TEXTOS | Tel texto de la memoria

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Thu 30-12-2021 03:17 PM

Tel texto de la memoria


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José Saramago, Las pequeñas memorias. Traducción de Pilar del Río, Madrid, Alfaguara, 2007

Esta es una de las últimas obras de José Saramago, unas breves memorias de su infancia y adolescencia, contadas para reconocer el niño que fue y que siempre ha seguido siendo. La obra se acompaña con fotografías de él mismo, de sus padres y abuelos, con anotaciones manuscritas a pie de página. 

Estas sencillas y sinceras memorias tiran “del ovillo enmarañado de la memoria” y descubren el hilo de sus primeros años de vida, como un caudal de agua que discurre por todo su cuerpo. 

En ellas hay un sentimiento de orfandad, “ya no existe la casa en que nací”, ni los que animaron su vida. Su abuela que siempre le daba permiso para deambular por los alrededores de Azinhaga, esa calle estrecha que fue su aldea natal, diciéndole “Vete, vete”. 

El sentimiento de la naturaleza y el silencio del paisaje acompañan sus observaciones del medio natural y contribuyen a formar a ese narrador tan capaz para describir y darle presencia a cada situación en que discurre la vida de sus personajes. 

También está ese sentimiento de orfandad, que se aprecia en el recuerdo de su hermano Francisco, muerto a los pocos meses, antes de que él naciera, y del que de alguna forma se siente continuador de su breve existencia. 

Tal vez la impronta de sus abuelos maternos, ambos analfabetos, es el recuerdo que más hondo caló en su memoria. De su abuela aprendió el amor a la vida: “El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir”, le decía. O su abuelo que, cuando tuvo la certeza de su final, fue abrazando los árboles del huerto. 

Aprendió el sentido de la vida de los relatos de su abuelo debajo de la higuera, en las noches de verano, cuando volvía a la aldea en vacaciones. 

De su vida de Lisboa, como alumno de enseñanza secundaria, destaca el recuerdo de los cines con películas de terror que poblaban su imaginación con las pesadillas a las que tenía que hacer frente en las noches de insomnio. 

Su conciencia política la fue adquiriendo en la lectura de los periódicos de la época, y con la escucha de la radio, pues fue testigo muy joven de la ascensión de fascismo en Europa y en su propio país. El recuerdo de algunas de imágenes de prensa de estos eventos nunca abandonó su memoria. 

En definitiva, leyendo estos vívidos recuerdos, cada lector o lectora podrá revivir su propia infancia y darle nueva vida al niño interior que fuimos y que siempre llevaremos dentro. 





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