TEXTOS | La memoria permanente

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Sat 06-07-2019 07:11 PM

La memoria permanente


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José Saramago: Cuadernos de Lanzarote, vol. I y II, Ed. Alfaguara, Madrid 2001. Prólogo de César Antonio Molina

En estas dos voluminosas obras se recogen los cinco Cuadernos de Lanzarote, diarios anuales de los años 1993 a 1997 escritos en el domicilio del escritor en esta isla, a la cual hace frecuentes referencias, y que dan testimonio de la imagen de escritor extranjero en una isla que acaba adoptándolo como hijo y a la que llegó a considerar como "una tierra mía". Un sexto cuaderno ha sido rescato recientemente de las "memorias" de su ordenador y publicado en volumen aparte, como Cuaderno del año del Nobel. 

Todos ellos constituyen la contribución que hace el autor a la literatura íntima del diario personal, que en este caso es también libro de memorias, autobiografía, literatura de viajes, confesión, epístola, ensayo, colección de artículos, e incluso relato novelado de la propia vida, según quiera verse o dependiendo de las páginas por las que abramos estas obras, como reconoce y argumenta muy lúcidamente César Antonio Molina en el prólogo. 

Este carácter plural, de obra abierta, no resta importancia a estos cuadernos, en cambio, le dan un valor añadido y una variedad de géneros que el lector agradece y que hace la lectura más amena e informativa. 

Apuntes vitales a la vera del camino, muestran y descubren un Saramago más íntimo, más polémico, más apasionado y vital, en el que vemos al creador de sus relatos ensayísticos o de los ensayos novelados que constituyen el resto de su obra. 

En todas estos cuadernos se muestra su sensibilidad, de persona íntegra, hecha de una sola pieza, fiel a sí misma siempre y combatiente aguerrido de sus ideas e ideales, sociales y personales, de libertad y solidaridad por encima de todo. 

Su naturaleza de portugués trasterrado queda siempre patente, pues le da el meollo histórico en que ancla su lucha y su compromiso, derivado de sus orígenes familiares y sociales, arraigados en la naturaleza misma, de cuyo sentimiento siempre se dan testimonios y ejemplos, como la experiencia que relata de haber experimentado la belleza absoluta contemplando, por primera vez, el paisaje volcánico de Timanfaya, emoción que sintió también, en otra ocasión, ante la escalinata de la Biblioteca Laurenciana, obra de Miguel Angel, en Florencia. 

Él mismo es el personaje central de estos relatos, y es un personaje que seduce, arrastra a los lectores que se sienten contagiados por sus valores, al tiempo que puede igualmente repeler a otros con diferentes puntos de vista, como siempre le ocurrió en su trayectoria vital. 

La integridad, la coherencia del personaje con su persona, adquiere tintes épicos y líricos, al mismo tiempo, pues siempre destila humanidad y simpatía por la naturaleza personal y social de los seres humanos. 

En estos cuadernos, podemos ver también el tamaño de su compromiso llevado siempre adelante como enseña, del que nunca renuncia o al que nunca abandona. Su obra adquiere tintes "religiosos", a pesar de su ateísmo militante, del cual da testimonio el ex libris de su Biblioteca, pues en ella se religa siempre la identidad de la persona con el ideal de ser humano libre y feliz, no sometido a ninguna extorsión impuesta o solapada. 








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