, y el comentarista avezado y sutil, Emilio Orozco, al que no se escapa ningún extremo de la compleja trama de una vida y una obra. Ambos nos hacen disfrutar del significado, que engasta su joya en el significante de una lengua a la que se le ha permitido poder expresar cualquier intención elaborada por el sentimiento o la razón.

02-08-2004

Vivir en los pronombres

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En este cuadro de Fernand Léger Mujer con gato podemos observar las principales características de este pintor, su tendencia a geometrizar las formas, la valoración del plano, el hieratismo, la pose cotidiana que adoptan los personajes. Observemos el rostro de esta mujer anónima, sin rasgos definidos, sin receptores propiamente dichos.

Los retratos pictóricos tienden a presentar personas reconocidas o gentes anónimas, como es el caso de este. No es esta una persona propiamente dicha, sino una actitud, un rictus social.

En el lenguaje las formas especializadas en la mención de persona son los nombres propios (verdaderos índices deícticos), los patronímicos, los pronombres en la gran variedad de sus formas de sigular o plural, de sujeto o de objeto.

Determinados textos poéticos se articulan a partir de los pronombres. Recordemos una de las obras más celebradas de Pedro Salinas La voz a ti debida, en la que la presencia del pronombre de segunda persona, no así el de primera, habita en casi todos sus versos. De tal manera que el poeta exclama en un momento: "...qué alegría más grande,/ vivir en los pronombres...".

Cierta poesía lírica, a partir del Romanticismo, se ha nutrido de la expansión semántica de los pronombres, de su halo de emoción o de misterio, ya que en ellos se encierra la mención del "otro" deseado o deseante. Así el sujeto habita el discurso y lo puebla de sentimientos, metáforas, símbolos y flores de su imaginario. Traduce al orden simbólico lo que estaba en la imaginación subjetiva.

Será la poética del nosotros la que agrande esta versión unidimensional de los sentimientos y la encauce por una vertiente más colectiva. Pero, en cualquier caso, la poesía parece ser el reino de los pronombres, ese lugar en donde los cuerpos se hacen signo.

01-08-2004

Deixis de persona

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Este cuadro de Ferdinand Léger Le Grand Déjeuner (1921) fue comentado por el propio autor: "Cuerpos femeninos, una mesa, un perro, temática de todas las épocas, sin expresión ni evocación. En mi opinión, esa es la línea clásica. Interiorizar el motivo u objeto, detrás de la expresión pictórica."

La pintura puede intentar objetualizar el mundo, presentarlo de forma deíctica o referencial sin añadir comentario alguno. El lenguaje tiene un subsistema denotativo en los pronombres de tercera persona: él, ella, eso. Los pronombres en los que el que habla no se introduce en el discurso (yo), ni introduce al otro (tú, usted).

Este sistema deíctico de persona puede pasar la palabra de uno a otro término. En la llamada tercera persona "él", "ella", "ello" tienen un carácter de distanciamiento, que permite objetivar al "otro", al ausente, al héroe épico. Es el pronombre de la no-persona, que anula su carácter de sujeto. De hecho "él" o "ella" pueden también referirse a un animal o una cosa.

A veces el enunciador se distancia de sí mismo y se nombra en tercera persona, como hace César en De bello gallico. Este extrañamiento del sujeto opera, como decía Roland Barthes, "una especie de asesinato por el lenguaje, cuya escena toda, a veces suntuosa, ceremonial, es la chismografía" (R. B. por R. B., "Pronombres").

Eso es lo que pretende F.Léger con esta obra, relegar al personaje a "otro", encerrado en su mismidad inexpresiva. Apuesta antirromántica de la cual se siente victorioso en este cuadro.

En el lenguaje hay que asumir una deixis de persona: desde la más enfática del "yo", la dialéctica del "tú" (ambos sin género), a la deixis del ausente o ausentado "él / ella". Entre ambas se sitúa la deixis empática del "ese". No podemos sustraernos a ser cuerpo de lenguaje.

↓ 07-2004