Tue 10-04-2012 01:33 PM
Relato epistolar
Esta obra plantea una forma original de concebir el libro de memorias, como una carta dirigida a los familiares, padres o amantes. La carta ha demostrado ser un buen formato para contar historias, por la visibilidad del narrador que a veces es tambien el protagonista, que dialoga con un destinatario en segunda persona. Sería más bien esta una Carta a la madre, megalómana y desmesurada.
No son estas cartas que surjan del momento de los acontecimientos, sino que media en ellas la distancia del tiempo y la experiencia que modifica la percepción de las cosas e incluso diluye o modifica los recuerdos, como decía Borges.
Por ello las supuestas memorias son en realidad una forma de ficcionalizar la propia vida, en cuyo texto la experiencia vivida se transforma en construcción o reconstrucción discursiva. Nada menos privado que esta correspondencia que se da a leer a todos los interesados, desmintiendo el título del libro.
Sorprende la seguridad de las afirmaciones de la autora-narradora, su forma de no dudar sobre lo que recuerda o la valoración de las impresiones que recrea. Todo parte de que el tiempo de la vida y sus peripecias vitales son asumibles, comprensibles, narrables y controlables como un libro de contabilidad. Son confesiones de lo que nunca se ha dicho o no se ha atrevido a decir a nadie.
Asombra, maravilla o asusta esa igualación del libro de la vida y la vida del libro narrado y contado, como si todo pudiera decirse, explicarse, y la única duda que quepa concebir fuera la certeza de que al final, tal vez, todo se integre en la infinita corriente de los relatos que van a parar a la mar de las historias.
Comentarios: