TEXTOS | Ficcionalidad y virtualidad

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Sat 28-05-2011 07:14 PM

Ficcionalidad y virtualidad

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SCHAEFFER, Jean-Marie ¿Por qué la ficción?, Ed. Lengua de Trapo, 2002

Este ensayo, de un sociólogo que trabaja de forma interdisciplinar en la estética y teoría literaria, plantea de nuevo las relaciones entre realidad y ficción. La ficción fue analizada por Platón como una mímesis, y por ello sospechosa, un fingimiento que Aristóteles justifica en su Poética por un motivo antropológico, la inclinación a imitar y el gusto por hacerlo. Para la estética, esta imitación lleva a una recuperación que pretende abarcar todo un conjunto, añadiéndole una percepción de la belleza. Freud aportó la idea de que la imitación es compensatoria, y da salida al placer prohibido o a lo reprimido.

La cuestión se vuelve a plantear de nuevo en la cibercultura. Los mundos virtuales, con sus personajes e historias, sobre todo en los videojuegos, se proponen como configuraciones que no compiten con la realidad, con la amenaza de suplantarla, como pretenden sus defensores más optimistas o sus detractores más pesimistas.

Schaeffer cree que lo antagónico de lo virtual es lo actual, y no lo real. Los mundos virtuales adolecen de actualidad, lo mismo que los mundos ficcionales carecen de realidad. Ambos son representables, pero no habitables. De ambos se puede obtener fruición, pero no pueden abarcar la carencia intrínseca que los limita. En todo caso, ambos proponen al ser humano maneras de expresar sus anhelos, temores o esperanzas. Son el fruto de la capacidad de fabulación de la mente humana.

Aunque si todo es mental, podríamos decir que el circuito se cierra de nuevo. Y podríamos decir que en el fondo estamos prisioneros por lo que nuestra mente crea o quiera crear. Pero la misma mente que crea, puede liberar al creador de sus pesadillas, tomando consciencia de la ilusión de todo y vaciando sus odres mentales. No obstante, no tenemos que conceder un estatus relativo a cada forma de ilusión, no meterlas todas en el mismo saco. Ese abandono, más que lucidez sería producto de la ceguera del que no quiere discernir entre el ser y el no ser.

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