TEXTOS | Textos sin sujeto

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Sat 16-05-2020 05:12 PM

Textos sin sujeto


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Flaminio
Gualdoni, La nature morte, Skira, 2009

Interesante
y muy bien ilustrado capítulo de la historia de la plástica figurativa es esta
obra que realiza una amplia síntesis del desenvolvimiento del género de la
naturaleza muerta, que desde la antigüedad clásica quiso competir con el
aspecto visual de las cosas mismas.

Fue Caravaggio,
del cual vemos un fragmento de su “Cesto de frutas” en la portada de la obra,
el que contribuyó a darle al bodegón, como se le llama a la naturaleza muerta
en la tradición pictórica hispánica, el mismo valor y dignidad que la que tiene
el retrato o el paisaje.

En el
bodegón, la atención del pintor se enfoca en las cosas mismas, como contagiado
por el famoso lema Husserl, unas veces objetivos decorativos, instrumentos
musicales, objetos de cocina, animales, alimentos, flores frutas, interiores de
casas, etc. 

Cada movimiento pictórico ha explorado esa mirada hacia las cosas
desde presupuestos éticos, estéticos o intenciones diferentes, pero en todo
caso en este género el pintor ha tenido siempre la libertad de componer los
objetos e iluminarlos, aunque en cada época dentro de unas convenciones asumidas
o innovadas.

Con la
aparición de la fotografía, el objeto retratado ha competido con el bodegón en
verosimilitud figurativa, imitando a veces a la pintura o siendo imitada por
ella.

Estos cuadros
de objetos sin sujeto, siendo el sujeto únicamente el que los mira admirado,
complacido o extrañado, gracias a la representación ejercida por el oficio y la
pericia del pintor, nos invitan a considerar la perennidad del objeto mismo en
trance de reclamar sobre sí mismo una esencia intemporal y eterna, a cuya
aspiración le presta la obra de arte un valor añadido del que por sí mismo
careciera, pues de alguna forma el bodegón es la promesa de esa esencia metafísica
de la que carece el objeto y que la mirada del pintor y del que mira el cuadro le otorga y rescata.

En
definitiva, podríamos decir que el bodegón es un intento de pintar el alma del
objeto. A darnos cuenta de ello contribuye, sin duda, esta bella obra de Flaminio
Gualdoni.

 



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