TEXTOS | Opera postuma

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Fri 11-02-2011 11:54 AM

Opera postuma

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Recopilación antológica de sesenta artículos, la mayoría de ellos publicados en la prensa, y dos poemas últimos, acompañada de prólogos y presentaciones en los que se encarece el estilo, el lenguaje, los temas y la profunda huella dejada por Ramón en familiares y amigos. La obra va acompañada de ilustraciones y fotografías.

Muchos de estos artículos son auténticos relatos breves, llenos de gracia y ejemplaridad. Otras veces son críticas a los hábitos públicos de la colectividad, cuando no auténticos ensayos de gran profundidad, sobre todo los que se refieren al quehacer humano digno y señero o al lenguaje, la palabra, como instrumento mágico que es capaz de darle un sentido al silencio o al perplejidad de la existencia.

Son obras breves que pertenecen a su quehacer literario de los últimos años, en los que su vida ha sido también una lucha contra la enfermedad, sin que esta lucha deje trazos  de amargura o desencanto hacia la existencia, hacia el valor de vivir.

Estos textos son un disfrute para el lector, pues en ellos predomina la lucidez y la ironía, al tiempo que el relato ágil y muchas veces desenfadado articula una idea que se hace así irrefutable. Pero no son pasatiempos banales, en cada anécdota hay una reflexión, un espejo, un motivo para contemplarnos de forma crítica y a la vez indulgente. Ramón G. Rodríguez muestra aquí la maestría que ha alcanzado su prosa, las sutilezas de su mente, la agilidad de su pensamiento, la gracia del dicho y del hecho. Por ello, toda su obra, pero esta singularmente, es un legado inapreciable que nos deja, para que su presencia y su memoria nos acompañe siempre.

Leyendo estos artículos podemos recordar la gracia irónica y afable de gran conversador, lo escuchamos a cada momento al leerlo, y podemos seguir conversando con él levantando la vista del texto.

Todas las cuestiones de la cultura, la estética y la vida son objeto de su atenta y observadora mirada, como si el mundo fuera el mejor espectáculo al que pudiésemos asistir, y nuestra presencia en el mismo la de un testigo privilegiado y un actor que no puede ni debe sustraerse a las circunstancias que le han tocado vivir.

Su compromiso no es a ninguna doctrina o creencia, es un compromiso con su honestidad y su inteligencia, y sobre todo con el respeto a la verdad del vivir y al arrojo de no ser indiferente a nada de lo que nos rodea.     

“Vivir en libertad, hoy y siempre, es ante todo vivir en las condiciones que uno se ha fabricado, en la interiorización personal de los preceptos, de las normas y las tradiciones heredadas. Vivir es una tarea audaz y estética, de maduración de conceptos, y si no se concibe así el individuo puede convertirse, `sin virtud, en el ser más despiadado y salvaje´ como dejó escrito Aristóteles en su Ética a Nicómaco. Se trata de ser felices aceptando el entramado cultural de que dispone el momento...” (pág. 183)  

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