TEXTOS | Memoria en segunda persona

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Fri 23-03-2012 06:48 PM

Memoria en segunda persona

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Paul Auster, Diario de invierno, Barcelona, Anagrama, 2012

Estas son las memorias personales que Paul Auster ha publicado en 2011 y que este año se han traducido al español. El escritor se siente ya poco inclinado a fabular y contar historias, vencido por la negra espalda del tiempo, y por eso ha tomado su propia vida como historia que contar, siempre en segunda persona, usando el poco empleado “tú” narrativo.

Lo hace de un modo fragmetario y episódio, sin continuidad cronológica precisa, y uniendo recuerdos, sueños, fantasías, deseos y miedos de una forma aleatoria. Por su edad, 64 años en el momento de escribr el libro, considera que ha entrado en el invierno de la vida, y así acaba el libro: "Se ha cerrado una puerta. Otra se ha abierto. Has entrado en el invierno de tu vida".

La vida que cuenta es azarosa e inquieta, se mueve continuamente por espacios, trabajos y lugares de residencia. Aquel niño que se levantaba de la cama a los seis años y se asomaba a la ventana para ver caer la nieve pensaba que nunca le sucedería lo que los mayores contaban que le pasaban a las personas, pero luego le fueron sucediendo una a una, como a cualquier otro.

La vida es la dimensión de la escritura, el texto en que se insertan todos los relatos, vividos o soñados, inventados o escritos, y todo ellos se acogen al espacio del tiempo. Esa idea de "tienes diez años..., veinte..., treinta..." va insertando en el texto la trama de la propia identidad. Como decía Hemingway, bajo la pretensión de contarlo todo, siempre se deja sin contar lo má importante, como en un iceberg lo visible es la parte menor de un todo más amplio y complejo. 

En sus memorias Paul Auster aparece como un escritor cuya referencia es la vida misma, más que la literatura, como le ocurre a tantos novelistas norteamericanos. La materia de la escritura tiene como punto de partida lo vivido y experimentado, y como destino el texto y el lenguaje, aparentando una fidelidad a los hechos ejerce una estilística invisible o inexistente, aunque este procedimiento no sea más que una apariencia más de la ficción literaria. Libro de memorias o confesión de lo vivido, en la que podríamos sospechar eso que dice Vila-Matas: “Nada más mentiroso que una autobiografía o un libro de memorias”. No tanto por lo que no dice o se disfraza, sino por lo que no se cuenta o se calla, aunque tal vez este Diario de invierno sea la más verdadera de las mentiras de su género. 

Esta autobiografía no suena al Vivir para contarla de García Márquez, relato de  azares afortunados, o al Pretérito imperfecto de Carlos Castilla del Pino, sino sabe más bien a la verdad desgarrada de L´écriture ou la vie de Jorge Semprún. 

Para un novelista como Paul Auster su propia vida es la mejor novela y para el lector o lectora supone asumir la propia existencia como un relato en curso en cuyo espejo contemplar sus peripecias. 

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