TEXTOS | Un pintor en su mundo

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Fri 08-05-2020 10:01 AM

Un pintor en su mundo


Balthus41RF5KWYO8L._SX329_BO1,204,203,200_.jpg


Alain Vircondelet, Auprès de Balthus, Éditions de Huitième Jour, Paris, 2010

Este bello
librito, magníficamente ilustrado, es el testimonio del encuentro de Alain
Vircondelet, biógrafo de escritores como Camus o Duras y otros muchos más, con
Balthus, en los dos últimos años de su vida, en que pudo conocer al pintor y a
su esposa, la condesa Satsuko, también pintora, en el chalet más bello del mundo, situado en
Rossinière (Suiza).

Relata
Vircondelet la llegada al chalet, su encuentro con sus habitantes, sus
frecuentes estancias en el mismo, para estimular que Balthus escribiera sus
memorias, y las confidencias que este le hacía susurrando. Allí pudo admirar el
ambiente casi místico de la vida de estos dos pintores, sus rutinas, la
atención y dedicación al arte, cada uno por su lado, y sobre todo lo que para
Balthus significaba la pintura.

Balthus fue
un pintor exquisito, que se mantuvo al margen de todas las vanguardias, y
elaboró cuadros de paisajes, siguiendo la inspiración de Poussin, y retratos, muchos de ellos de familiares y de jovencitas en el límite de la pubertad, pero sin
el sentido erótico que se le ha querido otorgar. Vircondelet lo analiza como
una investigación en los momentos de tránsito de una etapa a otra de la vida,
desde la niñez a la adolescencia, con todo lo que para él significaba la
infancia, como el paraíso que nunca abandonó del todo, pues supo preservarlo en
su intimidad para mantenerse siempre abierto con una sensibilidad de
niño.

Es esta una
biografía que hay que saborear con delicadeza, ir sorbiéndola poco a poco, sin
prisas, recreándose en ella y así participar, de alguna manera, del misterio
interior que para Balthus fue siempre el arte y la belleza. Aprendiendo a ver
un Balthus distinto al que los tópicos han consagrado, una persona, al término
de su vida, que puede contemplar toda su obra y su existencia misma como un
camino de autodescubrimiento.

Más que un
esteta exigente y exquisito, Balthus fue un buscador de la luz, más allá de las
apariencias, sabiendo siempre que el mundo en que vivía era un mundo
provisional y transitorio, en el que uno no se puede asentar para siempre.

 

 

 

 



Comentarios: