Tue 21-06-2011 12:54 PM
El poder del discurso
Luisa Martín Rojo y Rachel Whittaker (eds.), Poder - decir o el poder de los discursos, Madrid, Arrecife, 1998
Esta obra recoge los trabajos del seminario internacional Lenguaje y Poder, organizado por la Universidad Autónoma de Madrid en diciembre de 1996. En él se propició una reflexión sobre diversas corrientes del análisis crítico del discurso.
El Análisis Crítico del Discurso (ACD) es una corriente o una perspectiva diferente de acercarse a la construcción de la teoría y su aplicación en el análisis. Presupone que la teoría ha de involucrar al teórico en el objeto de estudio, propiciando la transformación dinámica de la sociedad. Se distancia de una teoría del discurso meramente formal, para proponer una práctica social, una forma de compromiso social. Ya que el discurso formal, aparentando una neutralidad y una inocencia, supone de hecho también una práctica no colaborativa, y por tanto inmovilista, con respecto a la transformación social, que refuerza y encubre el orden establecido.
En muchas ocasiones, este análisis se ejerce sobre la manera en que los medios de comunicación elaboran y difunden la imagen del extranjero, del emigrante, del otro, de la mujer, de otras lenguas y culturas, desde una perspectiva interesada y excluyente. Los discursos xenófobos, racistas, sexistas y homófobos, son manifestaciones muy útiles para ejercer la práctica del análisis del discurso y de los procedimientos de manipulación, desde el poder, las instituciones, los medios, las conversaciones o la formulación de las noticias.
Este enfoque forma parte de la Lingüística Crítica que se fijó a principios de los años setenta en la sociedad, la cultura, la política y la teoría social de aquella época. Se centraba en sociedades como Gran Bretaña o Austria, consideradas como entidades unitarias. Se presenta la sociedad como monocultural, lo cual distaba de la realidad.
Muchas veces el discurso discriminador se basa en el uso de estereotipos generalizados de forma incorrecta y excluyente. En la dialéctica entre “nosotros” y los “otros”, que favorece la visión propia y denigra la percepción ajena, en algún sentido, se asientan las estrategias de legitimación de la exclusión. Los discursos nacionalistas, de la superioridad cultural o racial, han operado siempre desde estos puntos de partida. Para ello se alientan una serie de narraciones prejuiciosas que extienden y justifican el estereotipo. Así se ha visto como el antisemitismo sigue siendo, después de la segunda guerra mundial, parte de la tradición y de la memoria colectiva en Austria.
El ACD es consciente que el lenguaje y el discurso son medios de poder social, en ellos las palabras son portadores de significados denotativos y connotativos, estos últimos cargados de componentes meliorativos y peyorativos.
También las políticas lingüísticas que favorecen unos idiomas mayoritarios y hegemónicos frente a otros de menor proyección están extendiendo valoraciones positivas y negativas sobre aspectos culturales y sociales. Todos los estados llevan prácticas ideológicas a favor de su lengua y cultura, y en detrimento más o menos directo de otras. No se parte de un multiculturalismo y de un multilingüismo real, sino que se pone como condición la absorción en el idioma como medio de integración en la sociedad. En este sentido, los sistemas educativos tienden a reforzar estas tendencias, en lugar de analizar con objetividad y desde un punto de vista crítico.
Las políticas de aceptación y exclusión, incluso expulsión, de personas de otras países se legitima sobre la base de armonizar las relaciones sociales, pero de hecho son una forma directa de exclusión, que aunque viene reforzada por las leyes solo intentan legitimar la exclusión.
El análisis de argumentaciones parlamentarias sobre las prácticas de expulsión constituyen lugares privilegiados para comprobar el funcionamiento del discurso legitimador y excluyente. Se crea así una jerga autoritaria, autolegitimada, muchas veces moral o racional, presuntamente correcta desde el punto de vista político, que trata de hacer invisible la exclusión o legitimarla.
Las aplicaciones de la pragmática al análisis de estos discurso, con distinciones como por ejemplo significado e intención, los valores performativos de la supuesta transparencia comunicativa, el valor realizativo de las aserciones, o los juicios basados en lo no dicho o presupuesto, pero también implicado, constituyen herramientas muy eficaces en la práctica que desenmascara el ejercicio del poder y de sus intereses en la supuesta veracidad informativa o en la creación de estados de opinión.
Comentarios: