TEXTOS | Pensar la forma y el color

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Sun 10-07-2011 11:20 AM

Pensar la forma y el color

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Una obra capital para pensar las relaciones entre la forma y el color en la pintura. Kandinsky elabora en ella una novedosa teoría de los colores, basada en el contraste. Todos los colores se organizarían en pares de opuestos, sobre la base de la relación entre el amarillo - y el azul. El primero apunta hacia lo externo y el segundo hacia lo interno.

La segunda relación la establece entre lo el blanco eterno y el negro apagado, mortal. El rojo vibrante hace juego con la quietud del verde. El naranja contrasta con el violeta. Los colores tienen una vibración relativa al conjunto en que se insertan y en ese contexto se apagan o se descatan.

De igual manera, la forma crea consonancias o asonancias, se basa en una relación de sencillez o de complejidad, apunta hacia lo externo o hacia lo interno.

La mayor aportación de Kandinsky es el descubrimiento de que el arte contemporáneo se va apartando de lo externo y va abriéndose hacia una zona interior, donde ya no depende de sus relaciones con las cosas, sino con la objetividad del pensamiento.

Lo espiritual en el arte es eterno e intemporal, aunque esté filtrado por la personalidad del artísta o por el estilo de la época, lo intemporal se adueña de lo temporal y lo subsume, fijando en la obra la intemporalidad que no caduca y que redime la obra de cualquier dependencia espacio-temporal. Por eso obras artísticas de culturas y creadores muy distantes nos siguen revelando un valor más allá de las circunstancias en que surgieron.

Lo que no es objetivo e intemporal en el arte es puramente decorativo, caduco, deleznable, porque no roza el componente espiritual de la creatividad genial. Entonces se queda en lo anecdótico o en lo puramente circunstancial. 

Sorprende esta capacidad teórica sobre el arte y la estética en uno de los pintores más innovadores de su tiempo, que condujo el arte figurativo hacia la abstracción, en una serie de movimientos sucesivos en los que iba descubriendo que el arte no es tributario de un modelo, sino de una resonancia interior.

Y ello pudo conseguirlo por la intución y la minuciosa observación de cada detalle de una obra, dándose cuenta de hasta qué punto el ajuste fino y preciso de cada detalle modifica el conjunto.

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