Thu 13-01-2011 12:59 PM
Luces y sombras de un pasado nostálgico
Ramón Gonzalo Rodríguez Gómez, Donde duerme la luz, Granada, Impredisur, 1992, 137 páginas
Es esta una colección de diez relatos donde se evoca parte de la historia reciente de Guadix. A pesar de la proximidad del contexto, la obra trata de despertar en el lector el asombro y la devoción que el autor siente por ese entorno, que transforma en un espacio a la vez mítico y entrañable.
En estos relatos aparecen revividos hombres, niños y mujeres, calles y costumbres, que pertenecen a esta geografía local, y que se invisten de personajes literarios rescatados meticulosa y apasionadamente por el autor.
Lo literario sobrepasa, no obstante, lo meramente documental, gracias a unas historias con argumentos intrigantes, finales inesperados y personajes atractivos. El estilo es brillante, intencionadamente manierista, para hacer resplandecer lo sórdido. Su riqueza estilística convierte lo humilde y cotidiano, en que se revelan los aspectos más profundos de la existencia, en materia artística, mediante un tratamiento épico, sarcástico o cómico.
El autor emplea diversos registros estilísticos, desde el más directo y conversacional hasta el más complejo y experimental. Para ello recurre a la parodia, la manipulación del tiempo, el monólogo, la universalización del personaje anónimo, el contraste, y el uso de figuras retóricas: la metáfora, el símil, el hipérbaton, la prosopopeya, etc.
Las percepciones sensoriales destacan la luz, el sonido, las sensaciones olfativas. Se emplea con frecuencia el cromatismo poético. Mediante el empleo sutil e insistente de este conjunto de recursos, lo humilde se eleva a la categoría de lo épico, así se presta una mirada nueva con que penetrar en lo cotidiano.
La obra destaca el valor de lo colectivo frente a lo individual y el de la vida como fuente de todo arte. Ramón G. Rodríguez es un hombre que ha vivido, y que ha escrito como parte del quehacer de su vida, y no al margen de ella.
La obra está divida en dos partes: “Peregrinando por debajo de las cúpulas” y “Retorciéndose bajo el abrasador toro del sol”, ambas son frases de Dylan Thomas.
“Nadie lo echó en falta cuando comenzó a hacer cada vez menos frecuentes sus asistencias al banco de la plaza y es posible que algún día, alguien al ver un balcón derruido por la humedad o un patio invadido por las hierbas, recordara vagamente a aquel loco paseante de calles solitarias”. (“Vida de poeta”, pág. 122)
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