TEXTOS | La escritura del lector

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Mon 06-08-2012 02:15 PM

La escritura del lector

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Ricardo Piglia, El último lector, Barcelona, Anagrama, 2005 

Este es un ensayo sobre la lectura dentro de las obras literarias, en donde se analiza como en muchas creaciones literarias aparece el lector o la lectura como elementos constituyentes de la propia historia. En una de ellas, el Quijote, vemos al personaje central, que ha sido un ávido lector, pero al que nunca sorprendemos leyendo dentro de la novela, como toma en sus manos el Quijote apócrifo de Avellaneda y reconoce que él no ha vivido las historias que ahí se cuentan. De esta forma se constituye en el último lector de las novelas de caballerías, a las que él mismo ha contribuido a alimentar y eliminar.

El lector es el cooperador activo de la novela, ya sea un agente interno o un lector empírico, que tiene que reordenar en su mente la historia que recibe, más o menos desorganizada yencontrar en ella algún sentido. Un lector con el que algunos escritores se muestran muy complacientes y le facilitan casi todo y otros se vuelven extremadamente exigentes y se lo ponen muy difícil. Lector y escritor contribuyen ambos a la ficción y en cierto modo son agentes y entes de ficción ellos mismos, subsumidos, al final por el mundo posible que contribuyen a crear.    

Este ensayo es también un relato de las figuras de tantos lectores intra o extradigéticos y roza en muchos momentos los límites de la creación metaliteraria. Esto la salva de convertirse en una tediosa disertación narratológica y contribuye al deleite de su lectores, que se verán enredados, pigliados, en la contemplación de tantas posibilidades de ejercer la lectura dentro y fuera de la obra literaria. Con ello Ricardo Piglia consigue producir una nueva figura que agranda el cada vez más amplio abanico de la lectura, la del “último lector”, no aquel que se siente cansado y abandona la obra, sino la del que de pronto se encuentra huérfano porque el texto o el género se han acabado y ya no tiene donde alimentar su goce, condenado como al final lo está todo a la extinción de su especie o impelido a renovar la lectura empezando de nuevo, para ver de otra forma lo que podía ser contemplado de maneras alternativas y sugerentes.

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