TEXTOS | Pervivencia de la poesía popular

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Thu 20-01-2011 05:44 PM

Pervivencia de la poesía popular

El trovo en la Subbética copia.jpg

Ramón Gonzalo Rodríguez Gómez et al., El trovo en la Subbética, Sevilla, Consejería de Educación y Ciencia, 1998, 121 págs.

I. Las comarcas situadas en el Sur intrabético,  José Arenas Ropero.

II. El trovo en las subbéticas andaluzas, Miguel Ángel Berlanga Fernández.

III.El aire nuevo del trovero viejo. La inextinguible luz, Ramón G. Rodríguez.

IV. Utilización didáctica del trovo, Ramón G. Rodríguez.  

Este trabajo es una obra de investigación histórica, antropológica y literaria sobre la pervivencia de la literatura oral, popular y tradicional en la Subbética. Se trata del trovo, poesía repentizada de tipo oral, que todavía se cultiva en estas tierras, siguiendo una tradición oral que se remonta a la Edad Media, pero que está a punto de desaparecer, pues no salen nuevas generaciones de troveros y los actuales nacieron todos en la primera mitad del siglo XX.

La obra se interesa por la geografía y la historia de la comarca, bañada por el río Genil que se abre pasa entre las sierras del Sur de la Bética. Se hace un estudio histórico de la poesía popular oral, ligada al canto y a las fiestas populares, de la cual hay testimonios datados por Menéndez Pidal y documentada por algunos viajeros románticos del siglo XIX.

El trovo como práctica festiva, pertenece a la lírica popular de tipo tradicional. Se basa en la repentización cantada o recitada, sobre la base de una estructura métrica, generalmente la quintilla o la décima. En esta zona se practica el trovo en las llamadas “fiestas de poetas”, en las que estas quintillas son cantadas con aires de fandango.

Ramón G. Rodríguez realiza una serie de viajes e investigaciones in situ, entrevistando a los troveros que todavía ejercen su oficio. Viaja acompañado con una pintora, Luz López, que hace retratos de cada uno y a la que elogian con quintillas de reconocimiento o requiebro; estos retratos los podemos contemplar en el libro. Al mismo tiempo caracteriza esta poesía como un arte espontáneo, nacido del momento y que responde a lo más destacado de la ocasión. Indaga en la conciencia de sus autores, que vacilan entre considerarse troveros o poetas. Su arte no tiende al quejío, como el cantaor flamenco, sino que se percibe una visión optimista y humorística de las cosas.

Describe varias fiestas de poetas a las que asiste, suele haber un estrado donde se desarrolla la controversia, entre al menos dos o más troveros. Los temas son variados, pero preside la conciencia moral y el humor. La fiesta comienza con una quintilla de saludo al público, en la que se produce el comienzo de la controversia, con una embestida verbal a algunos de los contrincantes, en la que se pregunta al público o a la comisión quién lo ha invitado siendo tan mal poeta.

Lo que marca la categoría del poeta es, más que las excelencias de la voz, la agudeza verbal y la ironía. Los troveros adoptan una actitud como ausente, buscando en su interior la inspiración del momento.

El auditorio participa, dando gritos de ánimo, aplaudiendo, celebrando las ocurrencias y proponiendo temas. La sesión, una vez que se ha calentado, puede durar hasta altas horas de la madrugada. Los troveros guardan en su memoria oral las composiciones más célebres de pasadas controversias.

Entrevisa a muchos troveros en el ámbito de su localidad: El Capitán, de Los Ventorros de San José, el Chaparrillo de Iznájar, que es consciente de la reivindicación social y colectiva que entraña el trovo, de la importancia de la picaílla, de la falta de preparación escolar (algunos son o han sido analfabetos) y de la conciencia de la pérdida del arte. José López Sorlózano, Valoy, de Fuentes de Cesna, cree que el arte es algo innato, que no se aprende. Algunos han sido emigrantes que han retornado a su tierra después de estar en Barcelona o en el extranjero y no han perdido la consciencia de su arte. José Ruiz Gómez, El Cávila, de Iznájar, solo estuvo un mes en la escuela. Gerardo Pérez Gámez, El Carpintero, de Villanueva de Tapia, recuerda que su bisabuelo fue trovero y dice que él lo lleva en la sangre.

Todos ellos cuentan que la controversia puede llevar a encresparse, y que en una ocasión un trovero mató a su contrincante, que había puesto en entredicho en una quintilla el honor de su mujer. También reconocen que aunque improvisan utilizan versos que son ripios, para pegar una idea con otra, a modo de muletillas o fórmulas orales repetitivas, algo que se ha utilizado siempre en la literatura oral repentizada.

Este material recogido y grabado sobre la marcha le sirve a Ramón G. Rodríguez para organizar una experiencia didáctica para la introducción del conocimiento del trovo en las aulas. Para ello plantea unos objetivos, propone una metodología y unas actividades, entre las cuales está el trabajo de campo y las fichas de encuesta. La obra contiene un taller de creación poética y un anexo con los recursos literarios más habituales en estas composiciones. Es muy útil la nómina de troveros, que permite localizarlos en su pueblo, proporcionando incluso su teléfono para entrar en contacto con ellos.

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