Sat 05-11-2011 09:02 PM
Historias que piden respuestas
Susanna Tamaro, Respóndeme, Barcelona, Seix Barral, 2002
Esta obra recoge tres novelas cortas, o tres relatos extensos, el primero es el que responde al título de todo el libro. El traductor de los mismos ha sido el novelista y poeta granadino Justo Navarro.
Los tres relatos se configuran como historias contadas en primera persona por un protagonista angustiado, que cuenta las desdichas familiares de su vida personal. Todos los relatos tienen en común el tema del amor como ausencia. La ausencia o la insuficiencia de amor desencadena todas las desgracias que se cuentan.
Respóndeme
Es la historia de Rosa, un niña huérfana desde los ocho años, hija de madre soltera y padre desconocido, solitaria, soñadora y evasiva, falta de cariño, que se cría en un horfelitano, al cuidado de unas monjas frías y algo despiadadas. Las vacaciones de Navidad y de verano las pasaba con unos tíos a los que no conocía y que no tenían hijos. Todas las Navidades le regalaban un camisa blanca.
La historia se va contando de forma fragmentaria a base de recuerdos de impresiones sensoriales, sobre todo olfativas y visuales. El relato cuenta, más que en los hechos propiamente dichos, el mundo interior de la niña huérfana, sus soliloquios, fantasías y cuestionamientos religiosos, vistos desde su perspectiva ingenua. Lo hace con frases breves, muchas interrogaciones y un lenguaje poético.
La niña ya adolescente se entera, por boca de su tía, de que su madre había sido una prostituta que murió atropellada por un camión “mientras esperaba a los clientes”. Su tía se lo repetía muchas veces y por eso empezó a odiarla. Se refugiaba en la leñera a rumiar su odio.
Una Navidad, cuando tenía 13 años, se rebeló ante sus tíos, se negó a comer la carne de pavo y salió despechada de la casa en bicicleta, después de haberles preguntado a sus tíos qué era el amor. Fue después a la Iglesia y en la misa llamó a todos los presentes “sepulcros blanqueados”. Al volver a casa, sus tíos le dieron una paliza.
Entró en una crisis en donde su preocupación era si existía el infierno y la ausencia de amor. Su odio fue creciendo y un día en la misa de Semana Santa padeció un ataque de furor destructivo. Fue ingresada en el hopistal y aprendió a mentir y a fingir lo que no sentía, de esta forma se dio cuenta de que podía manipular a los que le rodeaban. Se volvió dócil y de una religiosidad fingida. Todo le parecía una estafa. Un día tiró al vater un rosario, a raíz de ello fue expulsada del colegio y tuvo que irse a vivir con sus tíos. Allí se aficionó a la bebida mientras aguardaba llegar a la mayoría de edad, intimidando a sus tíos con el escándalo si no se avenían a dejarla hacer a su gusto. Buscó trabajo como niñera en una casa de un pueblo cercano y dejó en paz a sus tíos.
Allí se sintió como en el hogar que no había tenido, empezó a estudiar, causó la admiración de Franco, esposo de Giulia, por su libertad de pensamiento. Durante una semana de ausencia de Giulia y su hija, el marido la lleva a casa de un amigo soltero, donde bebida y drogada tienen relaciones con ella, al tiempo que celebran su mayoría de edad. Como resulado Rosa quedó embarazada. Franco le proporciona los medios para abortar, pero ello decide no hacerlo. Franco para librarse de ella y despedirla de la casa la acusa de ladrona de las joyas de su esposa. Por su mente pasaron todas las formas posibles de vengarse. Pero decide irse de la casa de incógnito. Deambula por las calles de la ciudad reflexionando sobre el amor y la vida y encuentra un perro que la sigue y le da la mano, y a quien le pregunta “¿Nos guía alguien o estamos solos? Respóndeme”.
El infierno no existe
Una mujer de 55 años se ha quedado viuda y regresa a la casa de sus padres, ya fallecidos hace tiempo, en circunstancias distintas, pero en las que por hallarse de viaje en lugares distantes, con su marido, no pudo asistir a su entierro. Rememora también, con alegría, la más reciente muerte de su esposo, al que encontró caído en el cuarto de baño, hecho que le hizo rememorar las sesiones de lectura de la Metamorfosis de Kafka, obra que a él le entusiasma y a ella le producía un asco que no se atrevía a confesar.
Se encontró la casa de sus padres roída por toda clase de insectos y animales, y en ella vio la figura de sí misma, la situación a la que le había conducido su vida conyugal, sintiendo que su marido le había roto todos los puentes al pasado y al futuro.
Antes de ir a casa de sus padres escuchó una noticia en la que deteminados teólogos afirmaban que el infierno no existe o si existe debe esta vacío. Eso la llenó de cólera e incredulidad.
Desde la casa de sus padres va rememorando su vida familiar, cómo conoció al que sería su marido, el cual le leía libros de poemas. Después va recordando su vida familiar, cómo su marido la maltraba con palabras y le pegaba en ocasiones. Su hijo Michele nació casi asfixiado y se fue recuperando poco a poco hasta llegar a ser un niño normal pero algo débil, el padre (cuyas lecturas favoritas eran Hobbes y Darwin) lo maltrataba y despreciaba por esa debilidad.
Michele hace la primera comunión a los catorce años, a escondidas del padre, quien una vez lo sorprendió entrando en una iglesia y lo insultó, considerando que su religiosidad era propia de un descerebrado. El muchacho se hace devoto y la madre teme perderlo por esta vía. No iba al colegio y suspendió todas las asignaturas, su fe le hizo enfrentarse a su padre que lo maltrató y encerró. Otro día, Michele le quitó el dinero a su padre para dárselo a un necesitado y este se puso furioso y lo golpeó. El padre salió de la casa lleno de furia y en la puerta atropelló al hijo, sin darse cuenta, mientras se aproximaba al coche en marcha, murió en el acto.
Este acontecimiento supuso para la madre un descenso a los infiernos, su vida se vio invadida por un odio incontenible. Un día le escribe una carta al teólogo que decía por la radio que el infierno estaba vacío y le dice que este se ha mudado al mundo de los vivos, donde ahora habita. Cuando va meter la carta en un sobre amarillento se encuentra con un texto escrito por Michele en que le da gracias a Dios por haber creado la oscuridad para que la luz resplandezca sobre ella.
El relato rezuma la humedad de la casa, soledad y melancolía. Está narrado como una conversación íntima con el marido ya ausente, en la que le cuenta todo lo que no había sido capaz de contarle mientras vivía. En la mente de los lectores se establece un paralelismo inevitable con el Delibes de Cinco horas con Mario.
El bosque en llamas
Un marido cuenta la historia de su matrimonio, como conoció a su mujer, una compañera de instituto, una chica retraída a la que él daba conversación. Más tarde se casan, siendo ya estudiantes de la universidad, y tienen una hija Giulia, que nace débil y pero que va sobreviviendo a pesar de todo. Ahora el narrador protagonista tiene que cuidar de ambas, de las que a su vez se siente dependiente.
La hija supera una enfermedad grave y a raíz de ello la madre cambia de actitudes, se vuelve más presumida y encuentra amigas. Los compañeros del marido le dicen que seguramente ha encontrado un amante, el demonio de los celos hace presa en su mente. Desde entonces busca la forma de vengarse. Le confiesa sus celos y ella le lleva a un convento donde un fraile le habla de su cambio de actitudes, de su confianza espiritual. Él no puede comprender el cambio de su mujer.
El marido era botánico, los bosques que cuidaba se morían o eran devorados por los insectos. La frustración de su trabajo la relacionaba con el desencanto de su vida familiar, un día que Anna llegó tarde a casa por culpa del pinchazo de una rueda montó en cólera y la golpeó.
Furioso se va de la casa, pero deja dentro las llaves, entonces entra en el sótano y descubre una bicicleta que piensa que es del amante de su mujer, pero en realidad era un regalo que esta le tenía reservado para su cumpleaños, que era el día siguiente. Al subir a la casa desde el sótano la golpea con una pesa de gimnasia y cae al suelo muerta.
Después se escribe con el fraile amigo de su mujer, quien le explica de otra forma la teoría que había ingeniado: por qué los alarces mueren, mientras los pinos y abetos, de hoja perenne, no lo hacen, pues son admirados en invierno por los que los contemplan. El fraile le dice que mueren por envidía del amor que reciben los otros árboles. De esta forma explica el problema del mal, de la venganza de Caín o de los hermanos de José, que tenían envidia del amor que recibían de sus padres. “Y así el demonio de la envidia devasta el mundo”.
El fraile le explica que él quería una Anna dependiente y no una mujer libre del miedo. Le cuenta también por carta su proceso de oscuridad, donde siendo fraile no creía en lo que predicaba y como fue descubriendo que la clave de la vida es el amor, aunque este muchas veces no muestre todo su esplendor, sino solamente alguna de sus facetas.
En las tres historias aparece un perro, imagen de la fidelidad y de la transparencia. En la primera es un perro callejero que se acerca a la joven embarazada mientras desespera de su situación. En la segunda historia aparece junto al cadáver del hijo atropellado por el padre, y sigue allí a pesar de que este le da una patada. En el tercer relato es un perro blanco que se acerca al marido cuando sube del sótano dispuesto a matar a su mujer por celos y él lo tira por la escalera.
Vistas en conjunto constituyen una interpretación de las angustias y dramas humanos, cuya explicación se contiene en la ausencia de amor y en la necesidad del mismo. En los tres relatos hay alusiones religiosas, que forman parte de las creencias o las enseñanzas recibidas por los personajes y que estos rechazan críticamente.
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