Mon 07-02-2011 05:49 PM
Diario de lector escritor
Hay distintas formas de escribir la lectura, y de contar la vida como si fuera también una obra literaria, la que engarza y da continuidad de sentido a los viajes, a las experiencias, a las amistades, a los cuadros y a los libros vividos.
Se puede hacer de muchas formas, con cierta frivolidad, con snobismo, con candor. Vila-Matas acierta a contarnos su vida de lector-escritor como si fuera el mejor relato de todos los que ha leído, y de hecho el que le da sentido a todos ellos. Lo hace fragmentariamente, con episodios de desigual intensidad, sin buscar epatarnos, sino con una cierta confidencialidad agradecida e ilustrada, brillante y desenfadada.
Lo hace como el que sabiendo mucho ignora lo esencial, el signficado de su propia existencia y el sentido del mundo, y esta ignorancia asumida, pero no resignada, le incita a buscar en los libros la verdad de lo vivido.
Leerlo en francés es un lujo añadido, es leerlo como el escritor francés que en el fondo es, sin saberlo, para después comprobar hasta qué punto ha acertado a traducir su prosa al castellano. Vila-Matas ha sido siempre, y lo sigue siendo, un escritor parisino.
Relata, teoriza, niega y afirma, ilustra opina y ofrece mil y una anécdotas que adquieren muchas de ellas valor de categoría. La amistad y la benevolencia hacia sí mismo y hacia los demás puede más que la ira o el desprecio. Al y al cabo sabe que todos compartimos las certidumbres de las mismas incógnitas no resueltas del todo por nadie. Su obra es el ensayo de su vida. Su lectura un diálogo amable.
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