TEXTOS | El deber de leer

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Tue 12-04-2011 07:03 PM

El deber de leer

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Bayard, Pierre, Cómo hablar de los libros que no se han leído, Barcelona, Anagrama, 2008

Como decía Oscar Wilde “Jamás leo los libros que debo criticar, para no sufrir su influencia”. Esta obra no es un manual de pseudoerudición que permita fingir la lectura de obras no leídas. Parte de la comprobar que la sacralización del libro ha llevado a una ética que impone la necesidad de haberlo leído todo y tener que hablar de ello fingiendo haberlo hecho.

Esta imposición ha pesado sobre todo en la vida académica, y lleva a citar y comentar obras sin haberlas leído, algo que nadie confiesa, sobre todo cuando se habla de literatura y se enseña sobre ella. Muchas veces ni los profesores ni los alumnos han leído las obras de las que hablan, o al menos no del todo, pero una especie de imposición les hace tener que fingir su lectura, creando una hipocresía sobre la lectura.

Señala el autor que muchas veces ha sostenido interesantes conversaciones sobre libros que ninguno de los contertulios ha leído, y no por ello sus aportaciones han sido menos creativas o interesantes que si los hubieran leído de verdad.

Pues lo importante es la capacidad de crear, inventar, discurrir sobre los libros, en general, y sobre algunos en concreto, a partir de ciertas prácticas de lectura. Muy pocos lectores, como Montaigne, confiesan no haber leído o no haberlo hecho del todo -solo fragmentos ocasionales- y haber olvidado las obras leídas.

Tal vez junto a la lectura habría que ofrecer el gusto y la conveniencia de escribir, imaginar, crear, sin demasiadas ataduras a lo que dicen los libros ya escritos. Si los libros ya escritos nos limitan hasta el punto de prohibirnos pensar, soñar o fantasear sin su previa consulta, entonces lo mejor que podemos hacer es darle la espalda a los libros ya escritos para poder hacer los nuestros. Esto ya lo hacía Borges que inventaba libros y autores con toda seriedad y escribía historias fingiendo haber leído libros inexistentes. 

Por mi parte confieso que este libro, siguiendo sus consejos, no lo he leído del todo, y ello lo hace mucho más interesante, guardo el deseo de seguir ojeando sus páginas, pero también puedo inventarme el contenido de muchas otras.

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