Wed 01-10-2008 10:46 AM
Textos contrafácticos
La última novela de Paul Auster Un hombre en la oscuridad nos plantea una doble historia. La primera está ambientada en la sociedad norteamericana actual, en la que su protagonista revive su propia historia mientras se la cuenta a su nieta inquisitiva. Una historia convencional, llena de fidelidades y traiciones.
Pero al mismo tiempo este personaje, en sus noches de insomnio imagina unos acontecimientos que ocurren también en su país, y que reconstruye la historia reciente de una manera alternativa, fantaseándola de una forma diferente, la propia de un país en guerra civil que se está autodestruyendo.
Esta historia inventada con todo detalle tiene una propiedad que participa de la cosmovisión de Giordano Bruno, centrada en la multiciplicidad de mundos. Lo que inventamos se realiza en un mundo paralelo al nuestro y sigue su propio curso histórico, pues la realidad es siempre el producto del sueño o la invención de otro. Para modificar esa realidad creada, hace falta suplementarla con una trama en la que la intervención de un personaje dentro de ella cambie el curso de los acontecimientos.
Esta forma de insertar un mundo contrafáctico en otro, el primero realista y el segundo más fantasioso, es la metáfora de que en realidad nuestra existencia discurre al menos en dos dimensiones, la de la experiencia cotidiana, y la de nuestros sueños y fantasías. Estas últimas pueden ser tan creativas o funestas como la propia existencia supuestamente real.
En el caso de esta novela, ambas historias vienen a tocarse, porque para terminar con la pesadilla inventada hace falta eliminar a su creador, que espera paciente y temeroso, como en el relato de Cortázar, Continuidad de los parques, a que aparezca ante él el personaje que viene a eliminarlo, una creación materializada por su fantasía. Y es que nada es más real que aquello que creamos con nuestro pensamiento.
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