Sun 23-01-2022 12:03 AM
Escritor / escribiente

José Saramago, Todos los nombres, Ed. Alfaguara, 1997
La aparente coincidencia del nombre del autor de esta novela con el nombre del único personaje con nombre propio de la misma, don José, se extiende a otras connotaciones, entre ellas al hecho de que ambos se dedican a la escritura, el primero como autor de novelas y el segundo como escribiente de la Conservaduría General del Registro Civil.
El fabulador y el personaje de la fábula se parecen mucho más, ambos crean mundos sacados de la imaginación. El primero urdiendo una historia descabellada de un personaje solitario que inventa un amor a partir de una ficha del fichero del Registro Civil.
Enamorarse de una mujer a partir de la ficha del registro no tiene otra efectividad que demostrar que el poder de la imaginación sobrepasa con mucho al poder de la percepción sensible, y esto se hace verosímil en el relato por el principio que rige toda lectura literaria, la suspensión de toda incredulidad, que hace posible que el lector pase por alto esta aparente falacia, pues ya se ha identificado con el personaje.
De esta forma construye Saramago una historia que atrapa a sus lectores modelo desde el primer momento y que no los deja dormir hasta haber sabido el final imposible de una historia que cada vez se complica más en perjuicio del infausto escribiente, aunque todo se resuelve a su favor, salvo el hecho capital de que la vida se ausenta de la mujer que ha salido del escenario por voluntad propia, y que nunca llegaría a conocer salvo por indicios, y ante ello es un triste consuelo dejar el registro de su defunción sin cumplimentar.
El narrador omnisciente recoge con toda fidelidad sus pensamientos, fantasías y acciones, pesadillas, intercalándolo todo en un texto sin guiones de diálogo, donde el solo uso de la coma permite pasar de un término de palabra a otro, lo cual da a la obra el carácter de un relato de vanguardia.
Pero además compite con el personaje, que también inscribe en un diario sus peripecias, para permitir que el Conservador del Registro Civil pueda entender sin ninguna duda las peripecias de este subordinado, alojado en la casa inscrutada en el propio edificio del Registro, y de la cual posee la llave que le permite acceder a comparar las pruebas de sus faltas con el relato mismo del protagonista registrado en el diario de sus andanzas.
En contra de todo lo esperado, don José es exculpado por el severo jefe, un autócrata, que sin embargo es capaz de comprender que el corazón tiene razones que la razón no entiende.
Don José se ha comportado en toda la historia como el niño que no ha dejado de ser nunca, y a un niño todo se le puede disculpar.
La historia tiene además un arraigo biográfico en los intentos de Saramago por conocer el estado del registro civil del nacimiento y de la muerte de su hermanito -pudiendo apreciar de este modo la ineficiencia de estos servicios registrades, que inspiraron su novela- fallecido a los pocos meses de nacer, antes del nacimiento del propio autor, y del que se consideraba en cierto modo un continuador de su breve y truncada existencia.
Una obra que muestra, como tantas otras, las extraordinarias cualidades narrativas del que fue Premio Nobel con todos los méritos que se le hicieron acreedor a tal galardón.
Todos los nombres pueden estar contenidos en un solo nombre.
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