Wed 08-08-2012 01:26 PM
Relato de humorística anacronía
Raymond Queneau, Flores azules (Paris, 1965), Barcelona, Seix Barral, 2007
Una historia de un humor disparatado, situada en el París del siglo XIII, pero en el que los elementos históricos antiguos, modernos y contemporáneos aparecen continuamente mezclados, con toda normalidad, haciendo gala de un anacronismo lleno de ironía. En ella el duque d´Auge se comporta con toda la arbitrariedad propia de un señor feudal, pero también tiene que soportar los desatinos de eclesiásticos y criados, unos con su fatua erudición otros con su torpeza o malicia. Finalmente, cansado de tanto desconcierto histórico el duque decide cortar las amarras de su barcaza, varada en el río, y abandonar la ciudad con todo su séquito de invitados. Una lluvia constante los envuelve y no saben ya si avanzan o retroceden, pero un día deja de llover y la barcaza se detiene junto a torreón y todos salen de esa pesadilla, como si al fin hubieran podido descender de un arca de Noé, luce de nuevo el sol y el conde espera ver en el campo las flores azules.
La narrativa de Raymond Queneau, buen vanguardista y oulipiano, miembro del colegio de patafísica, no se detiene ante ningún experimento narrativo, siempre que a través de él se pueda poner de manifiesto una nueva forma de contar puesta al servicio del humor y de la crítica mordaz e inteligente. Como un nuevo Rabelais lo importante para Queneau en esta obra es la lucidez y el ingenio verbal.
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