Mon 04-06-2007 05:59 PM
Deixis en fantasma
Este cuadro de Antonio López "La alacena" (1963) es una buena muestra del realismo de la escuela de Madrid. Impresiona en este retrato-bodegón la minuciosidad con que son descritos los objetos cotidianos, al mismo tiempo que la forma en que aparecen poetizados gracias a la pátina y al esfumato que envuelve sus perfiles en una atmósfera muy hogareña.
Cada objeto está cuidadosamente colocado en su estante, mientras que una iluminación lateral, desde dos focos, uno interior y otro exterior, resalta sus volúmenes. Parece como si cada objeto tuviera una personalidad y una vida propia, remansada por su uso cotidiano.
Pero sobre todo llama la atención la mirada profunda y ensimismada de ese busto de mujer que aparece coronando la repisa. Su vestido hace juego con los encajes. Su peinado, pulcro y tenso, da relieve a la cabeza.
Lo más llamativo de la figura humana es su evanescencia. No es una escultura, ni tampoco una imagen reflejada, es una presencia fantasmal, la de la mujer que ha cuidado con esmero y utilizado los utensilios de esa alacena que lleva su impronta, y que ahora contempla desde el más allá.
Esa presencia evoca, como la deixis en fantasma, una vida cotidiana, una devoción, una intimidad, un sentimiento onírico trenzado con la vida vigil y cotidiana.
Solo la estética de una pintura nunca acabada, devotamente recreada como un proyecto siempre en ciernes, permite que el cuadro nos sugiera lo que quiere decir, y que seamos nosotros los que completemos este proyecto de mirada que recorre el mundo cotidiano.
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