Thu 24-12-2020 12:35 PM
El tejido del Uno

Javier García Campayo, Vacuidad y no dualidad. Meditaciones para deconstruir el “yo”. Ed. Kairós, Barcelona, 2020
Este es un amplio, exhaustivo y sintético manual sobre las practicas meditativas para deconstruir el yo, en el que el Javier García Campayo ha tomado referencias de las principales tradiciones espirituales y de la investigación en neurociencia de la meditación. Contiene además numerosos ejercicios para poner en práctica cada una de las propuestas.
Como en otras obras suyas, su aportación se caracteriza por la abundancia de fuentes consultadas y la enorme capacidad de síntesis para divulgar de forma clara y accesible aspectos de la mente que no resulta fácil apreciar desde la perspectiva de una mentalidad occidental.
La síntesis más lograda y genérica se encuentra al final, cuando establece cinco niveles o pantallas en el juego del pensamiento, desde la más común y cotidiana, caracterizada por el continuo diálogo interno, la ausencia de silencio mental, la identificación con las emociones, los apegos del yo autobiográfico, los deseos, y la diferencia absoluta entre sujeto y objeto.
En los niveles siguientes, el diálogo interno, que es el que construye el yo, va disminuyendo, los espacios de la mente sin pensamiento se van ampliando, la fusión de las emociones con los pensamientos disminuye y se va socavando la diferencia entre yo y no-yo.
Llega un momento en que no existe diálogo interno, por tanto, el yo existencial queda relevado por el yo experiencial, no hay yo que genere deseos, la conexión con los demás seres humanos y con el universo es muy intensa, hasta el punto de que se percibe que no hay separación ente nosotros y el Todo.
La obra va describiendo todos los procesos, medios y caminos que se han elaborado para alcanzar esta unicidad, que sin embargo constituye la base y el origen de nuestra auténtica realidad, pero que está opacada por agregados y concepciones de todo tipo, pero que al final florece porque la UNIDAD nunca ha faltado, siempre ha estado ahí.
En la medida en la que nuestra mente se sitúa en la vacuidad y en la no dualidad, el yo egoico se ubica en su espacio relativo, al servicio de la consciencia y de la experiencia, hasta el punto de que ya no nos percibimos como individuo, sino como Unidad, como Totalidad, la individualidad se acaba diluyendo hasta desaparecer.
Habremos trascendido la dualidad y nos habremos situado en la vacuidad, en la nada, el potencial de todo lo manifestado, de donde procedemos y a donde acabaremos volviendo, de una forma u otra.
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