TEXTOS | Prolongación del realismo social

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Thu 16-06-2011 05:55 PM

Prolongación del realismo social

img251 copia.jpg

Juan Marsé, Caligrafía de los sueños, Barcelona, 2011    

El personaje juvenil de esta novela, Ringo, tiene el mismo sueño que acarició Marsé en su infancia “ser pianista y enamorar a las señoras”. Juan Marsé ha conseguido en parte su anhelo, ha llegado a ser escritor, del personaje no sabemos qué sueños llegan a cumplirse, desde luego no el de ser músico.

Podríamos considerar, por tanto, que esta es una novela de experiencia y aprendizaje. La experiencia de la vida en los años cuarenta y el aprendizaje de ser joven en un mundo bastante hostil. 

Tiene algo de fantástico que un movimiento literario de los años cincuenta, ya tan asentado en los manuales de historia literaria, siga produciendo novelas, como si nada hubiese pasado desde entonces, y los años 40 fueran el horizonte narrativo más próximo y rico en referencias.

La prolongación de un clásico, como tal, con todos sus procedimientos narrativos, situaciones, personajes, conflictos, no deja de ser estimulante, como si todavía pudiéramos encontrar cuadros recién pintados, de Picasso o Miró, como si los procedimientos artísticos ya ensayados fueran algo que sobrevive a todas las circunstancias y se instalan en una perennidad confortable.

Eso le ocurre a la última novela de Juan Marsé, Caligrafía de los sueños (2011), donde encontramos una historia del Marsé más Marsé, con sus aventi y sus escapatorias de un mundo asfixiante, basadas en el cine del oeste, los bares y la prostitución. Todo enmarcado en la cercana guerra civil y sus secuelas de persecución política.

Para el lector actual es como viaje en el tiempo, un acceso a una época que parece muy remota, pero que resulta tan próxima y real como el mismo presente.

Como recuerda Vila Matas, se dice que Marsé siempre escribe la misma novela y que es el menos intelectual de nuestros escritores. La música también ensaya muchas veces la repetición de unas mismas notas, y la intelectualidad no es algo que sea apreciado en la experiencia de un aprendiz de joyero que leía muchas novelas y veía muchas películas, como evasión de un mundo opresivo, y que aprendió a escribir en la mili, mandándole cartas a su novia, María, cartas que fueron el germen de su primera novela: Encerrados con un solo juguete.

Además de escribir bien, Marsé tuvo la suerte de conocer a Carlos Barral y a Jaime Gil de Biedma, los cuales le abrieron las puertas de Bocaccio y de los premios literarios. Al fin y al cabo, era el único obrero al que conocían de verdad, en una época en la que todos querían ser amigos de la clase obrera.      

Es una novela contada a través del discurso de un narrador omnisciente, que muchas veces focaliza las acciones desde la perspectiva de Ringo (heterónimo de Mingo o Domingo, su verdadero nombre), en el que hay algo o mucho del propio Marsé juvenil. Y en un escenario realista, pero inventado, la Barcelona de Marsé se amplía cada vez más, construye unas acciones de las que son protagonistas los personajes que van apareciendo. 

Aparecen los padres del huérfano rescatado del taxista viudo por la piadosa madre, que había perdido a su hijo en el parto (elemento totalmente autobiográfico), a la que hace sufrir su marido matarratas de oficio y anarquista, por tanto un atrabiliario anticlerical y antifranquista.

La señora Vicky Mir que escenifica un suicidio imposible exponiendo su cuerpo a los rieles de un tranvía que ya no pasa por su calle. Su amante, el señor Alonso,  desapareció, dejándola colgada en su sueño de su vuelta. Todo ello tiene un núcleo de cita social en el bar bodega Rosales. 

Los personajes van apareciendo en la calle: “Torrente de las Flores. Siempre pensó que una calle con este nombre jamás podría albergar ninguna tragedia”. El mundo posible se construye así desde el principio como una reflexión sobre un pasado lejano, peno vivo, perenne. Y aparecen bajo la óptica de “Un chico tan observador, tan formal y responsable”, irónica frase final de la obra. 

Si observamos su lenguaje y construcción narrativa advertiremos que es una novela muy pensada, muy elaborada, escrita y reescrita a mano, durante más de cuatro años, en donde los hechos y las circunstancias se convierten en discurso no de una manera inmediata, llevados de la mano de los acontecimientos, sino pensando también sobre todo la manera de decir las cosas, que unas veces es poética, siempre breve, a veces elíptica y muy informativa. Debemos tener en cuenta que este muchacho, gran lector, apasionado del cine, músico frustrado, Ringo, es un fabulador y un embustero, que pasa con suma facilidad de la realidad a la fantasía, y que está aprendiendo a ver el mundo a través de la escritura: “ahora empieza a trenzar fabulación y memoria en sus tanteos con la escritura”. Así el narrador escribe, con la caligrafía de Ringo Kid, los sueños en que este habita y las pesadillas que vive. 

La novela tiene su argumento y su trama, y esta contribuye a mantener el interés del lector, que confía en tener ya todas las claves de la obra, pero en cuyo epílogo recibe informaciones insospechadas, a la vez que Ringo. Este cierre le da una dimensión nueva a todo lo leído e invita al lector a no dejarse llevar por las apariencias.

Comentarios: