TEXTOS | INSPIRACIÓN CLÁSICA

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Sat 28-05-2005 11:42 AM

INSPIRACIÓN CLÁSICA

P1010021.JPG

Este trabajo paciente, delicado y sutil de María José Gil "Angelote" (2005) recrea el gusto clásico por las bellas artes: música, arquitectura, pintura, escultura y literatura, ya que todas están evocadas y personificadas en la simpática y angelical figura que centra el motivo pictórico.

En el cuadro podemos observar el monumental basamento de una enorme columna que sirve de fondo, la insinuación del espacio natural del jardín, los amplios y voluminosos libros que sirven de asiento a la figura, obras leídas y consultadas como se aprecia por los marcadores que sobresalen de sus recias páginas, el abultado violoncelo, del tamaño del que lo maneja en una actitud concentrada y atenta, una figura angelical denotada por esa ala abierta que lo identifica como criatura más que humana, su abundante, y pelirrojo peinado en bucles.

Está ejecutando una composición musical en la que los bajos y profundos sonidos de este instrumento son obtenidos por las hábiles manos que a ello se aplican. La desnudez de su cuerpo, apenas velado, invita a un concepción de lo natural y espontáneo de las artes cuya fuente de inspiración está también en la naturaleza.

La inspiración clásica concebía la actividad artística como la mesurada, equilibrada y armoniosa elaboración de la figura, la idea, el espacio y el ritmo o la melodía. Y ese equilibrio se simbolizaba a veces por la representación de figuras de cupidos, angelillos o angelotes que representaban la ingenua tranquilidad y felicidad de un alma sensible, armónica y tranquila.

Una concepción de las artes que no ha pasado todavía por el vendaval del Romanticismo, por la chatura del Realismo, por la negrura del Naturalismo, por el desquiciamiento de las vanguardias. Observamos con nostalgia esta mesura clásica, ya tan lejana, ilustrada y feliz, que nos prometía un paraíso en forma de jardín francés.

Y algo de esto nos falta todavía y necesitamos recuperar o recrear, pues la felicidad clásica no era más que la muestra de que en nuestro interior hay un mundo de equilibrio y armonía que nos constituye. Y es hora ya de encontrarlo, después de haber pasado por tantas pesadillas hiostóricas.

No será igual que el que nos ofrecía el Clasicismo y la Ilustración, perso sí estará fundado en los mismos principios la concordancia de las posturas opuestas, al sonrisa de Buda, la sencillez del jardín japonés, la intuición esencial de un haiku, la pacífica y atenta ceremonia del té.

Comentarios: