Tue 16-11-2021 09:57 AM
Reinvención del bovarismo

José Saramago, La viuda. Ed. Alfaguara, 2021
Esta es la opera prima de José Saramago, traducida ahora, con motivo del centenario de su nacimiento. Aparece editada con su verdadero título La viuda, y no con el que le puso su editor en 1947, Terra do pecado, sin duda para darle más atractivo comercial.
Es un relato clásico, contado por un narrador omnisciente, que crea un mundo posible realista afincado en el campo portugués, en torno a una familia de hacendados, cuyo heredero muere tempranamente dejando a su viuda desconsolada y teniendo que afrontar la administración de sus tierras y asumir la función social que desempeñaba su marido.
El personaje de María Leonor focaliza toda la atención narrativa, en los distintos momentos de sus difíciles circunstancias: sobreponerse a la muerte de su marido, salir de una profunda depresión, afrontar el papel del patrón, tutelar la educación de sus dos hijos y tener que disimular sus pasiones amorosas ante unos criados vigilantes de la moral y de la memoria del difunto.
La obra recrea de forma ágil y amena todo un mundo laboral, social y familiar, en un momento en el que no había aflorado aún la revolución industrial y los campesinos vivían conformes con su vida, sin aparente conflicto. Este aparece sobre todo en la figura de la mujer y en la de sus pretendientes, que pasan fugaces y desaparecen pronto.
Saramago profundiza mucho en la psicología de esta mujer, que a pesar de ser viuda no se puede confiar a las inclinaciones del bovarismo, en un entorno regido por la Iglesia y las costumbres represivas, donde únicamente desentona el médico ateo, que es tolerado en su medio gracias a su empoderamiento en la ciencia médica y que a pesar de todo trata de convivir en armonía con el cura.
Es la obra de un Saramago muy joven, escritor autodidacta, que ha aprendido el pensamiento y la literatura en las bibliotecas de su entorno, siendo él solamente un modesto oficinista, pero en el que se perfila claramente su voluntad de asumir e interpretar el mundo en que vive a través de la literatura que ha interiorizado leyendo todo lo que caía en sus manos.
Sin embargo, la obra tiene ese atractivo de las obras clásicas que construyen su ambiente y personajes con magníficas descripciones del paisaje, de la naturaleza y del carácter de los personajes. Hay un latido de pensamiento que trata de comprender la situación del ser humano, hombre o mujer, en un entorno en el que no obtiene las respuestas que necesita, pero en el que hay algo de intuición de unicidad y totalidad que no sabe definir completamente.
La obra no resuelve ningún enigma, pero sí reconstruye un mundo posible realista y tradicional, del que de alguna manera hemos partido todos en nuestro anclaje histórico y cultural más reciente. Recorriendo sus páginas, obtenemos el mismo regusto y placer que al leer a Balzac, Flaubert, Galdós o Clarín.
Ahí está ya el escritor que ha llegado a ser Saramago, esperando descubrir sus auténticas inquietudes literarias, de las que tanto hemos podido aprender, como intérprete de la condición humana mediada por una sociedad en conflicto y en la ausencia de un conocimiento que aspira encontrar, ahondando en los problemas de la condición humana mediada por su entorno social.
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