Sat 27-11-2010 09:58 PM
Paisaje metafísico
Balthus, La Vallée de l`Yonne (1957), Musée Picasso, Antibes
Este paisaje de Balthasar Klossowski de Rola (Balthus) pertenece a su etapa de Chassy, donde se retiró a pintar paisajes, una vez que se había agotado su inspiración parisina. Balthus es un pintor que se busca a sí mismo en cada cuadro, que busca la verdad de la belleza de forma singular en cada una de sus obras. Tiene una concepción casi mística, metafísica, del arte, como descubrimiento de algo que está escondido, pero al mismo tiempo muy cercano.
Sus paisajes nos recuerdan siempre el equilibrio y la armonía de Poussin, su principal maestro, con el que aprendió a pintar copiando sus cuadros en el Louvre. En el silencio y la soledad de Chassy, acompañado por su sobrina Frédérique, aprende a valorar la luz dorada de esta comarca del Yonne. Ante todo se ocupa del estado de la luz, esa grandiosa luminosidad en los vastos paisajes inundados de luz de la mañana o del atardecer, donde encuentra algo suspendido y una inquietante fuerza de calma y paz. Como recuerda en sus Memorias: “En la serenidad de los grandes paisajes chinos también adivinaba el momento del famoso `Crac del que hablaba Rilke”.
Estos paisajes, como el que contemplamos aquí, son perennes, zarandeados por energías vibrantes, por el temblor de la luz, “ese melado brillante que he encontrado tanto en Velázquez como en Rembrandt. Me interesaban mucho el misterio de las nieblas matinales y crepusculares, el mate aterciopelado de los campos, los efectos triangulares de la luz rodeada de setos”.
En este cuadro, el pintor ha aprovechado la textura del soporte, las ondulaciones de la madera para darle rugosidad, trama, vibración, al paisaje, que parece recorrido por un eco desconocido que lo sostiene y le da apariencia de corporeidad.
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