Thu 24-05-2012 01:19 PM
Recuerdos y metáforas del mar
John Banville, El mar, Barcelona, Anagrama, 2006
Una novela que transcurre en Irlanda, la patria del autor, y en la que todo el relato dimana de una primera persona, Max Morden, el narrador protagonista, un historiador de arte diletante que vive de la fortuna de su mujer y se avergüenza de sus humildes orígenes. Nunca llega a acabar la biografía que está escribiendo sobre el pintor nabi Pierre Bonnard.
Es un relato ulterior que cuenta una historia anterior, la propia vida del protagonista. Por la profesión del narrador y por ser un pintor sin obra están justificadas las frecuentes alusiones a la pintura, sobre todos a pintores como van Gogh, incluso a un pintor que el narrador inventa, el holandés del siglo XVII Jean Vaublin, en el que se ha visto un heterónimo de John Banville.
La novela tiene muchos elementos descriptivos y poéticos, para evocar su infancia o la enfermedad que acabó con la vida de su mujer. Relata los hechos fragmentariamente, con muchas elipsis narrativas, destacando algunos elementos solamente, a partir de los cuales el lector podrá reconstruir un mundo posible realista y cercano a sus circunstancias históricas.
Esta forma de insinuar, en lugar de relatar, de manera continua y deliberada, es uno de los mayores aciertos de su estilo literario. Por otra parte, se sobreentiende un misterio inexpresable e inenarrable que podría dar sentido a unos hechos que parecen carecer de él.
La novela está dividida en dos partes, y en cada una hay fragmentos separados entre sí por varios espacios interlineales, que marcan distintos momentos evocados. El elemento narrativo que delimita ambas partes es su relación con Chloe, que pasa de ser una amiga de juegos, en la primera parte, a ser el motivo de su atracción amorosa.
Toda la historia está contada desde el momento en que el narrador ha perdido a su mujer, Anna, víctima de una grave enfermedad. Ahora vive con su única hija, Claire, pero decide vender su casa y alojarse en una de huéspedes, que había sido la mansión de los Grace, donde reside como inquilino un misterioso coronel retirado. La casa está situada en los Cedros, cerca de la costa, en una zona cercana a donde había transcurrido su infancia, con unos padres bastantes distantes y poco comprensivos.
El interés de su infancia gravita en el conocimiento de esta familia, los Grace, con la que trabó amistad, pertenecían a una clase social superior a la suya, pero él se integró en ella como amigo de los hijos gemelos, Chloe y Myles. Este era un muchacho incomprensiblemente mudo, pues oía perfectamente. Su hermana Chloe, caprichosa y consentida, estaba siempre jugando y peleándose con su hermano gemelo. Él se siente atraído por la madre, Connie, y acaba enamorándose de la hija. Más tarde descubre que el padre tiene como amante a la profesora de sus hijos, Rose.
De las tres etapas de su vida, la infancia y adolescencia, la vida de casado con Anna, hasta que esta muere, y su vida de viudo, la más ampliamente representada es la primera, aunque el relato va alternando, fragmentariamente, pasajes de los tres momentos de su existencia, sin continuidad cronológica, por medio de una serie de analépsis y prolepsis intermitentes.
De su vida con Anne refiere sobre todo como la conoció, como era su familia, como hija de un industrial inglés del que heredó su fortuna, y los momentos a partir de los cuales aparece la enfermedad que iba a acabar con su vida.
De esta forma el lector va descubriendo la personalidad del protagonista, sus circunstancias vitales, sus gustos y aficiones, sus sensaciones y pensamientos, ya que toda la historia está focalizada en sí mismo y todo el relato adopta una única perspectiva, la del narrador autodigético.
La obra contiene muchos momentos descriptivos, intercalados con la narración, descripciones poéticas muy bien escritas y que constituyen uno de los grandes méritos de la novela, elaborada por un gran estilista del lenguaje. Estas descripciones son recuerdos reconstruidos a través de sensaciones visuales, llenas de matices de luz y color, como si fueran cuadros, y también de sensaciones táctiles y sobre todo olfativas.
Desde la óptica de este personaje central se van configurando lentamente la personalidad de los demás, que nunca aparecen descritos directamente y de una pieza, sino que de ellos se van dando datos centrados en situaciones y escenas concretas, siguiendo una técnica cinematográfica.
Así el lector va conociendo y reconociendo a los personajes principales y secundarios, conforme lee la novela, pero nunca tiene todas las claves de los mismos, pues la revelación es lenta, vacilante y morosa, y en ella reside la principal novedad e interés de la lectura, ya que el argumento mismo es escaso y casi se conoce desde el principio.
El título de la obra está doblemente justificado, gran parte de la acción transcurre en una zona costera de Irlanda, pero también el mar es la metáfora del final de la vida, como desembocadura de los ríos de la existencia, y a él conducen la vida de Anna, de su padre, de los padres del propio protagonista, y en definitiva todos se ven abocados a este encuentro final con el mar, para unos de manera metafórica, para Chloe y Myles de forma real, ya que murieron ahogados, intentando salvar a su institutriz, Rose, a la que maltrataban desmesuradamente.
Es una novela impregnada completamente de la luz, los colores, los paisajes y la sociedad de Irlanda, escrita con una sensibilidad irlandesa, en la que las relaciones entre los vivos y los antepasados siguen contando, envueltos todos en sus nieblas y nostalgias.
Algunos personajes, como Chloe, quedan caracterizados como figuras de los cuadros de Bonnard, que el narrador va citando, como si la atmósfera de los pintores nabis marcara todo el clima estético de la novela.
Un artículo de Muñoz Molina, ”Ausencias de Bonnard” (El País, 7-2-2007) recrea uno de los cuadros citados en la novela ”Mesa delante de la ventana”. La novela relata algunos episodios de la vida de Pierre Bonnard, sobre todo los años pasados con Marthe, y sus pinturas de desnudos en la bañera, que pone en paralelo con los dilatados baños que su mujer se daba en el último año de su vida. De hecho muchas descripciones adoptan formato de cuadros y sus recuerdos son verdaderos “cuadros vivos”, en algunas de las descripciones hace analogías con pinturas de Picasso, Vermeer y Duccio, en su memoria opera como si estuviera pintado un cuadro al que da forma y color.
De Chloe tiene recuerdos nítidos y a la vez borrosos, recuerda muy bien sus olores corporales, pues el narrador tiene una poderosa memoria olfativa, con connotaciones sexuales, pero al mismo tiempo no sabe encajar en una misma imagen todos los aspectos que revive de ella, pues los personajes son algo evanescentes e inabarcables. Esta borrosidad, concomitante con la nebulosidad irlandesa, es uno de los mayores atractivos de la poética de este relato, y se hace inolvidable para los lectores.
Al final de la novela confiesa que en realidad no conocía a Anna, porque tampoco se conocía a sí mismo, y que ambos habían hecho un pacto tácito de no intentar averiguar cómo era el otro, en nombre de un sé tu mismo, que les daba libertad para no ser lo que los demás les obligaban a ser. Considera que si no fueron felices juntos al menos no fueron infelices.
Las últimas páginas son las de mayor intensidad dramática, entonces reconocemos a la señorita Vavasour, la que regenta la casa donde se hospeda, como Rose, y nos enteramos del final de la familia Grace, una vez que se hubieron ahogado sus hijos gemelos. El padre muere súbitamente y la madre poco después de un accidente de tráfico. Solo quedó Rose en la mansión, que convierte en una casa de huéspedes donde ahora se aloja Max, y está casi a punto de morir de una borrachera junto al mar. En estas circunstancias su hija lo saca de la casa y se lo lleva con ella. La señorita Vavasour le confiesa que nunca tuvo ninguna relación con el padre de los Grace, pero él sabe que no era cierto, pues un día la vio llorar y confesar a la esposa de Carlo Grace sus relaciones, mientras que estaba subido a un árbol en el jardín de la casa de los Cedros, escuchando el llanto de Rose. El último secreto, el de su propio final, queda abierto e indescifrado.
Comentarios: