Tue 13-03-2012 03:59 PM
Escrito en el aire
Enrique Vila-Matas, Aire de Dylan, Barcelona, Seix Barral, 2012
Una nueva recreación de los temas y las obsesiones del autor, que ahora toma como punto de partida el personaje evanescente e indefinible de Dylan, y de ahí que la categoría de lo infraleve, lo sutil e indescifrable, que se manifiesta una y otra vez en sus cambiantes giros. Captar el trasfondo de ese escenario que es la supuesta realidad o al menos atisbar alguna de sus claves es la tarea del narrador y de su personaje, Vilnius, que como Hamlet, asiste a la muerte de sus padres de los cuales él mismo es la víctima, ya que de alguna forma la mentalidad del padre pasa al hijo, al que se parece, con un parecido físico a Bob Dylan, y un parecido también mental, y como Hamlet, sintiéndose rodeado de traidores no quiere dejar de ser indefinible y él mismo.
La novela está llena de guiños y citas literarias y cinematográficas, a través de las cuales se cuestionan todas las grandes dudas de la vida y del arte. Sobre todo la duda sobre la identidad y a través de ella la duda sobre cuáles son los ingredientes que pueden hacer de una novela una (gran) obra de arte.
Bajo la metáfora del teatro del mundo se amparan cuatro partes del relato, unas veces será el “teatro de realidad”, otras el “teatro de la ratonera”, evocados a través de las diversas epifanías y estilos del cantante e ídolo musical de Vilnius y al mismo tiempo personaje clave en la vida del padre, cuya personalidad hereda. Todos estos teatros se conjuran en el “teatro de la memoria” o de las memorias del padre difunto, cuya esposa se dispone a publicar, aunque una muerte inesperada y fatídica cambia el rumbo de las cosas, hasta que el hijo aventa sus cenizas en una playa de Francia, lanzándolas al “leve viento de vida y muerte, aire de todas las máscaras, aire de Dylan”. El viento de la nada.
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